Qué es el CMYK
El CMYK es el modelo con el que se describe el color en la impresión, y son cuatro tintas: cian, magenta, amarillo y negro. La máquina no lleva un bote por cada tono del diseño; imprime puntos diminutos de esas cuatro y deja que el ojo los mezcle a distancia de lectura. De ahí que al proceso se le llame cuatricromía.
Funciona al revés que una pantalla. Un monitor emite luz y suma: rojo, verde y azul al máximo dan blanco. El papel no emite nada, sólo refleja la luz que le llega, y cada capa de tinta le resta una parte; el blanco de un libro es sencillamente el papel sin imprimir. Por eso los dos modelos no abarcan los mismos colores, y la diferencia se ve justo donde más duele: un azul eléctrico, un naranja de neón o un verde muy saturado no tienen equivalente en tinta y salen apagados. Conviene mirar la conversión antes de aprobar el archivo y no descubrirla en el ejemplar impreso.
Un detalle que ahorra un disgusto: el texto negro se compone con la tinta negra sola, no con las cuatro. Un negro fabricado sumando cian, magenta y amarillo obliga a que las cuatro planchas casen con precisión, y en cuerpo pequeño basta una desviación mínima para que las letras salgan con los bordes de colores.
Sinónimos y término en inglés
CMYK, cuatricromía y color de proceso nombran lo mismo, y en el taller se oye además «los cuatro colores». Las siglas son inglesas —cyan, magenta, yellow, key—, y la K es la del negro, no la inicial de black. En inglés el procedimiento es four-colour process, o full colour en el lenguaje comercial de las imprentas.
Dónde aparece
CMYK le sale al autor en el encargo de la portada, porque el mismo diseño se entrega dos veces: un archivo en RGB para la ficha del ebook y un PDF en CMYK para el papel. Y le sale otra vez al exportar el interior maquetado, donde va de la mano de la resolución, que son 300 puntos por pulgada al tamaño final.
Y aparece en la factura. En impresión bajo demanda la página en color cuesta bastante más que la página en tinta negra, así que un libro de texto corrido se imprime en blanco y negro y sólo la cubierta va a cuatro tintas. Un libro ilustrado es otra conversación: ahí el color es el producto, y conviene pedir una prueba impresa antes de dar el archivo por bueno.