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Cómo diseñar la portada de un libro

Se decide en una miniatura, no en un A4.

En España, en 2026, diseñar la portada de un libro es resolver tres piezas —cubierta, lomo y contracubierta— que tienen que funcionar en dos tamaños a la vez: la miniatura de una tienda digital y el ejemplar impreso en la mano. Un diseño profesional cuesta entre 200 y 800 euros. Lo que decide si sirve no es la ilustración, sino que el título se lea reducido a 150 píxeles de ancho.

Por , edición · Publicado · Actualizado · Ámbito: España

Qué es la portada de un libro y qué no es

La portada es el envoltorio del libro y el único elemento de marketing que verá la mayoría de la gente, casi siempre en miniatura y en una pantalla; por dónde se empieza a darlo a conocer está en por dónde empiezo a promocionar mi libro. No es la ilustración: es el conjunto formado por la imagen, la tipografía del título, el nombre del autor y el espacio que los separa, resuelto para un tamaño concreto.

Conviene aclarar un término del oficio, porque aquí se usa en el sentido corriente y no en el técnico. En artes gráficas, cubierta es la cara exterior del libro y portada es la página interior donde figuran el título y el sello. Para cualquier autor, «portada» es la cara de fuera, y así se usa aquí; cuando haga falta precisar, se dice «cubierta» y «contracubierta».

Tampoco es un archivo, sino tres piezas y dos entregas. Las piezas son la cubierta —la cara frontal—, el lomo —el canto, cuyo ancho depende del número de páginas y del papel— y la contracubierta —la trasera, con la sinopsis, la reseña si la hay y el código de barras—. Las entregas son dos: una imagen para el ebook, que sólo contiene la cara frontal, y un PDF único para el papel, que contiene las tres piezas seguidas.

Lo que la portada no es: un resumen del argumento. Su trabajo no es contar el libro, sino situarlo en un género de un vistazo y dar una razón para detenerse.

La miniatura manda, y es más pequeña de lo que parece

Una portada se decide en miniatura, que es como aparece en la parrilla de resultados de una tienda digital y en la pantalla de un móvil. El diseño se juzga en ese tamaño, no en la pantalla del ordenador donde se hizo ni en el A4 donde se imprimió para verlo.

La prueba es barata y hay que hacerla siempre: reduce la imagen a 150 píxeles de ancho y mírala. Si el título no se lee, no sirve, por buena que sea la ilustración. Es el mismo criterio que aplicamos en autopublicar un libro, y no cuesta nada aplicarlo antes de pagar la factura.

De ahí salen tres consecuencias prácticas que un diseñador con oficio en libros ya conoce y uno de fuera del sector no siempre:

  • Título corto, tipografía grande. Un título de siete palabras en cuerpo pequeño desaparece. Si es largo, se jerarquiza: una parte grande y el resto subordinado.
  • Contraste alto entre texto y fondo. Un título gris claro sobre una foto con detalle se disuelve al reducir. En miniatura sólo sobreviven las masas de color, no los matices.
  • Un solo foco. Tres elementos compitiendo se convierten en ruido en miniatura. De una miniatura se recuerda una forma y un color.

Y una comprobación que no cuesta nada: mira la portada en blanco y negro y con los ojos entrecerrados. Si el título sigue separándose de la imagen, el contraste aguanta.

La portada dice el género antes de que nadie la lea

Una portada comunica primero a qué se parece el libro, y sólo después qué dice. El lector de un género reconoce sus códigos —tipografías, paletas, encuadres— sin saber nombrarlos, y le basta ese reconocimiento para decidir si el libro es para él.

Esto tiene una consecuencia que incomoda a muchos autores: parecerse a los demás libros de tu categoría no es falta de originalidad, es la condición para que te encuentre quien te busca. Una novela negra con portada de libro de autoayuda no se lee como original, se lee como equivocada, y quien busca novela negra pasa de largo.

El método para acertar no es inspirarse, es mirar. Abre la categoría exacta en la que va a estar tu libro, en la tienda donde vas a venderlo, coge las treinta primeras portadas y anota qué comparten: si dominan las fotografías o las ilustraciones, si el título va arriba o abajo, si la tipografía es de palo seco o con remates, qué dos o tres colores se repiten. Ese es el marco, y la originalidad se juega dentro de él.

Dos avisos sobre esa investigación. Mira las novedades de los dos últimos años y no los clásicos de la categoría, porque los códigos cambian y un libro de 2005 no dice cómo se presenta hoy. Y no copies una portada concreta: el objetivo es hablar el idioma del género, no reproducir el trabajo de otro diseñador, que además tiene sus propios derechos.

Las medidas técnicas del ebook

La portada de un ebook es una sola imagen de la cara frontal, y cada plataforma publica qué acepta. Amazon KDP pide una imagen JPEG o TIFF, en RGB, de 2.560 píxeles de alto por 1.600 de ancho como medida recomendada, con un mínimo de 1.000 × 625 y una proporción de al menos 1,6:1, y el archivo no puede pasar de 50 MB. Son las medidas que conviene tomar como referencia al encargar el diseño, porque cumplirlas no estorba en ningún otro sitio.

Esa proporción de 1,6:1 —alto entre ancho— es lo que da a la portada de ebook su formato característico, más alargado que un libro de papel. Diseñar en otro formato y recortar después es la vía rápida a un título cortado.

El perfil de color importa más de lo que parece. RGB es el espacio de las pantallas y CMYK el de la imprenta, y una imagen en CMYK subida como portada de ebook se ve apagada respecto a como se diseñó. La misma portada se exporta dos veces.

Un detalle menor que resuelve un problema visible: si el fondo de la portada es blanco o muy claro, se difumina contra el fondo blanco de la tienda y el libro parece flotar sin bordes. KDP sugiere añadir para eso un borde fino de tres o cuatro píxeles en gris medio. Es un apaño; la solución de fondo es no diseñar portadas con los cuatro bordes blancos.

Las medidas técnicas del papel

La cubierta impresa es un único PDF que contiene contracubierta, lomo y cubierta seguidos, en ese orden. No son tres archivos ni tres páginas: es una pieza continua que la imprenta dobla por el lomo.

Tres números gobiernan ese archivo, y los tres dependen del libro concreto:

  • El sangrado. Se añaden 3,2 mm en el borde superior, el inferior y el exterior, porque la guillotina corta con tolerancia y el fondo tiene que llegar más allá del corte. Nada importante debe quedar cerca de esa línea.
  • El ancho del lomo. Sale del número de páginas por el grosor de la hoja, y ese grosor cambia con el papel: en KDP, el blanco en blanco y negro son 0,0572 mm por página y el crema 0,0635 mm. Un libro de 250 páginas en crema tiene un lomo de unos 16 mm. Por eso la portada se encarga con el interior ya maquetado y no antes.
  • La resolución. 300 puntos por pulgada al tamaño final. Una imagen que se ve bien en pantalla puede estar a 72 ppp y salir pixelada impresa, y ampliarla después no añade información.

El lomo tiene además un límite que sorprende: un libro necesita al menos 79 páginas para que KDP acepte texto en el lomo, y por debajo de eso rechaza la cubierta que lo lleve. Cuando sí cabe, hay que dejar al menos 1,6 mm entre el texto y el borde, porque el plegado no es exacto y un título pegado al canto termina montándose sobre la cubierta.

La contracubierta no es espacio sobrante. Lleva la sinopsis —cinco o seis líneas, no el argumento entero, y cómo se escriben está en cómo se escribe una sinopsis—, la reseña si la hay, el sello o el logotipo, y abajo el código de barras con el ISBN. Si publicas por impresión bajo demanda en KDP y no lo incluyes, la plataforma lo añade, y rechaza la cubierta que tenga texto o imágenes en ese hueco, así que hay que dejarlo libre. Pieza por pieza, y con las medidas del hueco del código, en qué se pone en la contraportada.

Quién la hace y cuánto cuesta

Una portada profesional cuesta entre 200 y 800 euros para una novela de extensión normal, que es la horquilla que usamos en todo el sitio. La franja baja es un diseño tipográfico bien resuelto sobre una imagen de banco; la alta, un diseño a medida con varias propuestas y las dos entregas, digital e impresa; qué tiene que traer cada una, en qué incluye una portada profesional. No es una tarifa oficial, sino la horquilla de mercado en español, y lo que la mueve hacia arriba es el número de rondas de cambios y las versiones extra. Dentro del presupuesto entero de una novela, de 900 a 2.400 €, es una de las cuatro partidas que tiene que separar un presupuesto para publicar un libro. El desglose de esa cifra —qué entra, qué se factura aparte y qué pesa dentro del presupuesto del libro— está en cuánto cuesta el diseño de una portada. La ilustración original es un trabajo aparte del diseño y se paga aparte: con ella se sale por encima de la horquilla.

Todo esto vale para quien publica por su cuenta. Con una editorial tradicional no eliges ni pagas: la encarga el sello y la aprueba su equipo comercial, como se cuenta en quién diseña la portada en una editorial.

Hay tres vías, y se distinguen por lo que puedes exigir:

Vía Coste típico Qué obtienes
Plantilla de la plataforma 0 € Un diseño reconocible como plantilla
Diseñador con portafolio de libros 200 – 800 € Diseño propio y archivos correctos
Ilustrador + diseñador 800 € en adelante Imagen original encargada

La plantilla sale gratis porque subir un libro a KDP no cuesta nada, como detalla cuánto cuesta publicar un libro en Amazon; lo que se paga es su aspecto de plantilla.

El criterio para elegir diseñador es sencillo: pide portafolio y mira si ha hecho libros, no carteles ni logotipos, y si los ha hecho de tu género, porque los códigos no se transfieren. Un buen diseñador gráfico sin oficio de libro entrega una imagen bonita y un lomo mal calculado, y el problema aparece cuando la imprenta rechaza el archivo.

Si contratas la portada dentro de un paquete de servicios editoriales, pregunta qué incluye: cuántas propuestas iniciales, cuántas rondas de correcciones, si entrega también la versión para papel con el lomo calculado y si te cede los archivos editables. Es el mismo tipo de letra pequeña que en coedición y autoedición.

Los derechos de la imagen y del diseño

El diseñador y el ilustrador son autores de lo suyo, así que la portada genera derechos que no son tuyos por el hecho de haberla pagado. Pagar un encargo no transfiere automáticamente la propiedad de la obra encargada: lo que hay que tener por escrito es qué usos te cede y por cuánto tiempo. La ley española es precisa con lo que falta en el papel: si la cesión no dice el tiempo, dura cinco años; si no dice el territorio, se limita al país donde se firmó; y si no concreta los usos, cubre sólo los indispensables para la finalidad del contrato (art. 43 de la Ley de Propiedad Intelectual).

Esto no es un tecnicismo. Si el encargo sólo cubre «la edición en papel», la misma portada en el ebook, en la reimpresión o en un anuncio de Instagram queda fuera. Lo razonable de pedir, y lo que un profesional concede sin problema si se plantea al principio, es una cesión para todas las ediciones y formatos de esa obra y para su promoción, sin límite temporal ni territorial. Lo que suele reservarse el diseñador es mostrarla en su portafolio.

Con las imágenes de banco el asunto cambia de naturaleza. Lo que compras es una licencia de uso, no la imagen, y cada banco fija en ella qué usos cubre y con qué límites, así que se lee antes de comprar si incluye la portada de un libro a la venta. Y una licencia de uso no es una exclusiva: la misma foto puede aparecer en otro libro el mes que viene.

La foto de una persona identificable añade otra capa, porque además de la licencia del fotógrafo hace falta el consentimiento de esa persona para el uso comercial de su imagen. Ese consentimiento se rige por la misma ley que decide si puedes nombrar a personas reales dentro del libro, y quien lo da puede retirarlo en cualquier momento. Encaja todo en lo que ya cuenta derechos de autor: tú tienes los de tu texto, y los de la portada dependen de lo que firmes con quien la haga. Por eso quien recupera un libro que publicó con una editorial no recupera su cubierta: lo que vuelve es el texto, no la edición, como explica ¿puedo republicar un libro descatalogado?.

Lo práctico: el briefing que se envía al diseñador

Un encargo de portada sale bien o mal según la información que se dé al empezar, y casi todos los desastres vienen de un briefing de dos líneas. Esto se copia en un correo y se rellena:

Datos del libro. Título definitivo y subtítulo. Nombre de autor tal como debe aparecer. Género y subgénero exactos. Extensión final en páginas maquetadas y tipo de papel previsto (blanco o crema). Formato de venta: papel, ebook o los dos.

Lector. A quién va dirigido, en una frase. Tres libros con los que competiría en una mesa de novedades.

Contenido. Sinopsis de cinco líneas. Dos o tres escenas del libro que podrían funcionar visualmente, y por qué.

Referencias. Cinco portadas que te gustan, con una línea diciendo qué te gusta de cada una. Y dos que no quieres, con el motivo: las negativas ahorran más rondas que las positivas.

Entregables. JPEG en RGB para el ebook, 2.560 × 1.600 px. PDF en CMYK para el papel, con sangrado de 3,2 mm y lomo calculado para el número de páginas indicado. Versión cuadrada para redes, si se quiere.

Condiciones. Número de propuestas iniciales y de rondas de cambios incluidas. Plazo. Precio cerrado. Cesión de uso para todas las ediciones y formatos de la obra y para su promoción.

Antes de dar la portada por buena, cuatro comprobaciones: reducida a 150 píxeles el título se lee; el nombre del autor está escrito como en la página de créditos y en la ficha de la tienda; el lomo se calculó con el número de páginas final y no con una estimación; y en la contracubierta queda hueco para el código de barras.

Un caso con cifras

Una novela en tapa blanda de 6 × 9 pulgadas —15,24 × 22,86 cm— impresa en KDP. El PDF de la cubierta mide de ancho la contracubierta, el lomo y la cubierta más 3,2 mm de sangrado a cada lado, y de alto la página más el sangrado arriba y abajo: 235 mm siempre. El ancho, en cambio, depende del lomo, que KDP calcula multiplicando las páginas por 0,0572 mm en papel blanco y por 0,0635 mm en crema:

Páginas Lomo en blanco Lomo en crema Ancho del PDF en crema Texto en el lomo
78 4,46 mm 4,95 mm 316,15 mm No
150 8,58 mm 9,53 mm 320,73 mm Sí
250 14,30 mm 15,88 mm 327,08 mm Sí
350 20,02 mm 22,23 mm 333,43 mm Sí

Tres lecturas. El papel mueve el lomo tanto como el margen de seguridad: en 250 páginas, pasar de blanco a crema lo ensancha 1,58 mm, casi los 1,6 mm que KDP pide dejar entre el texto del lomo y su borde, así que una cubierta calculada para un papel no sirve para el otro. Treinta y cuatro páginas más también rompen el archivo: de 250 a 284 páginas en crema el lomo crece 2,16 mm, y ése es el motivo de encargar la portada con el interior ya maquetado. Y por debajo de 79 páginas el lomo va liso: un poemario de 78 páginas no puede llevar el título en el canto, y KDP rechaza la cubierta que lo intente.

Fuera de España

Las medidas de KDP son las mismas publique el libro quien lo publique: el sangrado, el grosor de cada papel y la imagen de 2.560 × 1.600 píxeles valen igual en México, en Colombia o en Argentina. Lo que cambia de un país a otro es de quién son los derechos de la portada cuando el contrato no dice nada.

En México la regla de partida es la contraria que en España. La Ley Federal del Derecho de Autor da la titularidad de los derechos patrimoniales a quien encarga la obra, salvo pacto en contrario, y a quien la hizo por encargo le reconoce el derecho a que se le mencione como autor (art. 83). Pero la misma ley pone dos límites a lo que se firma: toda transmisión de derechos patrimoniales es onerosa y temporal, y tiene que hacerse por escrito o es nula (art. 30); y a falta de plazo pactado se entiende por cinco años, y sólo excepcionalmente puede pasar de quince (art. 33). La cesión «sin límite temporal» que esta guía aconseja pedir en España no se puede firmar allí tal cual.

Para los demás países, el principio práctico es el mismo: por escrito, con los usos, el plazo y el territorio nombrados. Lo que pide cada legislación está en publicar un libro según tu país.

Cuándo encargarla a un profesional

Si el libro va a competir en una tienda con otros de su categoría, la portada es la partida que peor se recorta. Es lo que ve todo el que se cruza con el libro, casi siempre antes de leer una línea de la sinopsis, y una portada de aficionado no resta un poco: descarta.

El caso claro es la ficción de género —novela negra, romántica, fantasía, histórica— en la que el lector elige entre decenas de opciones equivalentes y la portada es todo lo que distingue. También la no ficción que compite por autoridad: un ensayo o un libro profesional con portada improvisada pierde la credibilidad que su contenido quizá merece.

Y hay un caso menos evidente: cuando el libro va a tener continuidad. Una serie, una colección o un autor que planea publicar más necesita una identidad visual que se repita —misma familia tipográfica, misma posición del título, misma lógica de color—, y eso es un trabajo de diseño, no un encargo suelto. Resolverlo en el primer título sale más barato que rehacer tres portadas después.

Una señal de que toca profesional: si al mirar tu categoría en la tienda no sabrías decir qué distingue a las portadas que funcionan de las que no, no es falta de gusto, es falta de oficio. Ese oficio es exactamente lo que se paga.

Cuándo puedes hacerla tú

Puedes resolver la portada sin diseñador cuando el libro no compite por atención: unas memorias familiares, un poemario de tirada corta para regalar, un manual interno, una edición de prueba antes de la definitiva. Ahí la portada tiene que ser digna, no eficaz comercialmente, y eso está al alcance de cualquiera con paciencia.

También es razonable si tienes oficio real de diseño gráfico, con dos avisos: el lomo y el sangrado son donde falla quien viene de otro tipo de diseño, y la distancia entre lo que uno cree de su propio libro y lo que ve un lector es mayor que en cualquier otro trabajo. Enseña la miniatura a cinco personas que no conozcan el libro y pregúntales de qué género les parece que es. Si aciertan, funciona.

Si vas a hacerla tú, tres reglas resuelven la mayor parte del resultado: una sola tipografía bien elegida en dos tamaños, en vez de tres tipografías —la del interior es otra decisión, con otras costumbres, que están en qué tipografía se usa en un libro—; mucho aire alrededor del título, en vez de llenar el rectángulo; y una imagen con una zona lisa donde el texto pueda apoyarse. La contención es lo que separa una portada sencilla de una portada mala.

Lo que no conviene en ningún caso es publicar con la plantilla genérica de la plataforma un libro que sí aspira a venderse. Se reconoce a simple vista como autopublicación descuidada, y contradice el trabajo de corregir el libro y maquetarlo con cuidado. La portada es el quinto paso de cómo publicar un libro, después de maquetar, y el único cuyo resultado se juzga de un vistazo.

Preguntas frecuentes

¿Puedo usar una foto que he encontrado en internet?
No, salvo que tengas licencia para ese uso. Una imagen encontrada en un buscador tiene autor, y usarla en una portada es explotación comercial. Los bancos de imágenes venden licencias que sí lo permiten, pero conviene leer si cubren la portada de un libro a la venta, porque no todas lo hacen. Qué mirar en cada licencia está en puedo usar una imagen de internet en mi portada. Con las fotos del interior vale lo mismo, y hay además un segundo permiso que pedir: puedo publicar un libro con fotos.
¿Vale una portada hecha con inteligencia artificial?
Sirve para generar la imagen, y las tiendas la aceptan, pero hay que declararla y conviene saber antes qué no resuelve, que está en puedo usar IA para la portada: KDP pide informar del contenido generado por IA al publicar o reeditar, y dice expresamente que eso incluye las ilustraciones de portada. Los otros dos problemas son que la titularidad de lo generado no está resuelta igual en todos los países y que una imagen generada rara vez trae resuelta la tipografía, que es donde se juega la legibilidad.
¿Quién decide la portada si publico con una editorial?
La editorial. Es una de las decisiones que el autor suele creer suyas y no lo son: los artículos de la Ley de Propiedad Intelectual que regulan el contrato de edición no mencionan la cubierta, y el sello la encarga y la paga. Si quieres que te consulten, hay que pactarlo por escrito antes de firmar.
¿Necesito una portada distinta para el ebook y para el papel?
Necesitas dos archivos distintos del mismo diseño. El ebook es sólo la cara frontal, en RGB y en píxeles; el papel es un PDF único con contracubierta, lomo y cubierta, en CMYK, con sangrado y con el lomo calculado para ese número de páginas. Un diseñador entrega los dos.
¿Cuándo se encarga la portada dentro del proceso?
Cuando el título es definitivo y el interior está maquetado. El título porque es el elemento principal del diseño, y la maquetación porque de ella sale el número de páginas, y del número de páginas sale el ancho del lomo. Encargarla antes obliga a rehacerla.
¿Sirven las plantillas gratuitas de las plataformas?
Sirven para salir del paso en un libro que no aspira a competir en una tienda: memorias familiares, un poemario de tirada corta, una edición de prueba. Se reconocen a simple vista porque son las mismas para todos, y en una categoría con competencia eso resta antes de que nadie lea la sinopsis.
¿La portada tiene que llevar el código de barras?
Sólo la edición en papel, y va en la contracubierta, abajo. Es el ISBN convertido en código de barras EAN-13, que es el mismo número que el ISBN-13. En KDP, si la cubierta no lo lleva, la plataforma lo añade en la contracubierta, y rechaza la que tenga texto o imágenes en ese hueco, así que hay que dejarlo libre.

Fuentes

  1. KDP: criterios de la imagen de portada de un eBook
  2. KDP: crear una cubierta de tapa blanda
  3. KDP: pautas de contenido y declaración de contenido generado por IA
  4. KDP: códigos de barras
  5. Ley de Propiedad Intelectual (Real Decreto Legislativo 1/1996), art. 43
  6. Ley Federal del Derecho de Autor de México, arts. 30, 33 y 83