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Cómo maquetar un libro

El paso en el que un texto empieza a parecer un libro.

Maquetar un libro es convertir el texto corregido en páginas: elegir formato, tipografía, márgenes e interlineado, y componer el interior hasta el archivo que va a imprenta o a la tienda digital. Va después de corregir y antes de encargar la portada, porque el número de páginas define el lomo. Cuesta entre 200 y 600 euros en el mercado español.

Qué es maquetar un libro y qué no es

Maquetar es componer un texto ya corregido en páginas: decidir el formato del libro, la caja de texto, la tipografía y el interlineado, y montar capítulo a capítulo hasta obtener el archivo que acepta una imprenta o una tienda digital. Es un trabajo técnico con criterio de diseño, y lo que entrega no es un documento en curso, sino un fichero cerrado y listo para fabricar.

No es dar formato en un procesador de textos. Poner los títulos en negrita, centrar los capítulos y elegir una letra bonita produce un documento con aspecto, no un libro: falta todo lo que sólo aparece cuando el texto se parte en páginas enfrentadas y hay que decidir qué se hace con lo que cae mal.

No es corregir. El corrector se ocupa del texto y el maquetador de las páginas. La única zona compartida es la corrección de pruebas, que se hace sobre el libro ya maquetado y devuelve al maquetador una lista de ajustes: líneas sueltas, palabras mal partidas, títulos que caen al pie.

Tampoco es diseñar la portada, que es un encargo distinto y posterior: el ancho del lomo sale del número de páginas, y ese número no existe hasta que el interior está montado. Cómo se encarga la cubierta y con qué medidas está en diseñar la portada de un libro.

Un aviso de vocabulario. «Maquetación», «composición» y «diseño de interiores» se usan en el sector para lo mismo, y aquí se usa maquetación siempre. «Diseño editorial» es más amplio: incluye la colección, la cubierta y los criterios gráficos de un sello entero, así que un presupuesto de «diseño editorial» puede cubrir mucho más —o mucho menos— que maquetar el interior.

Papel y digital son dos maquetaciones distintas

Un libro impreso y un ebook salen del mismo texto y no se maquetan con el mismo trabajo. En papel la página es una superficie fija y todo el oficio consiste en colocar el texto dentro de ella; en digital la página no existe, porque el lector cambia el tamaño de letra y el texto se recompone en su dispositivo.

El formato estándar del libro digital, EPUB, está normalizado por el W3C y contempla los dos comportamientos: por defecto el contenido es reflowable —de texto ajustable, que se adapta a la pantalla— y existe además el diseño fijo, pensado para obras donde la posición de cada elemento forma parte del contenido: cómic, libro ilustrado, libro de texto con cuadros.

Que el texto sea ajustable cambia las reglas de raíz. Un ebook de texto corrido no lleva números de página, ni encabezados, ni pies, porque no hay página que numerar; su índice no es una lista de números sino una tabla navegable que se genera a partir de los estilos de título del documento. La guía de KDP para manuscritos de eBooks lo dice con todas las letras: se marcan los capítulos con el estilo de título, se evitan encabezados y pies, y las sangrías se definen en el estilo —unos 5 mm de primera línea— en lugar de escribirse con tabuladores.

De ahí sale una consecuencia práctica para el presupuesto. Si el libro va a salir en papel y en digital, no se paga una maquetación sino dos entregas, aunque el maquetador parta del mismo original. Conviene pedirlas juntas desde el principio: encargar el papel y volver meses después a por el ebook sale más caro que pedir las dos a la vez.

Las medidas que gobiernan el interior en papel

Cuatro medidas gobiernan un interior impreso, y las cuatro se deciden antes de componer la primera página: el formato de corte, los márgenes exteriores, el margen interior y el sangrado. Cambiarlas después obliga a rehacer el montaje entero, porque cada una desplaza el texto.

El formato de corte es el tamaño del libro terminado. En España los formatos habituales de novela rondan los 13 × 20 y los 14 × 21 centímetros; en las plataformas de impresión bajo demanda el más común es el de 6 × 9 pulgadas, 15,24 × 22,86 cm. No es una elección libre del todo: cada formato tiene un mínimo y un máximo de páginas, y en KDP una tapa blanda va de 24 a 828 páginas según el formato y el papel, mientras la tapa dura se queda entre 75 y 550.

Los márgenes exteriores —superior, inferior y de corte— tienen un mínimo técnico: 6,4 mm si el libro no lleva sangrado y 9,6 mm si lo lleva. Son mínimos de fabricación, no recomendaciones de diseño: por debajo, la guillotina se come el texto.

El margen interior, o medianil, es el que más sorprende, porque no es un número fijo: crece con el grosor del libro, ya que un lomo más gordo se abre peor y esconde más papel en el pliegue.

Páginas Margen interior mínimo
24 – 150 9,6 mm
151 – 300 12,7 mm
301 – 500 15,9 mm
501 – 700 19,1 mm
701 – 828 22,3 mm

El sangrado son 3,2 mm añadidos por borde, y sólo hace falta si algo del interior llega hasta el filo de la página: una foto a página completa, un fondo de color, una franja. Un libro de texto corrido no lo necesita.

La tipografía y la mancha, que es lo que se nota sin saber nombrarlo

La mancha es el rectángulo que ocupa el texto dentro de la página, y de su proporción depende que un interior se lea durante horas sin cansar. Un texto que llega demasiado cerca del corte agobia; uno con márgenes desiguales entre la página par y la impar delata que nadie miró el libro abierto, que es como se lee.

El cuerpo de un libro de texto corrido se mueve entre 10 y 12 puntos, y el interlineado entre el 120 y el 140 % del cuerpo. Son horquillas de oficio, no normas, y dependen de la letra elegida: dos tipografías al mismo cuerpo se ven de tamaños distintos. El mínimo que acepta KDP en un interior impreso son 7 puntos, un suelo pensado para notas y créditos, no para el texto principal.

La familia tipográfica de un libro de narrativa suele llevar serifa, porque el remate guía el ojo en líneas largas y porque es lo que el lector espera de un libro. Las palo seco funcionan en títulos, en libros técnicos y en obra ilustrada. Lo que no funciona en ningún caso es la tipografía por defecto del procesador de textos: no delata mal gusto, delata que no hubo decisión.

La longitud de línea es el parámetro invisible. Entre 60 y 75 caracteres por línea es lo cómodo; por encima, el ojo pierde el renglón al volver, y por eso un libro grande con márgenes estrechos se lee peor que uno pequeño bien compuesto.

El texto de un libro va justificado y con partición de palabras activada. Justificar sin partición es lo que abre esos ríos de espacio blanco que atraviesan el párrafo en diagonal, y es lo que sale por defecto en un procesador de textos con la configuración de fábrica.

Los detalles que delatan un interior casero

Un lector reconoce un libro mal maquetado en dos segundos y casi nunca sabe nombrar qué falla. Lo que ve es una acumulación de descuidos pequeños, cada uno invisible por separado, y todos con nombre propio en el oficio.

Viudas y huérfanas. Una línea suelta de un párrafo que se queda sola al principio o al final de una página. Se arreglan recomponiendo el párrafo o ajustando el espaciado de la página, y son de lo primero que anota una pasada de pruebas.

Los folios donde no tocan. Las páginas en blanco no llevan número, y las de apertura de capítulo, tampoco: llevan la caja, pero no el folio ni el encabezado. Un número de página impreso en una página vacía delata que nadie revisó el archivo ya montado.

Los capítulos que abren por cualquier lado. En un libro compuesto, todos los capítulos empiezan del mismo modo, y lo habitual es que abran siempre en página impar, la de la derecha, aunque eso obligue a dejar una par en blanco. Alternar sin criterio es lo que hace que el libro parezca un documento imprimido.

La ortotipografía que sobrevive al procesador. Comillas rectas en lugar de angulares, guiones en lugar de raya de diálogo, dobles espacios entre frases, tres puntos escritos como tres puntos en vez de puntos suspensivos. Es trabajo de corrección, pero se ve maquetado y el maquetador es el último que puede cazarlo.

Las imágenes a resolución de pantalla. Una imagen que se ve nítida en el monitor puede estar a 72 puntos por pulgada y salir pixelada impresa. El mínimo para impresión son 300 ppp al tamaño final, y ampliar el archivo después no añade información que no esté.

Qué programa se usa y quién lo hace

La maquetación profesional se hace en un programa de composición, no en un procesador de textos, y la herramienta estándar de la composición profesional es Adobe InDesign. Una alternativa habitual es Affinity Publisher, con el mismo tipo de control sobre páginas maestras, estilos y flujo de texto. En libros técnicos y académicos, con mucha fórmula y mucha nota, LaTeX sigue siendo la herramienta de referencia.

Para quien va a hacerlo por su cuenta, las plataformas de impresión bajo demanda publican plantillas del formato exacto, con los márgenes y el medianil ya calculados para el número de páginas. Es el atajo razonable: se trabaja en el procesador de textos de siempre, pero sobre una caja que ya cumple los mínimos de fabricación. Para el ebook, KDP tiene además su propia herramienta, Kindle Create.

Un maquetador profesional cobra entre 200 y 600 euros por el interior de una novela de extensión media, unas 250 páginas, que es la horquilla que usamos en todo el sitio y que aparece junto al resto de partidas en autopublicar un libro. Un libro con tablas, imágenes intercaladas, notas al pie o cuadros se va a la parte alta o la supera, porque el precio lo marca la complejidad y no la extensión.

Un maquetador que pregunta por el formato, el tipo de papel, el canal de venta y si habrá edición digital está haciendo su trabajo; uno que acepta el fichero sin preguntar nada va a devolver el texto dentro de una plantilla genérica.

Qué se le entrega y qué vuelve

Al maquetador se le entrega el texto corregido y cerrado, en un solo fichero de procesador, con los capítulos separados por saltos de página y sin florituras de formato: todo el trabajo tipográfico que hagas antes se pierde al maquetar. Las imágenes van aparte, en su resolución original y nombradas por orden, nunca pegadas dentro del documento, porque un procesador de textos suele recomprimirlas al insertarlas.

Junto al texto van las decisiones que no puede tomar el maquetador solo: formato del libro, canal de venta previsto, si habrá edición en papel y digital, y cualquier criterio de la obra —cómo se tratan las citas, si hay epígrafes, qué lleva la página de créditos—.

De vuelta llegan tres cosas. El PDF del interior con las fuentes incrustadas, al tamaño de corte y con sangrado si el libro lo lleva. El EPUB, si hay edición digital. Y un dato que parece menor y es el que desbloquea el paso siguiente: el número de páginas definitivo, sin el cual no se puede calcular el lomo de la cubierta ni cerrar el coste de impresión que explica la impresión bajo demanda.

Pide también el archivo nativo del programa de composición, con las fuentes utilizadas, y acuérdate de pedirlo antes de encargar, porque no siempre se entrega por defecto. Sin él, una reimpresión con dos erratas corregidas dentro de tres años obliga a volver al mismo profesional o a maquetar el libro otra vez desde cero.

Lo práctico: qué preguntar antes de encargar la maquetación

Las preguntas que siguen se copian tal cual en un correo al maquetador, y las respuestas permiten comparar dos presupuestos que en apariencia dicen lo mismo. Conviene hacerlas por escrito y guardar lo que conteste, porque la tercera y la quinta son las que se discuten cuando ya es tarde.

  1. ¿El precio es por página maquetada o a tanto alzado, y qué incluye si el libro lleva tablas, imágenes o notas al pie?
  2. ¿Entra la edición digital —EPUB— o sólo el interior en papel?
  3. ¿Cuántas rondas de correcciones sobre pruebas están incluidas y qué se cobra a partir de ahí?
  4. ¿Con qué formato de corte y qué plataforma de impresión vas a trabajar, y quién comprueba que el PDF cumple sus requisitos?
  5. ¿Me entregas el archivo nativo y las fuentes al terminar?
  6. ¿Qué plazo, contando desde que el texto está cerrado?

Antes de dar por bueno el trabajo, hay una comprobación que cuesta una tarde y evita el error caro: pedir un ejemplar de prueba impreso y leerlo con el libro abierto encima de la mesa. En pantalla no se ve si el medianil se come el texto en el pliegue, ni si el papel transparenta la página siguiente, ni si el cuerpo elegido es cómodo. Es la única prueba que se hace en el soporte real.

Cuándo encargar la maquetación a un profesional

Encargar la maquetación a un profesional compensa siempre que el libro vaya a venderse en papel. Un interior impreso no tiene arreglo después: el ebook se corrige y se vuelve a subir, pero un pedido bajo demanda con el texto pegado al lomo sale así cada vez que alguien lo compre, y el coste de rehacerlo incluye una portada nueva si cambió el número de páginas.

Compensa también, con más motivo, en cualquier libro que no sea texto corrido. Un ensayo con notas al pie, un libro de cocina, un manual con capturas, un poemario donde la disposición en la página forma parte del poema: en todos ellos la maquetación es contenido, y una plantilla genérica lo destroza.

Compensa cuando el libro se vende como parte de un paquete de servicios, aunque suene contradictorio: si contratas un pack que incluye maquetación, pregunta quién la hace y pide ver un interior suyo ya publicado. «Maquetación incluida» puede significar un trabajo a medida o volcar el texto en una plantilla, y son cosas distintas al mismo precio.

Y compensa cuando el libro es el primero de una serie o de una colección. Lo que se paga la primera vez no es sólo un interior: es un criterio —una tipografía, una caja, una jerarquía de títulos— que los siguientes reutilizan casi gratis. El segundo libro maquetado por la misma persona suele salir más barato que el primero, y los dos parecen del mismo sello.

Cuándo puedes maquetar tú

Puedes maquetar tú mismo si el libro es de texto corrido, sin imágenes ni notas, y vas a publicarlo sobre una plantilla oficial del formato exacto. Una novela sin más complicación que capítulos numerados es el caso favorable, y trabajando con estilos —no a mano— el resultado puede ser digno.

Puedes hacerlo tú, sobre todo, si el libro sale sólo en digital. En un ebook de texto ajustable no hay páginas que cuadrar, y el trabajo se reduce a marcar bien los títulos, generar el índice y comprobar el resultado en un lector real antes de publicar. Cómo se prepara ese archivo y qué mira cada tienda es un asunto propio del libro digital.

Lo que no conviene hacer en ningún caso es maquetar antes de haber cerrado el texto. Es el error de orden más caro que existe, porque cada cambio posterior recoloca todo lo que viene detrás: primero se corrige, luego se maqueta y al final se hace la pasada de pruebas sobre las páginas montadas.

La maquetación es el tercer paso del proceso de cómo publicar un libro, va después de corregir y antes de encargar la portada, y es la partida que decide si el libro parece un libro. Cuesta menos que la corrección y se nota igual de rápido.

Preguntas frecuentes

¿Se puede maquetar un libro en Word?
Se puede, y para un libro de texto corrido el resultado puede ser aceptable si se usa una plantilla del formato exacto y se trabaja con estilos, no a mano. Lo que Word no hace bien es el control fino: la partición de palabras, el ajuste de líneas viudas y huérfanas y el cuadre de páginas enfrentadas.
¿Cuánto se tarda en maquetar un libro?
Una novela de extensión normal ocupa entre unos días y dos semanas de trabajo, más una o dos rondas de correcciones sobre las pruebas. Lo que alarga el plazo casi nunca es la composición: son los cambios de texto que llegan después, y cada uno recoloca las páginas siguientes.
¿Puedo cambiar el texto después de maquetar?
Puedes, pero cuesta dinero y arrastra consecuencias. Añadir un párrafo desplaza todo lo que viene detrás, puede cambiar el número total de páginas y, si cambia, hay que rehacer el lomo de la cubierta. Por eso el texto se cierra antes de empezar.
¿La maquetación se cobra por página o por libro?
Las dos formas existen. Por página maquetada es la más fácil de comparar entre dos presupuestos; a tanto alzado es habitual en libros de texto corrido y extensión previsible. Lo que cambia el precio no es el tamaño, sino la complejidad: tablas, imágenes, notas y cuadros.
¿Hace falta maquetar si sólo publico en digital?
Hace falta, aunque el trabajo es otro. Un ebook de texto ajustable no tiene páginas fijas, así que no se componen: se define una jerarquía de estilos, se marcan capítulos y se genera un índice navegable. Es más rápido que maquetar en papel, pero no es subir el documento tal cual.
¿Es lo mismo maquetación que diseño editorial?
En la práctica se usan como sinónimos para el interior de un libro, junto con «composición» y «diseño de interiores». «Diseño editorial» es el término más amplio: incluye también la colección, la portada y los criterios gráficos de un sello entero.

Fuentes

  1. KDP: configurar el tamaño de impresión, el sangrado y los márgenes
  2. KDP: opciones de impresión y tamaños disponibles
  3. KDP: plantillas para manuscritos de tapa blanda y tapa dura
  4. KDP: guía de formato para manuscritos de eBooks
  5. W3C: EPUB 3.3, especificación

Por Pepe Iglesias, edición