Qué es el colofón
El colofón es la nota breve que cierra un libro y deja constancia de su fabricación: en qué taller se imprimió y en qué fecha se terminó. La fórmula de siempre empieza por ahí —«Este libro se acabó de imprimir en…»— y las ediciones cuidadas añaden lo que un lector no puede deducir del ejemplar que tiene en la mano: la tipografía con la que está compuesto, la clase de papel y, si la edición es limitada, cuántos ejemplares se hicieron.
En los primeros libros impresos el colofón no era un adorno, sino el sitio donde vivían los datos de la edición, porque la portada tal como la conocemos todavía no existía. Cuando esos datos se mudaron al principio del volumen, al colofón le quedó la parte simbólica, y hoy sobrevive sobre todo en la edición de bibliófilo y en los sellos que quieren firmar el objeto además del texto.
Ponerlo es una decisión editorial, no una obligación. Lo que sí tiene sitio fijo es la página de créditos, en el reverso de la portada, que reúne el ISBN y el número de depósito legal: un libro puede prescindir del colofón sin consecuencias; de esa página, no.
Sinónimos y término en inglés
«Colofón» no tiene sinónimo exacto en español, y conviene no tomarlo por el pie de imprenta, que son los datos de publicación —lugar, editor, año— tal como se citan en una ficha bibliográfica. Viene del griego kolophṓn, «cumbre» o «remate», de donde sale el uso corriente fuera del libro: el colofón de una temporada es su broche final.
En inglés es colophon, con una ambigüedad que el español no tiene: nombra esta nota final y, además, el emblema del sello editorial —el pingüino de Penguin, el galgo ruso de Knopf— que va en el lomo y en la portada.
Dónde aparece
Al autor le sale la palabra «colofón» durante la maquetación, cuando hay que decidir qué páginas cierran el libro y qué dicen. Su redacción se acuerda con quien compone el interior, porque va después del texto, de los índices y de las notas; la guía de cómo maquetar un libro explica qué más se decide en ese momento.
Hay un caso en que la fórmula clásica deja de cuadrar: la impresión bajo demanda, donde cada ejemplar se imprime cuando alguien lo compra. Ahí no hay una fecha ni una imprenta únicas que consignar, así que quien autopublica suele omitir el colofón o dejarlo en lo que sí es cierto del libro: la tipografía y el año de la edición.