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Cómo distribuir un libro

Estar disponible no es estar distribuido.

En España, en 2026, distribuir un libro es conseguir que llegue físicamente al punto de venta y que el punto de venta pueda pedirlo sin fricción. Lo hace una distribuidora, que se queda junto con la librería entre el 50 % y el 55 % del precio de venta al público. Quien autopublica casi siempre distribuye por impresión bajo demanda y plataformas, no por camión.

Por , dirección editorial · Publicado · Actualizado · Ámbito: España

Qué es la distribución de un libro y qué no es

La distribución es el trabajo de llevar el libro desde el almacén del editor hasta el punto donde alguien lo compra, y de reponerlo, cobrarlo y recoger lo que no se vendió. Es logística y es comercial a la vez: alguien mueve cajas y alguien enseña el catálogo a los libreros.

Conviene separar tres cosas que en las conversaciones del sector viajan juntas. Distribuir es colocar el libro donde se compra. Comercializar es convencer al librero de que lo pida. Promocionar es convencer al lector de que lo quiera. Una distribuidora hace las dos primeras; la tercera no, aunque alguna la ofrezca como extra.

Y conviene deshacer un equívoco que aparece en casi todos los presupuestos: estar disponible no es estar distribuido. Que tu libro figure en el catálogo de un mayorista significa que una librería que ya conoce el título puede pedirlo y tenerlo en dos días. Eso es disponibilidad bajo pedido, y es el mínimo. Distribución es que el libro llegue a la librería sin que nadie lo haya pedido, porque un comercial lo colocó. Entre una cosa y otra hay un orden de magnitud de diferencia en ventas, y es exactamente lo que hay que preguntar cuando alguien ofrece «distribución nacional» en una coedición, y una de las cosas que separan a una editorial fiable de una que no lo es.

Lo que la distribución no es, en ningún caso: una garantía de ventas. Un libro mal distribuido no puede venderse; uno bien distribuido puede no venderse igual.

La cadena: quién toca el libro y cuánto se lleva

De cada diez euros que paga un lector por un libro, al editor le llegan cuatro y medio o cinco. El resto se reparte entre quien vende el libro y quien lo transporta: es el descuento de librería, un porcentaje del precio de portada y no una comisión sobre el beneficio.

Las cifras habituales del sector en España, sobre precio de venta al público sin impuestos:

Eslabón Se queda Qué aporta
Librería 30 % del PVP El escaparate, la mesa, el consejo, el cobro
Distribuidora 20 – 25 % del PVP Almacén, comerciales, transporte, devoluciones
Editor 45 – 50 % del PVP Todo lo anterior a la caja: derechos, edición, imprenta

Esos porcentajes no son fijos: se mueven según quién asuma el riesgo del ejemplar, y qué los mueve está en qué descuento pide una librería.

De ese 45–50 % que queda del lado del editor salen la impresión, la corrección, la maquetación, la portada, el almacén propio, la estructura y la regalía del autor. Por eso una regalía del 10 % sobre PVP no es una décima parte del beneficio del editor: es una quinta parte larga de lo que el editor cobra.

Esa cascada explica una cosa que desconcierta a muchos autores en el contrato de edición: la base de cálculo. Un 10 % sobre PVP y un 10 % sobre precio de facturación al distribuidor son porcentajes iguales sobre cantidades que se llevan la mitad de diferencia. Si el contrato no dice cuál de las dos es, hay que preguntarlo antes de firmar.

En autopublicación la cadena se acorta pero no desaparece: la plataforma es a la vez librería y distribuidora, y cobra en la misma proporción. Un 60 % de regalía en papel significa un 40 % para el canal, con la impresión aparte.

Distribución en papel: el libro entra en un catálogo, no en una librería

Un libro llega a las librerías cuando una distribuidora lo acepta en su catálogo, lo presenta a los libreros en la ronda de novedades y sirve los ejemplares que cada uno acepta. Ninguno de esos tres pasos es automático, y el segundo es el que decide de verdad.

Las distribuidoras trabajan por territorio y por perfil. Hay nacionales, hay regionales, hay especializadas en religión, en cómic, en libro técnico o en libro infantil, y una buena distribuidora pequeña de tu segmento coloca más que una grande a la que tu título le da igual. La selección no es un trámite: la distribuidora asume almacén y riesgo de devolución, así que decide qué acepta.

El calendario manda más de lo que parece. Los comerciales presentan las novedades con semanas de antelación sobre la fecha de publicación, y un libro que llega tarde a esa ronda pierde su ventana y espera a la siguiente. Por eso la fecha de publicación se fija con la distribución ya cerrada, y no al revés.

Y todo se sirve en depósito o con derecho de devolución. Es la regla que más sorprende a quien viene de otro sector: los ejemplares servidos a una librería no están vendidos, están colocados, y pueden volver meses después, a veces con el lomo rozado y ya invendibles. Un editor que celebra «hemos distribuido 2.000 ejemplares» está celebrando una cifra que todavía no dice nada sobre cuántos se han vendido, y la parte que vuelva la paga quien pagó la impresión.

Distribución digital y bajo demanda, que funcionan al revés

En digital y en impresión bajo demanda no hay stock, no hay devoluciones y no hay selección previa: el libro está disponible en cuanto se sube y se imprime o se descarga cuando alguien lo compra, y por eso es la vía en la que publicar puede no costar nada de entrada. El riesgo desaparece, y con él desaparece también el comercial que empujaba el título.

Hay dos formas de entrar en las tiendas de libro digital. Publicar en cada plataforma por separado da el margen más alto y obliga a mantener y actualizar una ficha por tienda. Usar un agregador o distribuidor digital sube una sola ficha y la reparte por decenas de tiendas y por los catálogos de bibliotecas, a cambio de un porcentaje o una cuota. Para un solo título, la primera vía suele salir a cuenta; a partir de tres o cuatro, la segunda ahorra un trabajo real. El audiolibro tiene su propio circuito de tiendas y distribuidores, que se explica en cómo publico un audiolibro.

En papel bajo demanda, el caso más usado es la distribución ampliada de KDP. Conviene leer lo que promete de verdad: Amazon pone el libro a disposición de distribuidores para que librerías y bibliotecas puedan encontrarlo y pedirlo, y declara que trabaja con distribuidores de Estados Unidos y del Reino Unido, aunque cualquier librería del mundo puede comprarles. La regalía es del 40 % del precio de lista menos los gastos de impresión, frente al 60 % de las ventas directas en Amazon, y el detalle de lo que deja cada venta está en cuánto paga Amazon por libro vendido. Es decir: te hace pedible, no te pone en la mesa de una librería de Valencia.

La conclusión práctica para quien autopublica es que la librería física no se consigue por esta vía. Se consigue en depósito, librería a librería, hablando con cada librero, o no se consigue.

El precio fijo cambia las reglas del juego en España

El precio de un libro lo fija el editor y vincula a todo el canal, así que en España nadie compite por precio con nadie. La Ley 10/2007 establece que el precio de venta al público «podrá oscilar entre el 95 por 100 y el 100 por 100 del precio fijo»: cinco puntos de margen y ni uno más.

La misma ley recoge las excepciones, y son excepciones estrechas: hasta un 10 % en el Día del Libro y en las ferias, congresos o exposiciones del libro, siempre que lo decidan sus organizadores y éstos sean del sector; hasta un 15 % cuando compran bibliotecas, archivos, museos, centros escolares, universidades o centros científicos o de investigación; y las ofertas anuales que pacten editores, distribuidores y libreros (art. 11).

Tres consecuencias que afectan a cualquiera que publique:

  • La cifra de portada se decide antes de imprimir, porque el editor está obligado a indicarla en el propio libro (art. 9.1). La ley no impide cambiarla después, pero en papel el precio nuevo tiene que figurar en el ejemplar, así que se calcula con el descuento del canal ya puesto sobre la mesa, como explica cómo poner precio a un libro.
  • Tu web no puede ser la opción barata. Puedes vender en tu propia web y quedarte el margen entero, que es la mejor razón para hacerlo, pero no puedes bajar el precio para atraer al lector que iba a la librería.
  • El descuento no es la palanca comercial. Lo que se negocia con el canal es el porcentaje que se lleva, no el precio que paga el lector.

El precio fijo es una regla española, y fuera de España cada país tiene la suya: dos de los mercados hispanohablantes más grandes también tienen precio único, con reglas distintas, como se ve más abajo.

Los metadatos son la parte invisible de la distribución

Un libro que no está bien descrito en las bases de datos del sector es un libro que el librero no encuentra cuando lo busca, y por tanto no existe para el canal aunque haya cajas de él en un almacén. Los metadatos son la ficha comercial: título, autor, ISBN, precio, materia, sinopsis, portada, disponibilidad y fecha.

En España hay dos piezas que conviene conocer por su nombre. DILVE es la plataforma de la Federación de Gremios de Editores de España para la gestión y distribución de información bibliográfica y comercial del libro en venta: las editoriales cargan y mantienen sus fichas, y distribuidoras, librerías, tiendas en línea y bibliotecas las recuperan. Trabaja con el estándar internacional ONIX. SINLI, el Sistema de Información Normalizada para el Libro creado en el entorno de FANDE a finales del año 2000, es el otro lado: los documentos comerciales normalizados —pedidos, albaranes, facturas, novedades— que los sistemas de editores, distribuidores y librerías se intercambian a diario.

De ahí sale una regla que no cuesta dinero y se incumple mucho: la ficha se rellena entera, y bien. Materia correcta, sinopsis escrita para vender y no copiada de la contracubierta, portada en alta resolución, precio y fecha exactos, ISBN sin erratas. Un libro con la materia mal asignada aparece en la estantería equivocada de todas las tiendas a la vez.

En autopublicación se entra en DILVE por la puerta del ISBN: el catálogo incluye los metadatos básicos de los libros registrados en la Agencia aunque su editor no esté suscrito, y los datos ricos —portada, resumen, índice y fragmento— se compran aparte. Cuándo hace falta ese ISBN está en ¿necesito ISBN para publicar?. Quien publica sólo en Amazon, con el ISBN gratuito de KDP, que sólo se puede usar en KDP, no pasa por DILVE, pero la lógica es idéntica: las categorías y las palabras clave de la plataforma son sus metadatos, y hacen el mismo trabajo de decidir dónde aparece el libro. Algunas fichas piden además datos que no son comerciales: KDP pide declarar el contenido generado por IA al publicar, que es una de las cuestiones de ¿puedo publicar un libro escrito con IA?

Lo práctico: qué preguntar antes de firmar una distribución

Una conversación con una distribuidora se aclara con seis preguntas, y quien distribuye de verdad las responde sin incomodarse. Están redactadas para copiar y pegar en un correo:

  1. ¿En qué territorios distribuís y con qué red comercial propia?
  2. ¿Cuántos ejemplares estimáis servir en el lanzamiento y a cuántos puntos de venta?
  3. ¿Qué porcentaje del PVP os quedáis, y qué queda para el editor?
  4. ¿Los ejemplares van en firme o en depósito, y en qué plazo se aceptan devoluciones?
  5. ¿Quién paga el transporte de ida y el de las devoluciones?
  6. ¿Cada cuánto liquidáis, con qué desglose, y en qué plazo se cobra?

Dos avisos sobre las respuestas. Si a la segunda contestan «estaréis en nuestro catálogo», eso es disponibilidad bajo pedido: no es que sea malo, es que hay que saber lo que se compra. Y a la cuarta, la pregunta de seguimiento es qué pasa con un ejemplar devuelto en mal estado, porque ese lo paga alguien.

Antes de esa conversación, ten resueltas tres cosas o no habrá nada que hablar: el ISBN, la ficha de metadatos completa y una fecha de publicación que deje margen para la ronda de novedades. Y si la distribución llega a través de una editorial, estas mismas preguntas se hacen al elegirla, como parte de cómo elijo una editorial.

Un caso con cifras

Una novela de 300 páginas a 18 € de precio de venta al público, que con el 4 % de IVA descontado son 17,31 €. Estas son las cuatro formas de ponerla en manos de un lector, y lo que cada una deja a quien la edita.

Canal Precio Queda por ejemplar Riesgo
Distribuidora y librería, tirada de 1.000 18 € 6,46 € 1.850 € de impresión por adelantado y devoluciones
Venta en mano, misma tirada 18 € 15,46 € antes del envío El mismo desembolso
Amazon.es, bajo demanda 14,99 € de lista 4,64 € Ninguno
Distribución ampliada de KDP 14,99 € de lista 1,65 € Ninguno

La primera fila sale del reparto del precio: 5,19 € de descuento de librería, 3,81 € de distribuidora y 1,85 € de impresión en una tirada de mil. Las dos últimas, de la tarifa de KDP: 4,35 € de impresión y el 60 % o el 40 % del precio de lista. La lectura es que la distribución en papel deja más por ejemplar que Amazon, pero a cambio de pagar la tirada por adelantado y asumir las devoluciones, y que la ampliada de KDP deja la cuarta parte que la distribuidora.

Y la cuenta que no sale en la tabla es la de las devoluciones. Si la distribuidora sirve 500 ejemplares y vuelven 150 —un supuesto para hacer la cuenta, no una media del sector—, se cobran 350 × 6,46 € = 2.261 €, y los 150 devueltos, que costaron 277,50 € de impresión, vuelven al almacén. Por eso el número útil de una distribución no es cuántos ejemplares sirve, sino cuántos se quedan vendidos.

Fuera de España

La distribución física funciona igual en cualquier país —catálogo, comerciales, depósito y devoluciones—, y lo que cambia es la ley del precio. Dos de los mercados hispanohablantes más grandes tienen, como España, un precio que fija el editor y que obliga al comercio.

  • Argentina. Todo editor, importador o representante de libros debe establecer un precio uniforme de venta al público o consumidor final de los libros que edite o importe (art. 1 de la Ley 25.542).
  • México. Quien edite o importe libros fija libremente un precio de venta al público, que rige como precio único (art. 22 de la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro); antes de venderlo, lo registra en la base de datos de la Secretaría de Cultura (art. 23), y ese precio único dura treinta y seis meses desde la fecha de impresión o reimpresión que consta en el colofón, con la versión electrónica sujeta a las mismas reglas mientras dure (art. 26).

La distribución ampliada de KDP, por su parte, no cambia de país: Amazon trabaja con distribuidores de Estados Unidos y del Reino Unido, a los que cualquier librería o biblioteca del mundo puede comprar. Un libro autopublicado en España es pedible desde Buenos Aires o Ciudad de México por esa vía, y no está colocado en ninguna librería de allí por ella. Qué más pide cada país, con sus fuentes, está en publicar un libro según tu país.

Cuándo sí es la vía

Una distribuidora tiene sentido cuando el libro necesita estar físicamente delante de lectores que no lo están buscando, que es la condición que resuelve la duda de si hace falta un distribuidor. Narrativa general, ensayo de público amplio, cualquier obra cuyo lector no se identifica por su oficio ni por su afición: ahí la mesa de novedades no tiene sustituto, y ninguna campaña digital la reemplaza. Es la razón de fondo por la que sigue mereciendo la pena publicar con una editorial, que lleva su distribución puesta.

También cuando hay catálogo, y no un título. La economía de la distribución es de escala: los mismos comerciales y el mismo camión que colocan un libro colocan veinte, así que a una distribuidora le interesa un sello con fondo mucho más que una obra suelta, y al editor le sale la cuenta por la misma razón.

Y cuando el libro tiene un territorio claro. Un libro de historia local, una guía de una comarca o un autor con presencia en una región concreta se distribuyen bien con una distribuidora regional, que conoce a los libreros por su nombre y coloca ejemplares donde una nacional no llegaría a mirar.

Cuando ninguna de las tres condiciones se cumple pero sí quieres papel en librerías, queda la vía manual, que es legal para cualquiera que publique, como explica ¿puedo vender mi libro en librerías?: visitar librerías, dejar tres ejemplares en depósito y volver a por la liquidación, con los ejemplares de una tirada corta como las que calcula cuánto cuesta imprimir 100 libros. Funciona en la escala en la que funciona —una ciudad, quince librerías— y es trabajo del autor, no de nadie más.

Cuándo no es la vía

Distribuir en papel no compensa cuando el público del libro está localizado y se llega a él sin intermediarios. Un manual para una profesión, un libro para una comunidad, una obra que se vende en cursos y en charlas: ahí el canal se lleva la mitad del precio por poner el libro donde nadie de ese público lo va a buscar, y lo que se hace en su lugar está en cómo vendo mi libro por mi cuenta.

Tampoco cuando la tirada no aguanta la cuenta. Imprimir para distribuir obliga a fabricar antes de vender, a almacenar y a asumir devoluciones, y con márgenes del 45 % la operación sólo cierra a partir de un volumen. Un primer libro sin público previo casi siempre está mejor en impresión bajo demanda, que suprime el stock y el riesgo a cambio de un coste por ejemplar más alto; las dos formas de fabricar, y quién hace cada una, están en dónde imprimo mi libro.

Y no es la vía cuando lo que hace falta es promoción, no logística. Si el problema es que nadie sabe que el libro existe, colocarlo en doscientas librerías sólo adelanta doscientas devoluciones: la distribución multiplica la demanda que ya hay, no la crea. Ese problema se resuelve dando a conocer el libro, y conviene resolverlo antes de firmar, no después.

La distribución es el paso seis de cómo publicar un libro, y el único que no depende de ti: puedes escribir mejor, corregir mejor y diseñar una portada mejor, pero que un librero acepte tres ejemplares lo decide el librero.

Preguntas frecuentes

¿Necesito una distribuidora para vender mi libro?
Sólo si quieres que esté en librerías físicas sin que las visites tú. Para vender en tiendas digitales, por impresión bajo demanda o directamente en presentaciones y en tu propia web no hace falta ninguna: el canal es la plataforma o eres tú.
¿Cuántos ejemplares me va a pedir una distribuidora?
Depende de su red, pero la pregunta útil es la contraria: cuántos va a colocar. Una distribuidora seria da un número de ejemplares servidos y una lista de tipos de librería. Si sólo ofrece «estar en catálogo», lo que hay es disponibilidad bajo pedido, no distribución.
¿Puede una librería negarse a vender mi libro?
Sí, y no necesita darte un motivo: el librero elige su fondo con criterio comercial y con el espacio que tiene. Lo que casi siempre desbloquea la conversación es ofrecer depósito en vez de venta en firme, porque le quita el riesgo de encima y se lo deja a quien pagó la impresión.
¿Puedo poner mi libro más barato en mi web que en las librerías?
No en España. La Ley 10/2007 obliga a un precio fijo y sólo permite vender entre el 95 % y el 100 % de él, así que el margen para competir por precio con tus propios distribuidores es de cinco puntos. Lo que sí puedes es quedarte el margen entero en las ventas directas.
¿Puedo tener distribuidora en papel y llevar el digital por mi cuenta?
Sí, y es lo habitual, porque son canales distintos y se contratan por separado. Lo que hay que mirar en el contrato es que la cesión no se lleve por arrastre los derechos digitales ni los de audio, que suelen valer más de lo que parece cuando se firman a la ligera.
¿Es lo mismo distribución que promoción?
No, y confundirlas es el error caro. La distribución pone el libro al alcance de la mano; la promoción hace que alguien quiera cogerlo. Un libro bien distribuido y sin promoción vuelve entero, y uno muy promocionado que nadie puede pedir tampoco vende.
¿Cuánto tarda un libro en estar disponible tras firmar la distribución?
Entre unas semanas y un par de meses, y casi nunca por el transporte: el tiempo se va en el alta de metadatos, en el calendario de novedades y en la ronda de pedidos de las librerías. Publicar en digital es cuestión de días; distribuir en papel no.

Fuentes

  1. Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas
  2. KDP: distribución ampliada
  3. KDP: regalías de libros de tapa blanda
  4. DILVE: qué es DILVE
  5. FANDE: SINLI, Sistema de Información Normalizada para el Libro
  6. KDP: pautas de contenido, contenido generado por IA
  7. Ley 25.542 de Argentina, precio uniforme de venta al público
  8. Ley de Fomento para la Lectura y el Libro de México, arts. 22, 23 y 26