Qué es el cuerpo de letra
El cuerpo de letra es el tamaño al que se compone un texto, y se expresa en puntos tipográficos: un libro compuesto «a cuerpo 11» lleva su texto a once puntos. El diccionario académico lo define con esa economía —tamaño de los caracteres de imprenta— y la palabra viene del taller de tipos móviles, donde el cuerpo era el bloque de metal sobre el que iba grabada la letra.
De ahí sale lo que más despista. El cuerpo no mide lo que se ve, sino el bloque, y dentro de él cada tipografía reparte a su manera la altura de la x —la de las minúsculas sin rasgos que suban ni bajen— y el largo de esos rasgos. Una letra de altura de x pequeña se ve claramente menor que otra de altura de x grande compuesta al mismo cuerpo, y las dos son cuerpo 11. Por eso se elige mirando una prueba impresa y no la cifra de la ventana del programa.
El punto tampoco es una sola unidad. La Academia lo define como la duodécima parte del cícero, 0,375 mm; los programas de maquetación usan otro, la setentaidosava parte de una pulgada, 0,3528 mm, y es el que aparece en la ventana cuando se escribe «11».
Las horquillas del oficio son estrechas: un libro de texto corrido va entre 10 y 12 puntos, con el interlineado entre el 120 y el 140 % del cuerpo. Para el interior de un libro de tapa blanda, Amazon KDP recomienda no bajar de 7 puntos, un suelo pensado para créditos y notas. El cuerpo se decide a la vez que la caja de texto y la familia tipográfica, y las tres van juntas en la guía de cómo maquetar un libro.
Sinónimos y término en inglés
Al cuerpo de letra se lo llama cuerpo a secas —«va a cuerpo 11»— y, en el lenguaje corriente, tamaño de letra o tamaño de fuente, que es como lo rotula el procesador de textos. «Tipo» y «cuerpo» no son sinónimos aunque se confundan a diario: el tipo es la letra elegida, el cuerpo es a qué tamaño va compuesta.
En inglés es font size o type size, y point size cuando se quiere subrayar la unidad; body size conserva el sentido original del bloque.
Dónde aparece
El autor se topa con el cuerpo de letra al encargar la maquetación, porque es una de las primeras cosas que le van a preguntar, y lo que conteste se nota en la factura. Subir un punto añade páginas, y en impresión bajo demanda el coste por ejemplar se calcula sobre el número de páginas: un cuerpo generoso encarece cada copia y ensancha el lomo de la cubierta. Bajarlo ahorra papel y cansa al lector, que es el peor de los dos ahorros.
En el libro electrónico no se fija: el lector cambia el tamaño en su dispositivo y el texto se recompone. Lo que se decide ahí es la proporción entre tamaños —título, texto, notas—, no el número de puntos.