Qué es publicar un ebook y qué no es
Publicar un ebook es poner a la venta la edición digital de un libro en una o varias tiendas, cada una con su ficha, su precio y su archivo descargable. Todo lo editorial que hay antes —escribir, corregir, componer el texto, encargar la portada— es idéntico a lo que llevaría el mismo libro en papel. Lo que cambia empieza en el archivo y termina en el reparto del dinero.
No es lo mismo que maquetar el libro, que es el trabajo de convertir el manuscrito en un archivo compuesto y está explicado en la guía de maquetación de un libro. Publicar es el paso siguiente: subir ese archivo, rellenar la ficha y aceptar unas condiciones de venta. Confundirlos hace que alguien llegue a la plataforma con un documento de Word sin preparar y descubra el problema con el libro ya anunciado.
Tampoco es publicar un PDF. Un PDF tiene la página fijada de antemano, así que en una pantalla pequeña el lector tiene que ampliar y arrastrar para leer una línea. Un ebook de verdad es de texto ajustable: el lector cambia el tamaño de letra y el texto se recompone. Esa diferencia no es un matiz técnico: decide si el libro se puede leer cómodamente en el aparato con el que se compró.
Y no es la versión barata del libro. La edición digital tiene su propia corrección, su propia composición y su propia portada, y compite en la misma estantería que la de cualquier editorial. Lo único que se ahorra frente al papel es la fabricación: no hay imprenta, no hay tirada, no hay almacén y no hay devoluciones. Eso quita riesgo económico, no trabajo.
La consecuencia práctica de todo lo anterior es que el digital se equivoca barato. Un error en un libro impreso se arregla reimprimiendo; en un ebook se arregla subiendo otra vez el archivo. Quien entiende eso publica antes y corrige después, en lugar de retrasar la salida meses por detalles que en digital se tocan en una tarde.
El archivo de un ebook es un EPUB, y el manuscrito no lo es
El formato en el que se distribuye un libro digital es EPUB, un estándar
publicado por el W3C —Recomendación desde enero de 2026— que empaqueta contenido
web —HTML, hojas de estilo CSS, imágenes— dentro de un único archivo comprimido
con extensión .epub. Es el formato con el que trabajan las tiendas digitales,
y el que conviene tener en propiedad aunque se publique en una sola.
El estándar contempla dos comportamientos y elegir mal cuesta caro. El reflowable o de texto ajustable es el comportamiento por defecto y el que corresponde a cualquier libro de texto seguido: no hay páginas, el texto se recompone y el índice es una tabla navegable generada desde los estilos de título. El diseño fijo conserva la posición de cada elemento y sirve para lo que sin ella deja de entenderse: cómic, libro ilustrado, libro de texto con cuadros. Una novela en diseño fijo es un error; un libro de fotografía en reflowable, también.
Las tiendas aceptan más de un formato de entrada. KDP admite manuscritos en Word (DOC y DOCX), EPUB, HTML, texto plano, RTF, PDF con limitaciones de idioma y su propio formato KPF, generado con la herramienta gratuita Kindle Create, que es la que la plataforma recomienda. MOBI está en retirada: desde marzo de 2025 KDP dejó de aceptarlo para libros de diseño fijo. Que admitan un DOCX no significa que convenga subirlo: la conversión automática hace lo que puede con un documento pensado para imprimirse.
Lo que hay que pedirle a quien maquete es, por tanto, un entregable concreto y no «el ebook». Un EPUB válido, con los capítulos marcados como estilos de título, sin encabezados ni pies, con las sangrías definidas en el estilo, la tabla de contenidos generada y la portada incrustada como primera imagen. Si el libro sale también en papel, se piden las dos entregas a la vez: encargar el interior impreso y volver meses después a por el EPUB sale más caro que pedir ambas de una vez.
Tienda a tienda, agregador o exclusiva: las tres formas de llegar al lector
Un ebook llega al lector por una de tres vías, y la elección decide el reparto que se cobra, el trabajo que genera cada cambio posterior y lo que se puede hacer fuera de esa tienda. Las tres son legítimas, y la única que no se deshace sobre la marcha es la exclusiva, que ata el libro noventa días.
| Vía | Qué se gana | Qué cuesta |
|---|---|---|
| Tienda a tienda | El reparto más alto y el control de cada ficha | Una ficha por tienda, y actualizarlas todas a mano |
| Agregador | Una sola ficha repartida por decenas de tiendas y catálogos de bibliotecas | Un porcentaje o una cuota, y un intermediario más entre tú y el dato de ventas |
| Exclusiva en una tienda | Acceso a los programas de esa tienda y a su suscripción | No poder vender el libro en ninguna otra parte |
Publicar tienda a tienda significa abrir cuenta en cada una y subir el mismo EPUB en todas. Es lo que deja el reparto más alto: en Amazon el 70 % dentro de la horquilla de precio, y en Google Play Books un 70 % del precio de lista, sin comisiones adicionales según su propia documentación. El precio de esa vía es administrativo y se paga cada vez que hay que cambiar algo: una errata corregida son tantas subidas como tiendas, no una.
Usar un agregador —un distribuidor digital— es subir una sola ficha que se reparte por decenas de tiendas y por los catálogos de bibliotecas, a cambio de un porcentaje sobre lo cobrado o de una cuota. Con un solo título rara vez compensa; a partir de tres o cuatro ahorra un trabajo real, y es además la forma práctica de llegar a tiendas pequeñas que uno no abriría por su cuenta. La misma lógica, aplicada al papel, está en la guía de distribución de libros.
Ir en exclusiva es la tercera vía y tiene su propia sección más abajo, pero la decisión conviene tomarla antes de publicar y no después: sacar un libro de todas las tiendas para inscribirlo en un programa de exclusividad significa perder las reseñas y el histórico acumulado en cada una.
La regalía del ebook tiene escalones, y salirse de uno cuesta la mitad
En Amazon el autor cobra el 70 % del precio de lista si ese precio cae dentro de una horquilla, y el 35 % si queda fuera. En Amazon.es la horquilla va de 2,69 € a 12,99 € sin IVA —el máximo se amplió desde 9,99 € en julio de 2026—, y es la misma cifra que se usa en la guía de poner precio a un libro, donde está el reparto completo del papel y del digital.
Dentro de la opción del 70 % se descuenta además un coste de entrega proporcional al tamaño del archivo, que en Amazon.es es de 0,12 € por megabyte, redondeando al alza hasta el siguiente kilobyte. Para una novela de texto corrido eso son céntimos; para un libro con cien fotografías puede llevarse un euro por venta. Es la única partida del ebook que premia un archivo ligero, y la razón por la que conviene comprimir las imágenes antes de generar el EPUB, no después.
Hay una condición que sorprende a quien publica las dos ediciones: para cobrar el 70 % en Amazon, el precio de lista del ebook tiene que ser al menos un 20 % inferior al del papel de la misma obra. Con una novela a 14,99 € en tapa blanda, el ebook no puede pasar de 11,99 €. No es una recomendación comercial, es un requisito del programa, y descoloca a quien había planeado los dos precios juntos.
El escalón entre el 70 % y el 35 % es el más caro de todo el sistema. Un ebook a 12,99 € deja unos 9 € por ejemplar; el mismo ebook a 13,99 € deja menos de 5 €. Para empatar habría que vender casi el doble, así que salir por arriba de la horquilla sólo tiene sentido en obras con público cautivo y sin competencia directa. Por abajo pasa algo parecido y menos evidente: bajar de 2,69 € tampoco multiplica las ventas, y además transmite que el libro vale poco.
KDP Select paga alcance con exclusividad, en periodos de noventa días
KDP Select es el programa de Amazon que incluye un ebook en Kindle Unlimited a cambio de venderlo únicamente en la tienda Kindle mientras dure la inscripción. El periodo es de 90 días, es gratuito, se renueva automáticamente salvo que se cancele antes de la fecha, y sólo afecta a la edición digital: el papel, el audio y el vídeo se pueden seguir distribuyendo donde se quiera.
Lo que se recibe a cambio son tres cosas concretas. La primera es Kindle Unlimited, la suscripción de lectura ilimitada de Amazon, donde el autor cobra por páginas leídas en lugar de por ejemplar vendido. Las otras dos son herramientas de promoción reservadas al programa: los días de descarga gratuita y las Kindle Countdown Deals, con la letra pequeña que está en la guía de promocionar un libro —las segundas sólo funcionan en las tiendas de Estados Unidos y Reino Unido, así que un libro en español dirigido a lectores españoles no las puede usar—.
Lo que se entrega es más de lo que parece leyendo el folleto. La exclusividad no es sólo «no vender en otra tienda»: es no poder vender el ebook desde tu propia web, no poder regalarlo a tu lista de correo como archivo y no poder entrar en los catálogos de bibliotecas digitales durante esos noventa días. Para un autor cuya venta directa ya funciona, eso puede pesar más que la suscripción.
La renovación automática es la parte que produce disgustos. Un libro inscrito sigue inscrito indefinidamente si nadie desmarca la casilla, y quien decide publicar en otras tiendas a los cuatro meses descubre que el periodo se renovó solo. La comprobación que evita el problema es de un minuto: anotar la fecha de fin en el calendario el mismo día de la inscripción.
Como criterio, el programa compensa a quien empieza sin audiencia propia y en un género muy leído en suscripción, y compensa poco a quien ya vende fuera de Amazon o tiene lista de correo. No es una decisión permanente —dura noventa días— pero sí es una decisión que conviene tomar mirando dónde está el lector, no mirando el porcentaje.
El ISBN, el depósito legal y el DRM en un libro sólo digital
Un ebook arrastra menos papeleo que un libro impreso, y las tres preguntas que se repiten tienen respuestas distintas entre sí: una es opcional, otra obligatoria y la tercera es una elección técnica que casi nadie explica.
El ISBN no hace falta si el ebook se vende en exclusiva en una única tienda, porque el identificador interno de la plataforma cubre el caso. Sí hace falta en cuanto se quiere ir a varias tiendas con una identidad de editor propia, entrar en catálogos de bibliotecas o figurar en la base de datos del sector. Papel y digital son ediciones distintas, así que son dos números y 90 € a la tarifa de la Agencia del ISBN para quien actúa como su propio editor.
El depósito legal no es opcional, y aquí la respuesta honesta es que el procedimiento del digital no es el del papel. La ley cubre también las publicaciones electrónicas, pero el trámite concreto lo gestiona cada comunidad autónoma y no encaja sin más en el formulario general. Si el libro va a salir sólo en digital, esa es una pregunta específica para tu oficina de depósito legal antes de dar nada por hecho.
El DRM es la tercera y la que menos se entiende. Es una tecnología opcional que limita cómo accede el lector al archivo comprado, no afecta a la regalía y en KDP se puede activar o desactivar en cualquier momento desde la ficha del libro, con veinticuatro a setenta y dos horas de retardo hasta que el cambio se ve. Desde el 20 de enero de 2026, en los libros publicados sin DRM el comprador verificado puede descargarse el EPUB o el PDF; si el DRM se vuelve a activar, esas descargas dejan de ofrecerse, aunque quien ya bajó el archivo lo conserva.
Quien publica sin DRM apuesta a que la comodidad del lector legítimo vale más que la copia que igualmente se haría; quien lo activa acepta atar el archivo al ecosistema de la tienda. Los dos son argumentos defendibles, y conviene decidir con ellos delante en lugar de dejar la casilla como venga.
Lo práctico: el orden de las cosas y qué pedirle a quien maqueta
El orden de trabajo de un ebook coincide con el del papel hasta la maquetación y a partir de ahí se acorta, porque desaparecen la imprenta y el calendario de fabricación. Éste es el esqueleto, y cada paso se cierra antes de abrir el siguiente:
| Orden | Qué se hace | Qué lo bloquea |
|---|---|---|
| 1 | Texto terminado y corregido | Nada posterior arregla una errata |
| 2 | EPUB generado y probado en dos dispositivos distintos | Un archivo que se ve mal se detecta leyendo, no mirando |
| 3 | Portada en RGB, legible en miniatura | Es lo único que se ve en la parrilla de resultados |
| 4 | Decisión de canal: exclusiva o varias tiendas | Cambiar después cuesta reseñas e histórico |
| 5 | Precio dentro de la horquilla del 70 % | Fuera de ella la regalía se reduce a la mitad |
| 6 | Ficha: descripción, siete palabras clave, tres categorías | Es la página por la que pasa todo el tráfico |
El paso dos se salta con facilidad porque parece un trámite y no lo es. Un EPUB hay que abrirlo en un lector de tinta electrónica y en el móvil, y leer tres capítulos: el primero, uno del medio y el último. Ahí aparecen las cosas que no se ven en el ordenador —una imagen que se sale, un capítulo que no salta de página, un índice que enlaza al sitio equivocado—.
Y este es el correo para encargar la conversión, redactado para copiar tal cual:
Hola [nombre]:
Tengo terminado y corregido un original de [número] palabras, en Word, con [número] capítulos y [ninguna / número] imágenes. Quiero publicarlo como ebook.
¿Me presupuestas un EPUB de texto ajustable con los capítulos marcados como estilos de título, tabla de contenidos navegable, sin encabezados ni pies, con las sangrías definidas en el estilo y la portada incrustada? Incluye, por favor, una revisión después de que yo lo pruebe en un lector y en el móvil.
Si más adelante saco el libro en papel, ¿qué costaría añadir esa entrega ahora en lugar de encargarla por separado?
Gracias, [tu nombre]
Cuándo sí es la vía
Publicar en digital es la vía adecuada cuando el libro se lee de corrido y su público ya compra en tiendas digitales. La novela, el ensayo, las memorias, el libro profesional de texto seguido: todo lo que funcione en una pantalla de seis pulgadas sin perder nada por el camino gana con el digital, porque llega a cualquier país el mismo día y sin coste de fabricación.
Compensa también cuando el presupuesto no llega para el papel. Un autor que no puede pagar una tirada ni quiere gestionar una impresión bajo demanda publica en digital con el mismo trabajo editorial y sin desembolso de fabricación, y usa las ventas del primer año para financiar la edición impresa si la quiere. El orden inverso —imprimir primero y digitalizar si sobra dinero— es el que deja cajas en el pasillo.
Y es la vía natural para quien publica varios títulos. El coste de aprender el proceso se paga una vez y se reparte entre todos los libros; el lector que llega por uno encuentra los demás en la misma tienda con un clic, y ahí el coste de captar a ese lector se reparte entre varios títulos. Es también la razón por la que un primer volumen a precio bajo tiene sentido en digital y muy poco en papel.
Cuándo no es la vía
El digital no sirve cuando la página compuesta es parte del contenido. Un libro de fotografía, un cómic, un poemario donde la disposición en la página significa algo, un manual con tablas anchas: todo eso obliga a diseño fijo, y el diseño fijo en pantalla pequeña se lee mal por definición. Antes de forzarlo conviene mirar la impresión bajo demanda, que resuelve el mismo problema sin tirada.
Tampoco es la vía cuando el objetivo real es el ejemplar físico. Quien quiere el libro para presentarlo, regalarlo, firmarlo o venderlo en un acto necesita papel, y no hay archivo que sustituya eso. Publicar sólo en digital y descubrir en la primera presentación que no hay nada que poner en la mesa es un orden mal elegido, no un problema del formato.
Y no compensa cuando el libro todavía no está terminado. La facilidad de subir y corregir se interpreta a veces como permiso para publicar un borrador y arreglarlo sobre la marcha, y lo que ocurre es que las primeras reseñas se escriben sobre la versión mala y se quedan ahí para siempre. El digital perdona el archivo; no perdona la ficha.
El resto de decisiones que rodean a esta —vía de publicación, canal, precio y calendario— están en orden en la guía de cómo publicar un libro.