Qué es una vanity press
Una vanity press es una empresa que publica libros cobrándole al autor, y lo que el nombre inglés añade a ese hecho económico es un juicio sobre quien lo practica: vanity es «vanidad». El diccionario recoge el uso y no el juicio, y por eso la define por dónde está el dinero y por nada más.
Ese juicio ya no cabe en la definición del diccionario, y quien lo ha rehecho es el sector que lo usa. La Alliance of Independent Authors mantiene un observatorio de proveedores, el Watchdog Desk, y tras analizar cientos de ellos identificó tres indicadores constantes —mal valor por el dinero, marketing poco ético e intención de explotar— para definir la vanity press como el servicio editorial que recurre a prácticas engañosas, o directamente fraudulentas, con la intención no de llevar libros a los lectores sino de sacarle al autor todo el dinero posible. Con esa definición cobrar no basta: lo que la marca es el engaño. El binomio antiguo —o editorial tradicional o vanity— ALLi lo da por agotado, porque entre uno y otro extremo hay hoy un abanico de opciones que aquellas definiciones no previeron.
Por eso aquí no es un tercer modelo. A la empresa que cobra la llamamos editorial de pago y al acuerdo que ofrece, coedición; «vanity press» nombra la parte de ese terreno en la que además hay engaño.
Sinónimos y término en inglés
«Vanity press» entra en español sin traducir, porque las traducciones literales no han cuajado. Vanity publisher es la misma cosa con la otra mitad del compuesto cambiada, y es la forma que usa Writer Beware, el observatorio de la asociación estadounidense SFWA, que la define como la que cobra una tarifa por producir el libro o exige al autor comprar algo como condición para publicarlo. Al lado van subsidy publisher, el mismo modelo con un nombre más presentable, y hybrid publisher, que en la definición de SFWA sí nombra algo distinto porque además selecciona lo que publica y aporta trabajo profesional.
El nombre lo pone quien avisa, no quien vende. Writer Beware enumera los eufemismos con los que estas empresas se presentan —joint venture, co-op, partnership, equity, contributory, partner—, y ahí está el problema práctico de la etiqueta: sirve para clasificar después, no para reconocer antes.
Dónde aparece
El término se cruza al buscar en inglés, y ahí es donde tiene sentido buscarlo: en las listas de avisos de Writer Beware y del Watchdog Desk, y en los foros donde alguien pregunta por el nombre de una empresa antes de firmar. Lo que la etiqueta resuelve es si alguien ya ha documentado un engaño; lo que deja intacto es la pregunta previa, que es cuánto cuesta y qué se cede.
Eso se decide con el desglose partida por partida y con las preguntas que hay que hacer por escrito, y están en coedición y autoedición. Quien prefiera pagar los mismos oficios sin ceder derechos ni sello tiene la otra puerta, que es la autopublicación.