A quién se le piden, y cuándo
Las primeras reseñas no las escribe quien pasaba por la ficha: las escriben lectores a los que el autor puso el libro en las manos antes de que saliera, porque el día de la publicación no hay todavía a quién pedírselas. Por eso el trabajo se hace en las semanas previas a la fecha de publicación y no después: se reúne una lista de lectores del género —de clubes de lectura, de grupos del ramo, de quienes siguieron la escritura— y se les manda el archivo sin pedir nada a cambio. Amazon lo permite expresamente: está bien opinar sobre un libro gratuito o con descuento recibido de un autor o una editorial, siempre que no se pida la opinión a cambio del regalo ni se intente influir en ella. La frase del correo decide de qué lado cae, y el calendario entero está en promocionar un libro.
Un beta reader no cuenta para esto. Lee el manuscrito antes de corregirlo y su trabajo es decirte qué falla, no valorar el libro terminado en público.
No todo el que quiere reseñarte puede hacerlo
Para escribir una opinión en Amazon.es hay que haber gastado allí al menos 50 EUR con una tarjeta de crédito o débito válida en los últimos doce meses, y los descuentos promocionales no cuentan para ese mínimo. Eso explica algo que se ve en cualquier lanzamiento: parte de los lectores que prometieron reseñar y no lo hicieron no incumplieron nada, es que no podían escribirla. Quien compra libros a menudo pasa ese listón sin enterarse; quien entra en la tienda dos veces al año, no.
El segundo filtro descarta justo a los que están más a mano. Amazon elimina las opiniones de quien tiene un interés financiero directo o indirecto en el producto y las de quien se considere que tiene una relación personal con su autor, así que la lista de veinte conocidos es la peor lista posible: no suma reseñas y deja rastro. Y conviene pedirla donde el lector ya esté, que suele ser la tienda donde compró.
El caso límite: la reseña que se paga
Comprar reseñas es el atajo evidente, y en España no es sólo un problema con la tienda. La ley de competencia desleal considera engañosa la práctica de añadir o encargar a otra persona que incluya reseñas de consumidores falsas —o de distorsionar las reales— para promocionar un producto, desde que la reforma de 2021 entró en vigor el 28 de mayo de 2022. Amazon, por su parte, no admite opiniones creadas, editadas o eliminadas a cambio de una compensación, y su lista incluye el efectivo, los descuentos, los productos gratuitos, las tarjetas regalo y los reembolsos. Entre las medidas que se reserva está retirar los productos relacionados, así que lo que se arriesga no son diez reseñas: es la ficha del libro.
Distinto es pagar a un medio para que un crítico lo lea y publique lo que le parezca, con la relación declarada y firmando. Eso no entra en la ficha de la tienda, no promete que la reseña vaya a ser buena y, si lo es, la frase termina en la faja.
Qué hacer
Empieza por la lista, no por el correo: veinte o treinta lectores del género es lo que hace falta para que lleguen las primeras, y se reúne en meses, no en una tarde. Manda el archivo dos o tres semanas antes de la fecha de publicación, con una frase que no condicione nada, y cuando el libro esté a la venta manda un solo recordatorio. Con quien no llegue al mínimo de gasto no insistas: pídele que lo cuente donde ya esté.
Y cuenta con que lo que consigas queda atado a esa ficha. Si más adelante publicas una edición nueva, las reseñas no se mudan con ella —el detalle está en cómo actualizo un libro ya publicado—. Dónde encaja todo esto en el proceso, en cómo publicar un libro.