La tarifa va por millar de caracteres, y de ahí se convierte a cualquier otra unidad
La unidad con la que cobra un corrector es 1.000 caracteres con espacios, y no cambia cuando cambia el formato del documento: una página de Word puede tener 1.800 o 3.000 caracteres según los márgenes y el cuerpo de letra que tenga puestos, así que un precio «por página» describe la configuración del fichero y no el trabajo. El dato está en Word en Revisar → Contar palabras, en la línea «Caracteres (con espacios)».
Con esa unidad, las tres tarifas del sector en España quedan así, y a la derecha lo que suponen sobre una novela de 250 páginas, que ronda los 400.000 caracteres:
| Trabajo | Por 1.000 caracteres | Por palabra | Novela de referencia |
|---|---|---|---|
| Corrección de estilo | 1,25 – 3,00 € | 0,0075 – 0,018 € | 500 – 1.200 € |
| Ortotipográfica | 0,75 – 1,75 € | 0,0045 – 0,0105 € | 300 – 700 € |
| Corrección de pruebas | 0,50 – 1,00 € | 0,0030 – 0,0060 € | 200 – 400 € |
La columna del medio sale de una regla de conversión que conviene llevar puesta: en español una palabra con su espacio ocupa unos seis caracteres, así que en 1.000 caracteres caben unas 167 palabras. Multiplicar por 167 una tarifa por palabra la pasa a tarifa por millar, y con eso dos presupuestos que usan unidades distintas dejan de ser incomparables.
La tarifa de corrección deja entre ocho y treinta y cinco euros la hora, y ahí se ve dónde está el suelo
Traducir a horas la tarifa de un corrector es la comprobación que explica por qué la horquilla es tan ancha. La ortotipográfica de la novela de referencia son del orden de veinte a treinta horas de lectura concentrada, y la de estilo, de cuarenta a sesenta. Con esas cuentas, esos dos importes salen a entre unos ocho y unos treinta y cinco euros la hora, que son brutos de autónomo: de ahí salen todavía la cuota, los impuestos y las semanas sin encargo.
Por eso el extremo bajo no describe a un profesional barato, sino a un texto ya trabajado, corto y sin prisa. Y por eso una tarifa muy por debajo de ese suelo no es una oferta: a ese precio, o el libro no se lee entero o lo lee una máquina.
La tarifa la fija cada profesional, y esa cuenta tiene calculadora. La Tarifadora convierte la tarifa de un encargo en el sueldo mensual que deja, para ver si el trabajo sale a cuenta antes de aceptarlo; la Unión de Correctores la enlaza desde su página de la profesión, en el apartado de calcular el precio por hora.
Si el libro lo publica una editorial, el corrector no le cobra al autor
Las tarifas de corrección las paga quien autopublica. En una editorial tradicional es la editorial quien contrata al corrector y quien recibe su factura, porque asume el coste y el riesgo de publicar; el autor no ve ese importe ni elige a la persona, aunque sí revisa y responde a los cambios propuestos sobre su original.
El caso intermedio es el que conviene mirar dos veces. Si una editorial pide al autor que pague la corrección, lo que ha cambiado no es la tarifa: es quién asume el riesgo, y eso describe otro modelo de negocio. Y si el presupuesto de un servicio editorial trae «corrección» como una sola línea, la pregunta útil no es cuánto cuesta, sino cuál de las tres correcciones de la tabla es y cuántas pasadas incluye.
Qué hacer
Pide el presupuesto con el recuento de caracteres delante y con el nombre exacto de la corrección que quieres, y compara siempre importes con impuestos incluidos. El desglose completo —qué mueve el precio dentro de la horquilla, el correo con las cinco preguntas que igualan dos presupuestos y lo que cuesta no corregir— está en cuánto cuesta corregir un libro; qué hace cada corrección, en qué orden van y cómo se elige a la persona, en corrección de un libro. Dónde encaja este gasto entre los demás, en cómo publicar un libro.