Qué se paga al corregir un libro y qué no
Un presupuesto de corrección paga horas de lectura profesional sobre un texto, no una pasada de revisión automática, y de ahí sale todo lo demás: el precio se comporta como el de una traducción —proporcional al tamaño y al estado del material— y no como el de un trámite con tarifa fija.
Lo que entra en la factura son tres trabajos que se contratan por separado y se facturan por separado. La corrección de estilo trabaja sobre lo que el texto dice; la corrección ortotipográfica aplica la norma; y la corrección de pruebas se hace sobre el libro ya montado en páginas, sobre las galeradas. Qué hace exactamente cada una y en qué orden van está en corrección de un libro; esta página mira sólo el dinero.
Y hay tres cosas que se confunden con la corrección y se cotizan aparte, cada una con su nombre. El informe de lectura o edición de desarrollo, que diagnostica si el libro funciona antes de pulirlo. La corrección de contenido, que comprueba si lo que se afirma es cierto y la hace alguien que sabe del tema. Y maquetar el libro, que es otro oficio y otra factura. La Unión de Correctores, que es la asociación española de la profesión, las enumera en su página de la profesión como servicios distintos: la corrección —de contenido, de estilo, ortotipográfica o de pruebas—, la revisión de traducciones y la asesoría lingüística.
Distinguirlas importa por una razón práctica: cuando un presupuesto sorprende por caro o por barato, lo primero que hay que mirar es cuál de esas tres cosas está dentro y cuál se ha quedado fuera.
Cuánto cuesta cada corrección en una novela de 250 páginas
Una novela de 250 páginas ronda los 400.000 caracteres con espacios, y ése es el tamaño con el que están hechas todas las cuentas de esta página. Es también el libro de referencia de cuánto cuesta autopublicar un libro, así que las cifras de las dos páginas son comparables entre sí.
| Trabajo | Por 1.000 caracteres | Novela de 400.000 caracteres | ¿Se puede saltar? |
|---|---|---|---|
| Corrección de estilo | 1,25 – 3,00 € | 500 – 1.200 € | A veces |
| Corrección ortotipográfica | 0,75 – 1,75 € | 300 – 700 € | No |
| Corrección de pruebas | 0,50 – 1,00 € | 200 – 400 € | No conviene |
Las tres juntas suman de 1.000 a 2.300 €. Renunciando a la de estilo, que es la única prescindible de las tres, quedan de 500 a 1.100 €. El extremo bajo de cada horquilla es un texto ya trabajado, sin aparato de notas y sin prisa; el alto es un original crudo, con notas o con plazo corto.
Hay una diferencia con el presupuesto general de autopublicar, y conviene explicarla. Allí la corrección aparece con dos partidas —300 – 700 € la ortotipográfica y 500 – 1.200 € la de estilo—, las mismas de esta tabla, pero la pasada de pruebas no está. No es un descuido: aquel presupuesto cuenta las partidas que casi nadie omite, y ésta se omite mucho. Dejarla fuera de la cuenta no es lo mismo que no necesitarla, así que un presupuesto de autopublicación hecho a conciencia lleva de 200 a 400 € más de los que anuncia la cifra redonda. El presupuesto completo, con las otras partidas y con las otras vías, está en cuánto cuesta publicar un libro.
Por qué el precio va por caracteres y no por páginas
El sector cotiza por cada 1.000 caracteres con espacios porque es la única unidad que no cambia cuando cambia el formato del documento. Una página de Word puede tener 1.800 o 3.000 caracteres según el cuerpo de letra, el interlineado y los márgenes que tenga puestos, así que un precio «por página» describe la configuración del fichero, no el trabajo. Los caracteres no dependen de nada de eso.
El dato se saca en veinte segundos y conviene llevarlo puesto al pedir presupuesto. En Word está en Revisar → Contar palabras, en la línea «Caracteres (con espacios)»; cualquier procesador de textos tiene su equivalente. Es la cifra que un corrector va a pedir en el primer correo, y mandarla sin que la pida ahorra una vuelta entera.
De esa unidad sale la única conversión que hace falta saber. En español, una palabra con su espacio ocupa unos seis caracteres, así que en 1.000 caracteres caben unas 167 palabras: una tarifa por palabra se pasa a tarifa por 1.000 caracteres multiplicándola por 167. Los 0,0045 € por palabra de un presupuesto son 0,75 € por 1.000 caracteres, y 0,018 € por palabra son 3 €. Con esa cuenta, dos presupuestos que usan unidades distintas dejan de ser incomparables.
La consecuencia menos obvia es la del tamaño. Como el precio es proporcional, una novela corta de 200.000 caracteres cuesta la mitad que la de referencia y un ensayo de 800.000 cuesta el doble: las horquillas de esta página no son el precio de «un libro», sino el de un libro de 250 páginas, y se escalan directamente.
Qué mueve el precio dentro de la horquilla
Entre el suelo y el techo de cada horquilla hay cuatro variables, y las cuatro son cosas que el autor puede mirar antes de pedir presupuesto.
El estado del original manda sobre todas las demás. Un manuscrito que ya ha pasado por un lector cero y por dos reescrituras se corrige mucho más rápido que uno crudo del mismo tamaño, y el corrector lo ve en la muestra. Es la única variable sobre la que el autor puede actuar y no cuesta dinero: cada pasada propia baja el precio de la ajena.
El aparato del texto. Notas al pie, citas, bibliografía, tablas, términos en otro idioma o topónimos que hay que unificar. Cada uno de esos elementos exige un criterio y mantenerlo igual en trescientas páginas, que es trabajo de memoria además de lectura. Una novela de texto corrido va al tramo bajo; un ensayo con aparato, al alto.
El plazo. Un encargo urgente se cobra con recargo porque desplaza a otros trabajos ya aceptados, y ese recargo no mejora nada del resultado: paga la prisa, y desaparece del presupuesto encargando la corrección con margen.
Qué incluye el encargo. No es lo mismo una pasada que dos, ni una corrección suelta que una que incluye revisar las respuestas del autor a los cambios propuestos y entregar la hoja de estilo del libro.
Y hay una comprobación que ordena todo lo anterior: traducir el precio a horas. La ortotipográfica de la novela de referencia es del orden de veinte o treinta horas de trabajo concentrado, y la de estilo, de cuarenta a sesenta. Con esa cuenta, los 500 € del suelo de la de estilo salen a entre ocho y doce euros la hora, lo que explica por qué ese extremo corresponde a libros cortos más que a tarifas baratas. Quien quiera hacer la cuenta al revés tiene La Tarifadora, una calculadora de tarifas para profesionales de la traducción, la corrección y la edición que la Unión de Correctores enlaza desde su propia web.
Cómo pedir un presupuesto de corrección que se pueda comparar
Dos presupuestos por «corregir mi libro» pueden diferir a la mitad sin que ninguno de los dos sea caro ni barato, porque esa palabra cubre tres trabajos distintos y algunos profesionales los nombran al revés que otros. Hay editoriales y escuelas que llaman «ortotipográfica» a la pasada que se hace sobre el texto ya maquetado, que aquí es la de pruebas; preguntar cuál se está cotizando resuelve la mayoría de las diferencias antes de discutir el precio.
Lo que iguala dos presupuestos son cinco datos. Este correo los pide todos y se puede copiar tal cual:
Hola: tengo una novela terminada de 400.000 caracteres con espacios (unas 250 páginas), sin notas ni tablas, y me gustaría un presupuesto.
- ¿Qué corrección exactamente: de estilo, ortotipográfica o de pruebas?
- ¿Sobre qué unidad calculas el precio y cuál es la tarifa?
- ¿Cuántas pasadas incluye y en qué plazo?
- ¿Entra revisar mis respuestas a tus cambios y la hoja de estilo del libro?
- ¿Cuál es el importe final con impuestos incluidos?
Te mando un fragmento de cinco páginas por si te sirve para ajustar la cifra.
Con esas cinco respuestas, dos presupuestos se ponen en la misma columna y la comparación deja de ser un ejercicio de fe. La quinta es la que más sorpresas da, porque una de las dos cifras puede llevar los impuestos dentro y la otra no, y entonces la diferencia que se estaba discutiendo no era de precio.
Y una señal que conviene reconocer en la respuesta. Un presupuesto cerrado dado sin haber visto una línea del texto no es un precio: es una tarifa plana. Puede salir bien, pero significa que el corrector no ha comprobado en qué estado está el original, que es justo la variable que más mueve el trabajo.
Lo que cuesta no corregir, que es lo que casi nunca se calcula
Saltarse la corrección no ahorra el importe de la corrección: lo aplaza y le suma intereses. La cuenta completa aparece cuando el libro ya está a la venta y alguien señala la errata de la página tres, porque a partir de ahí arreglarla no es sólo corregir.
Un libro publicado con erratas se arregla en tres pasos, y sólo el primero es el que se había ahorrado. Hay que corregir el texto —el mismo precio de siempre—, rehacer la maquetación sobre el texto corregido y volver a generar y a subir los archivos de cada canal. En papel, además, se tiran los ejemplares que quedaran de la tirada anterior. Ese recorrido convierte una partida de 300 € en una de mil y pico, y no compra nada nuevo: deja el libro como debería haber salido.
Hay un caso peor, que es cuando los cambios son de fondo y lo que sale es una edición nueva. Una edición nueva es maquetación nueva y otro ISBN, y la anterior se queda circulando con sus erratas en las bibliotecas y en el mercado de segunda mano, donde nadie la va a actualizar.
Y está el coste que no tiene factura y por eso no entra en ninguna hoja de cálculo: las primeras reseñas. Las erratas son una de las dos cosas que se nombran cuando alguien explica por qué un libro «se nota» —la otra es la maquetación descuidada—, y son irreversibles en un sentido en que el gasto no lo es. Un presupuesto se rehace; una reseña publicada en el primer mes, no.
Cuándo sí es la vía
Pagar las tres correcciones compensa cuando el libro va a estar a la venta más de una temporada, que es casi siempre. La corrección es la única partida del presupuesto cuyo resultado no caduca: la portada se rediseña, los metadatos se retocan y el precio se cambia en una tarde, pero un texto bien corregido lo sigue estando en la quinta reimpresión y en la edición digital y en la traducción, si llega.
Compensa especialmente en el primer libro, y por un motivo que no tiene que ver con ese libro. Leer trescientas páginas de cambios comentados es la formación más barata que existe para un autor, y lo que enseña se queda para el siguiente original, que llegará al corrector en mejor estado y por tanto más barato. Es la partida con mejor retorno a largo plazo del presupuesto entero.
Y compensa el tramo alto de la de estilo cuando el texto es de no ficción, donde la claridad es el producto y no un adorno, o cuando el autor ha llegado a su techo y nota que algo no fluye sin saber qué. Ese diagnóstico es exactamente lo que se está comprando, y no lo da ninguna otra partida.
Si el presupuesto obliga a elegir una sola, la elección correcta es la ortotipográfica, y la razón es económica además de editorial: es la que evita el fallo que se ve desde fuera del libro. Un lector no sabe si la prosa podía ser mejor; ve la errata en la primera página que abre.
Cuándo no es la vía
Gastar en corrección de estilo no cambia nada cuando el problema del texto es de estructura. Si la trama se desinfla o el argumento no se sostiene, una corrección de estilo dejará el libro más legible sin resolver nada, y se habrá pagado por pulir algo que había que rehacer. Lo que hace falta ahí es un informe de lectura, que se contrata aparte y va antes.
Tampoco compensa contratar la de estilo cuando el texto ya ha pasado por lectores beta exigentes y por varias reescrituras. Ese autor ya ha quitado las repeticiones que le iban a señalar, y su dinero rinde más en la ortotipográfica y la pasada de pruebas, que son las dos que quedan sin hacer en la mayoría de las autopublicaciones.
Y no es el momento cuando el original no está terminado. Corregir una versión avanzada es pagar por un texto que va a cambiar, y todo lo que se reescriba después vuelve a estar sin corregir. La corrección es el segundo paso de cómo publicar un libro y va después del punto final, no antes.
Lo que no tiene versión ahorrada en ningún escenario es la pasada de pruebas sobre el libro ya maquetado. Es la más barata de las tres —de 200 a 400 € en la novela de referencia—, y es la única que caza los fallos que sólo existen una vez montado el libro. Con las pruebas de imprenta delante, esos fallos todavía se arreglan gratis; una vez impresa la tirada, ya no.