Qué son las pruebas de imprenta
Una prueba de imprenta es una muestra del libro que se saca antes de la impresión definitiva, y en ese sentido la recoge el diccionario académico: «muestra de la composición tipográfica, que se saca en papel ordinario para corregir y apuntar en ella las erratas que tiene, antes de la impresión definitiva», según el Diccionario de la lengua española. La misma entrada anota que la palabra se usa más en plural, que es como le llega al autor: le piden que revise las pruebas.
Con ese nombre viajan hoy dos cosas distintas, y no se piden ni se pagan igual. Las pruebas de texto son el libro ya maquetado que se lee para corregirlo; en la edición española se llaman también galeradas y lo que se caza en ellas son erratas y descuadres, no cambios de fondo. Las pruebas de máquina —la prueba de color del impresor, o el ejemplar impreso completo— no se leen: se aprueban o se rechazan. Sirven para ver en papel lo que la pantalla no enseña, que es el tono real de las tintas CMYK, el grosor del lomo según el gramaje del papel y cómo responde el acabado de la cubierta.
Sinónimos y término en inglés
«Pruebas», a secas, es como se piden y como se entregan en el oficio, y «galeradas» nombra las de texto, no las de máquina. A las últimas pruebas de preimpresión se las siguió llamando ferros mucho después de que dejaran de serlo: el ferroprusiato era, según el diccionario, la copia fotográfica en papel sensibilizado de color azul intenso que se usó en trabajos de imprenta. En inglés son proofs: Collins define la prueba de imprenta como la impresión de ensayo sacada de la composición —o la salida de una impresora— para corregir errores.
Dónde aparecen
Al autor las pruebas le llegan en dos momentos distintos del final del proceso. Las de texto son la última pasada de corrección, la que va después de la corrección ortotipográfica y cuyo lugar en el calendario explica cómo se corrige un libro. La prueba impresa viene más tarde, ya cerrada la maquetación, y es la que más se salta quien autopublica: en impresión bajo demanda el ejemplar de prueba se paga al coste de impresión, con el envío aparte, y es la única forma de tener el libro en la mano antes de ponerlo a la venta. Ojo con el trámite: una prueba no vale como ejemplar de depósito legal, que exige el libro tal como va a venderse.