El envío tiene cuatro piezas, y el libro es la última
Un envío a prensa se compone de cuatro cosas, y sólo una de ellas es el libro. La primera es el nombre de una persona: el periodista que firma la sección donde tu libro encajaría, no la dirección genérica de la redacción. La segunda es el asunto, donde va el ángulo ya resuelto: «novela sobre [el episodio local que sea], documentada en el archivo municipal» dice algo; «presentación de mi primera novela» no dice nada. La tercera es la nota: dos párrafos, el tema y quién eres, más una foto de la cubierta y otra tuya en alta resolución, enlazadas y no adjuntas. Y la cuarta es la oferta del ejemplar, que en ese primer correo es una frase y no un paquete.
El calendario va contado hacia atrás desde la fecha de publicación. El primer correo sale unas ocho semanas antes, cuando el libro todavía es una novedad por llegar y no una que ya pasó; el ejemplar o la copia de lectura anticipada, unas cuatro semanas antes, y sólo a quien haya contestado. El resto del calendario de lanzamiento está en promocionar un libro.
Que el peso lo cargue el ángulo y no el libro tiene una razón aritmética. En 2024 se inscribieron 89.347 libros en el ISBN español, de los que el 22,1 % eran de creación literaria: ser novedad no distingue a un libro de los demás. Lo que sí lo distingue es el tema, y ése el periodista no lo va a escribir en tu lugar.
Escribir al correo profesional de un periodista está amparado, con condiciones
La ley española presume amparado en el interés legítimo el tratamiento de los datos de contacto de las personas físicas que prestan servicios en una persona jurídica, y ahí entra el correo de redacción de un periodista. La presunción tiene dos requisitos, y los dos importan aquí: que se traten únicamente los datos necesarios para su localización profesional, y que la finalidad sea únicamente mantener relaciones con la entidad en la que trabaja. Un correo a la dirección que el propio medio publica, sobre un libro que ese medio podría cubrir, cumple las dos. La ley extiende la misma presunción a los empresarios individuales y a los profesionales liberales —el periodista que colabora por su cuenta— cuando se les trata únicamente en esa condición y no como particulares. Queda fuera lo que se hace por comodidad —la dirección personal, el teléfono privado, la lista comprada—, que ya no es localización profesional de nadie.
El caso límite: el libro que salió hace seis meses
Un libro publicado hace medio año ya no es una novedad para una redacción, y mandarlo como si lo fuera deja el correo sin nada que ofrecer. La vía que queda no es el libro: es un tema. Si el asunto que trata vuelve a la actualidad —un aniversario, una polémica, una sentencia, una efeméride local—, el autor de un libro sobre eso es una fuente disponible, y eso sí se ofrece en cualquier momento. El correo cambia de forma: ya no anuncia una publicación, ofrece a alguien que puede explicar algo.
La otra vía es la de proximidad, y ésa no se cierra con la fecha: un medio local publica al autor de su ciudad mucho después de que el libro dejara de ser novedad. Si de ahí sale una frase utilizable, termina en la faja o en la ficha, y dura lo que dure la edición.
Qué hacer
Haz la lista antes de escribir un solo correo: diez o doce medios donde tu libro tenga un sitio evidente, con el nombre de la persona que firma esa sección y el ángulo concreto para cada uno, escrito en una línea. Manda el primer correo unas ocho semanas antes, con la nota corta y sin adjuntos; espera diez días; recuerda una vez; manda el ejemplar sólo a quien conteste. Y cuenta con el silencio desde el principio: no contestar es lo barato para una redacción, y no es una valoración del libro.
Lo que la prensa no hace es colocar el libro donde se vende, que se trabaja aparte —en cómo entro en una librería— ni sustituye a las primeras opiniones de lectores, que van por su cuenta en cómo consigo reseñas de mi libro. Dónde encaja todo esto en el proceso, en cómo publicar un libro.