Lo que se negocia con un librero no es el precio
En España el precio del libro lo fija el editor —es decir, tú, si te autopublicas— y el librero está obligado a respetarlo. La Ley 10/2007 obliga a establecer un precio fijo de venta al público y a indicarlo en el propio ejemplar, y deja al lector una horquilla estrecha: el precio que paga puede oscilar entre el 95 % y el 100 % de esa cifra. Cinco puntos es todo lo que la ley deja al escaparate, así que un librero no puede llenar la tienda vendiendo tu libro más barato que el de la mesa de al lado. Lo que mueve su cuenta son el margen y el espacio.
De ahí sale la conversación real, y no se parece a presentar un manuscrito. El descuento de librería habitual ronda el 30 % del precio de venta sin IVA: en una novela de 18 € de portada, con el 4 % de IVA descontado, el librero se queda 5,19 € por ejemplar. Y espera además no arriesgar dinero, porque el espacio de estantería que te dé se lo quita a un título que ya sabe que vende. Por eso la fórmula que abre puertas es el depósito: dejas los ejemplares, la librería te liquida sólo los que venda y te devuelve el resto. La alternativa, la venta en firme, le pide que compre por adelantado un libro que nadie le ha pedido todavía.
El caso límite: un libro que se fabrica de uno en uno
Un libro que sólo se imprime cuando alguien lo compra no llega a la librería en las condiciones que la librería necesita, y ese es el caso en que este consejo cambia. La impresión bajo demanda y la distribución ampliada de las plataformas hacen que el título sea pedible: una librería puede encargarlo, pero le llega con menos margen del habitual y sin derecho de devolución, que son justamente las dos cosas que necesita para arriesgarse con un autor que no conoce. La vía entonces no es el catálogo sino tú, con una caja de ejemplares ya impresos.
Qué hacer
Empieza por dos o tres librerías donde ya seas cliente, no por la más grande de la ciudad, y ve con el libro terminado en la mano. Lleva el ISBN tramitado, el precio impreso en el ejemplar y una ficha de media página con el título, el género, el precio y una línea de argumento, que es lo que el librero necesita para decidir sin tener que leerse el libro. Ofrece de entrada tres o cinco ejemplares en depósito, deja por escrito el descuento que aplicas y la fecha en que pasarás a recoger lo no vendido, y vuelve tú a preguntar en vez de esperar la llamada. Lo que convierte esos cinco ejemplares en un pedido es que alguien entre a preguntar por el libro, así que la visita a la librería acompaña a la promoción y no la sustituye. El circuito completo —qué hace una distribuidora, qué porcentaje se lleva cada eslabón y qué conviene preguntar por escrito— está en cómo distribuir un libro, y dónde encaja esta decisión en el resto del proceso, en cómo publicar un libro.