El plazo cambia según quién firme el libro
La vida del autor más setenta años es el plazo general en España, pero la ley fija otros tres para los libros que no llevan una sola firma identificada, y conviene saber cuál es el tuyo antes de contar años. Estos son los cuatro casos y el hecho desde el que se cuenta cada uno:
| Caso | Cuánto dura | Contado desde |
|---|---|---|
| Obra firmada por un autor | Su vida y 70 años más | Su muerte o declaración de fallecimiento |
| Obra anónima o seudónima | 70 años | La divulgación lícita de la obra |
| Obra en colaboración | La vida de los coautores y 70 años más | La muerte del último coautor superviviente |
| Obra colectiva | 70 años | La divulgación lícita de la obra |
El cómputo tiene una regla que evita cuentas equivocadas: los plazos se cuentan desde el 1 de enero del año siguiente al hecho que los dispara, no desde el día exacto. Dos autores fallecidos el mismo año, uno en enero y otro en diciembre, entran en el dominio público el mismo día. Y si una obra seudónima revela a su autor antes de que venza su plazo, se vuelve a la regla general: la vida y setenta años.
La duración de tus derechos no es la duración del contrato
Son dos relojes distintos y confundirlos es el error que más caro sale al firmar. La duración legal —setenta años tras tu muerte— dice hasta cuándo hay derechos que explotar; el contrato dice quién los explota y durante cuánto, y ese tramo tiene tope legal. Una cesión de derechos queda limitada por ley a cinco años cuando el contrato no dice cuánto dura, y un contrato de edición se extingue en todo caso a los quince años de haber puesto el autor al editor en condiciones de reproducir la obra.
De ahí sale la consecuencia práctica: ceder «los derechos» no es entregar los setenta años, y un contrato de edición no puede retenerlos más de quince. Cuando la cesión vence, la explotación vuelve al autor o a sus herederos con el plazo legal todavía corriendo. Qué se cede exactamente y cómo se recupera está en derechos de autor.
El caso límite: los autores que murieron antes de diciembre de 1987
Un libro cuyo autor falleció antes del 7 de diciembre de 1987 no dura setenta años, sino ochenta. La ley vigente reserva a esos autores la duración de la Ley de 1879, que transmitía la propiedad intelectual a los herederos «por el término de ochenta años», y esa es la razón por la que algunos clásicos españoles entraron en el dominio público bastante más tarde de lo que la cuenta corta haría pensar. Si vas a reeditar, anotar o traducir a un autor del siglo XIX o de la primera mitad del XX, la cuenta que sirve es esa.
Los setenta años son el plazo español, no el mundial
Cada país fija la duración de los derechos dentro de su territorio, así que una obra puede estar libre en España y seguir protegida en el mercado al que quieras exportarla. El Convenio de Berna sólo impone un suelo común —la vida del autor y cincuenta años— y permite expresamente a los países firmantes conceder plazos más largos, que es lo que hace España. La cuenta se comprueba en el país donde se vaya a publicar, no en el propio.
Qué hacer
Sitúa tu libro en la tabla de arriba, apunta el año del hecho que dispara el plazo y cuenta desde el 1 de enero siguiente. Para un autor vivo la conclusión es corta y vale la pena tenerla presente el día de la firma: tus derechos van a sobrevivirte muchos años, así que un plazo largo de cesión pesa mucho más de lo que parece.
Si lo que quieres es trabajar sobre una obra ajena, comprueba primero si ha entrado ya en dominio público con la regla de los ochenta años, no con la de los setenta, y recuerda que el derecho moral no caduca: reconocer la autoría y respetar el texto siguen siendo exigibles después del plazo. Y si lo que te preocupa es probar que la obra es tuya, eso es un problema distinto de cuánto dura, y se resuelve en cómo registro los derechos de mi libro. El proceso completo, desde el manuscrito hasta la venta, está en cómo publicar un libro.