Fiable no quiere decir conocida: quiere decir que el riesgo lo pone ella
La fiabilidad de una editorial se mide en una sola cosa antes de mirar ninguna otra, y es de qué bolsillo sale el dinero. La ley define el contrato de edición como aquel en el que el autor cede el derecho de reproducir y distribuir su obra y el editor se obliga a hacerlo por su cuenta y riesgo, así que una editorial tradicional que te pide dinero está incumpliendo la descripción de lo que dice ser. Es además la criba que puedes hacer antes de enviar nada, leyendo sólo lo que el sello ofrece por escrito.
El motivo es económico, no ético. Writer Beware, el observatorio de fraudes editoriales de la asociación de autores de ciencia ficción y fantasía, lo resume en una mecánica que vale igual aquí: un editor que ya tiene hecho su beneficio antes de que el libro se imprima conserva mucho menos incentivo para gastar en corrección, distribución y promoción, porque las ventas pasan a ser la propina. No hace falta mala fe para que el resultado sea malo. Y avisa de algo más reciente: «híbrida» es la etiqueta con la que muchas editoriales de pago buscan sonar más respetables, así que quien se la pone pide más comprobación, no menos.
El caso límite: la editorial que no engaña, pero no cumple
Hay un segundo tipo de riesgo que no aparece en ninguna criba previa, porque el sello es real, el contrato es correcto y el problema llega después: el libro no sale en plazo, no se repone, nadie lo mueve o la empresa cierra. Aquí lo que distingue a un autor protegido de uno atrapado no es haber elegido bien, sino saber qué palancas trae la ley de serie.
El editor está obligado a distribuir la obra en el plazo y las condiciones pactadas, a asegurarle una explotación continua y una difusión comercial conforme a los usos del sector, y a liquidar al menos una vez al año cuando la remuneración es proporcional. Si no edita en el plazo convenido, el autor puede resolver el contrato; si falla en la difusión o en la liquidación, también, pero antes hay que requerírselo expresamente —de ahí que las reclamaciones se hagan por escrito y se guarde la copia—. Y si la empresa se liquida o cambia de dueño antes de haber empezado a reproducir la obra, el autor puede resolver devolviendo el anticipo que hubiera cobrado.
Conviene saberlo porque el contraste con otros mercados es grande. Writer Beware lo advierte de los contratos que vigila, y los casos que reúne son de fuera de España: son contratos en exclusiva que a menudo no se pueden terminar a voluntad, así que cuando la cosa va mal el autor se queda atrapado dentro. En España esas salidas están escritas en la ley, no en el contrato, y no dependen de que el editor sea generoso al redactarlo.
Qué hacer
Antes de firmar, comprueba tres cosas y pregunta una. Que el dinero no salga de ti en ningún concepto, ni como tarifa ni como compra de ejemplares. Que el contrato exprese el número máximo y mínimo de ejemplares y tu remuneración, sin los cuales es nulo. Y que fije el plazo de puesta en circulación, que no puede pasar de dos años desde que entregas la obra. La pregunta es con qué distribuidor trabaja el sello y en qué librerías están sus libros, porque la distribución es la parte que no puedes suplir tú.
Qué sello encaja con tu libro está en cómo elijo una editorial, el detalle de las cláusulas en contrato de edición, y el conjunto del proceso en cómo publicar un libro.