El catálogo manda, y el catálogo se comprueba
Elegir editorial es buscar el sello cuyo catálogo se parece al libro que has escrito. Un sello publica lo que publica: unas materias, unos formatos, unos autores y un número de títulos al año que no cambia porque llegue tu manuscrito. Si lo que escribes no aparece en su catálogo de los dos últimos años, ese sello es el sitio equivocado por mucho que te gusten sus libros.
Lo bueno es que eso se puede mirar sin fiarse de la web del sello. La base de datos de libros editados en España, del Ministerio de Cultura, se nutre de lo que el propio editor declara al tramitar el ISBN y permite buscar por editorial acotando los años, así que devuelve la lista real de lo que ese sello ha puesto a la venta y cuándo. Es la diferencia entre leer «publicamos narrativa contemporánea» y ver, uno a uno, los títulos que sacó el año pasado.
Un aviso al leer esa lista: cuenta registros de ISBN, no libros distintos. Cada formato lleva el suyo, así que el papel y el ebook de una misma obra aparecen dos veces.
Cuántos títulos, qué colección y quién distribuye
Dos sellos que publican lo mismo dan resultados muy distintos, y la diferencia está en cuántos libros sacan al año, en qué colección entraría el tuyo y en quién los lleva a la librería. Un catálogo grande reparte el esfuerzo de promoción de forma desigual, y los dos o tres títulos de la temporada se llevan la campaña: en un sello que publica cien libros al año, el tuyo compite con noventa y nueve.
La colección condiciona el precio, el formato, el diseño y el lector al que se dirige la fuerza comercial, así que saber en cuál entraría tu libro dice bastante más que el nombre del sello en la cubierta. Y la distribución es la parte que un autor no puede suplir solo: preguntar con qué distribuidor trabaja el sello, y en qué librerías se encuentran sus libros, dice más sobre lo que va a pasar con el tuyo que cualquier declaración de intenciones. Conviene mirar también qué hace con su fondo: un sello que mantiene vivos los libros de hace cinco años trata el catálogo de otra manera que uno que sólo empuja novedades.
El caso límite: elegir cuando ya tienes un sí
Cuando una editorial dice que sí, la pregunta deja de ser a quién envío y pasa a ser si esto me conviene, y no se responde igual. Aquí lo que se compara ya no es el catálogo sino la oferta concreta, y la ley pone un suelo del que conviene no bajar: el contrato debe fijar el número máximo y mínimo de ejemplares y la remuneración del autor —sin esos dos extremos es nulo—, el plazo para poner los ejemplares en circulación no puede pasar de dos años desde que entregas la obra, y el editor de una editorial tradicional está obligado a asegurarle a la obra una explotación continua y una difusión comercial conforme a los usos del sector.
Y hay una línea que no se cruza: si en algún momento el dinero sale de ti, eso no es una editorial tradicional sino una editorial de pago o una propuesta de coedición, con independencia de cómo se presente. No es ilegítimo, pero es otro trato y se decide con otras cuentas. El resto de cláusulas —plazo, territorio, digital, descatalogación— está en el contrato de edición.
Qué hacer
Haz una lista de ocho o diez sellos cuyo catálogo de los dos últimos años se parezca a tu libro, compruébalo en la base de datos del ISBN en lugar de en su página de presentación, y ordénala por preferencia. Mira después las normas de envío de cada uno y respétalas, manda a varios a la vez y anota a quién y cuándo. Cómo se prepara ese envío está en cómo envío mi manuscrito a una editorial, y qué se cede al firmar en publicar con editorial tradicional; si la puerta de tu género pasa por agencia, en cómo consigo un agente literario. Y dónde encaja esta decisión en el resto del proceso, en cómo publicar un libro.