El descuento del 10 % lo decide quien organiza la feria, no quien vende el libro
La Ley 10/2007 permite aplicar hasta un 10 % de descuento sobre el precio fijo en el Día del Libro y en las ferias, congresos y exposiciones del libro, y añade dos condiciones que casi nadie cita: que así lo determinen sus entidades organizadoras y que éstas pertenezcan a los sectores de la edición y la comercialización del libro. La ventana no la abre la fecha ni el nombre del acto, sino quién lo convoca y qué decide.
Donde sí se abre, deja de ser una opción. El reglamento de la Feria del Libro de Madrid obliga a sus participantes a aplicar ese 10 % sobre el precio de venta al público mientras dure la feria, sólo a compradores finales y dentro del recinto, y les prohíbe cualquier descuento adicional. Es una de las pocas ventanas en las que el precio de un libro español se mueve más del 5 % que consiente el resto del año, y por eso la feria es una fecha comercial y no una tradición.
En la Feria de Madrid un autor no puede alquilar una caseta, y el motivo no es el precio
El reglamento de la Feria del Libro de Madrid enumera quién puede participar —librerías, editoriales, distribuidoras, instituciones y organismos públicos, y las entidades que sean expresamente invitadas—, y un autor a título individual no aparece en esa lista. El anexo lo estrecha todavía más: las librerías tienen que ser miembros de la asociación madrileña del comercio del libro y las editoriales, de la Asociación de Editores de Madrid o de un gremio federado en la Federación de Gremios de Editores de España.
Y hay una exclusión que apunta directamente a este lector. El mismo anexo deja fuera a quien se dedique de forma relevante —más del 25 % de sus ingresos brutos anuales— a la autoedición, a los servicios editoriales o a la impresión bajo demanda, y define autoedición como el libro editado directamente por el autor o cuya edición se financie con capital procedente de él. La puerta no se cierra por lo que cuesta la caseta: se cierra antes, en el requisito de admisión.
No todas las ferias funcionan así. Hay convocatorias locales que admiten mesas de autores, de asociaciones o de colectivos, con reglas propias sobre el descuento y sobre quién cobra. Lo que no existe es una regla común, así que las bases de cada feria se leen una por una antes de contar con nada.
Qué hacer
Empieza por el revés de lo que casi todo el mundo intenta: en vez de buscar un sitio donde ponerte, busca una librería que ya venda tu libro y pídele una hora de firma en su caseta. El coste para ti es cero, el ejemplar sale de su stock y lo vende alguien que sabe venderlo. Eso hay que cerrarlo semanas antes, cuando el libro entra en su pedido, y no la semana de la feria; cómo se llega hasta ahí está en cómo entro en una librería.
Si hay firma, cuéntalo con margen: en Madrid las actividades promocionales, sean o no de venta, se comunican por escrito a la dirección de la feria con al menos 72 horas de antelación, y el silencio se entiende como negativa. Lo pide la librería, no tú, pero llegar dos días antes con la idea deja el acto fuera.
Y si no hay firma, ve igualmente y ve a hablar. Pocas veces en el año hay decenas de libreros localizables durante horas seguidas, y una conversación de cinco minutos vale más que el correo que ibas a mandarles en octubre.
Y mide lo que te llevas por lo que dura, no por lo que se vendió esa tarde: un librero convencido, una lista de gente a la que escribir y unas fotos utilizables. El mismo criterio, aplicado al otro acto clásico, está en cómo organizo la presentación de mi libro; el conjunto de la promoción, en promocionar un libro; y dónde encaja todo esto entre las demás decisiones, en cómo publicar un libro.