La pregunta no es de dónde sale la imagen, sino qué licencia trae
El buscador donde aparece una foto no es su origen: es un escaparate de archivos alojados en otros sitios, cada uno con sus propias condiciones, y ninguna de ellas se deduce de la miniatura. La ley española protege las obras fotográficas y reserva al autor «el ejercicio exclusivo de los derechos de explotación de su obra», que no pueden ejercerse sin su autorización. Una portada que se imprime y se vende ejerce dos de esos derechos a la vez, reproducción y distribución.
Y el listón para que haya alguien a quien pedir permiso es más bajo de lo que suele suponerse. Aunque una imagen no llegue a ser obra protegida, quien la hizo conserva un derecho exclusivo de reproducción, distribución y comunicación pública durante veinticinco años: la ley lo llama mera fotografía. Una captura sin pretensiones o una foto de producto tomada por un desconocido sigue teniendo, por tanto, un titular vivo.
La tienda tampoco se pone de perfil. Las pautas de KDP dicen que no aceptan «contenido protegido por derechos de autor que esté disponible gratuitamente en Internet a menos que lo proporcione el propietario de los derechos de autor», y asignan a autores y editores la responsabilidad de asegurar que su contenido no infringe ningún derecho de autor, marca, privacidad o imagen.
El caso límite son las imágenes gratis, que también tienen condiciones
Gratis y libre no son lo mismo, y las licencias abiertas se distinguen entre sí justo en lo que tú necesitas. Las seis licencias vigentes de Creative Commons exigen dar crédito, y la condición NoComercial prohíbe el uso que «pretende principalmente obtener ventaja comercial o compensación monetaria», que es exactamente lo que hace un libro a la venta. Un archivo en CC BY-NC no vale para una cubierta comercial por muy descargable que sea.
Otras sí llegan hasta ahí. La licencia de Unsplash concede un permiso irrevocable y mundial para descargar, copiar, modificar y usar sus fotos gratis, incluso con fines comerciales y sin atribuir al fotógrafo; lo que excluye es venderlas sin una modificación significativa. Y las de pago dicen su alcance con números: la estándar de un banco de imágenes es perpetua y mundial y cubre hasta 500.000 copias del recurso, mientras que los productos en los que la imagen es lo que se vende quedan reservados a la licencia ampliada.
Queda una capa que ninguna licencia de copyright resuelve, y es la de lo que aparece dentro de la foto: una cara identificable, una marca, un edificio reconocible. El permiso del fotógrafo no es el permiso de la persona retratada, y por eso una imagen impecablemente licenciada puede seguir sin servir para una cubierta. Es el mismo reparto de responsabilidad que en puedo usar IA para la portada.
Qué hacer
Ve al archivo original antes que a la imagen. Abre la página que la aloja, busca su licencia escrita y comprueba tres cosas en ella: si permite uso comercial, si exige atribución y en qué forma, y si pone límite de copias o de soportes. Si no encuentras esa respuesta por escrito, no la tienes; y una respuesta por correo del autor, guardada, vale más que una suposición.
Cuando el archivo no dé garantías, cámbialo en vez de arreglarlo: un banco de imágenes con licencia comercial, un encargo propio o una foto tuya. Las tres tienen lo que a la imagen encontrada le falta, que es un permiso escrito al que remitirse si alguien pregunta. Qué mirar después —medidas, lomo, sangrado, jerarquía— está en diseño de portada, lo mismo que el permiso adicional que piden las fotos del interior en puedo publicar un libro con fotos. El mapa completo, en cómo publicar un libro.