Los dos formatos son ediciones distintas, no dos versiones del mismo producto
La tapa blanda y la tapa dura se dan de alta por separado, cada una con su precio y su liquidación, así que elegir una no descarta la otra: la pregunta real no es cuál de las dos, sino si la tapa dura se sostiene como edición propia. En el contrato de edición se ceden también por separado.
Que la tapa blanda sea el punto de partida no es costumbre: es el formato que admite más tamaños, más extensiones y más opciones de tinta, y el que deja el precio más bajo. La tapa dura entra después, si hay una razón para que exista y alguien dispuesto a pagarla.
Lo que cuesta subir a tapa dura no es lo que cuesta el cartón
Pasar un libro a tapa dura obliga a subir el precio de venta bastante más de lo que sube la fabricación, porque de cada euro que se añade al precio sólo llega al autor el 60 % de regalía. Con la tarifa publicada de KDP para Amazon.es, en tinta negra y tamaño de impresión normal, una novela de 300 páginas cuesta 4,35 € por ejemplar en tapa blanda —0,75 € fijos más 0,012 € por página— y 8,25 € en tapa dura, donde el importe fijo pasa a 4,65 € y el coste por página se queda igual. La diferencia de fabricación son 3,90 €.
La diferencia que hay que trasladar al precio es bastante mayor que esa. La regalía en papel es del 60 % del precio de lista sin IVA desde 9,99 €, y de ahí se resta la impresión: esa misma novela a 14,99 € deja 4,64 € por ejemplar en tapa blanda y 0,74 € en tapa dura. Para que la tapa dura deje los mismos 4,64 €, hay que ponerla a 21,49 €, es decir 6,50 € por encima de la blanda, que son los 3,90 € de cartón divididos entre 0,60. Ese cociente es toda la regla, y no depende del libro.
Y hay un suelo: KDP calcula el precio de lista mínimo dividiendo el gasto de impresión por el porcentaje de regalías, y no deja publicar por debajo. Esa novela de 300 páginas en tapa dura no puede listarse a menos de 13,75 € —8,25 € entre 0,60—, y a ese precio exacto la regalía es cero. Cómo se decide el precio de venta a partir de ahí está en poner precio a un libro.
El caso límite: hay libros que directamente no pueden ir en tapa dura
Un libro corto, de tamaño poco corriente o ilustrado en color se queda sin la opción del cartoné en impresión bajo demanda, y conviene comprobarlo antes de prometérsela a nadie. KDP acepta tapa dura entre 75 y 550 páginas, frente a las 24 a 828 de la tapa blanda, así que un poemario de sesenta páginas está por debajo del suelo y un tomo de setecientas, por encima del techo. Los tamaños también se estrechan: la tapa dura sólo existe en cinco, del 13,97 × 21,59 cm al 20,96 × 27,94 cm.
La restricción que más cara sale es la de la tinta. En tapa dura no hay tinta de color estándar, que es la opción barata: sólo negra o color prémium. Un libro ilustrado de 200 páginas cuesta 5,55 € por ejemplar en tapa blanda con color estándar y 16,05 € en tapa dura con prémium —4,65 € más 0,057 € por página—, casi el triple. Cuánto pesa el color en cada formato está en cuánto cuesta imprimir un libro.
Qué hacer
Publica en tapa blanda y trata la tapa dura como una segunda edición que se justifica con sus propios números. Antes de darla de alta, calcula su gasto de impresión con la extensión real del libro, divídelo entre 0,60 y mira el precio que sale: ése es el suelo, no el precio objetivo. Si ya el suelo queda por encima de lo que cuestan los libros con los que compites, sales a vender con una desventaja que nada compensa.
Y si la sacas, que el lector vea por qué cuesta más: ilustraciones, una edición numerada, un formato pensado para regalar. Una tapa dura idéntica a la blanda salvo en el cartón le pide al comprador seis euros y medio a cambio de nada que pueda ver en la ficha. El resto de decisiones de fabricación, en cómo publicar un libro.