Qué se paga al imprimir un libro y qué no
Imprimir es fabricar ejemplares de un libro que ya está terminado, así que su coste no se parece al de ninguna otra partida del presupuesto: no se paga una vez, se paga por unidad y tantas veces como ejemplares existan. Todo lo demás —corregir, maquetar, la portada, el ISBN— se paga una sola vez valga el libro cien ejemplares o diez mil.
De ahí que la pregunta «cuánto cuesta imprimir un libro» no tenga una respuesta en euros sino dos cifras: cuánto cuesta cada ejemplar y cuántos hay que fabricar antes de vender ninguno. La segunda es la que arruina presupuestos, porque es dinero que se pierde entero si los ejemplares no encuentran comprador.
Lo que sí entra en la factura de una imprenta es el interior impreso, la cubierta, la encuadernación y el acabado. Lo que se factura aparte, casi siempre, es el transporte, las pruebas físicas y cualquier retoque del archivo que la imprenta tenga que hacer por su cuenta.
Y hay tres cosas que se confunden con la impresión y no lo son. La maquetación, que produce el archivo que la imprenta reproduce y se contrata antes y aparte. La distribución, que mueve los ejemplares fabricados y cobra su comisión sobre la venta, no sobre la fabricación. Y el almacén, que no aparece en ningún presupuesto de imprenta y existe desde el minuto en que llega el palé.
Distinguirlas importa por una razón práctica: cuando alguien dice que autopublicar le costó cuatro mil euros, lo primero que hay que averiguar es cuántos ejemplares se fabricaron. El presupuesto de edición, que es el que recoge cuánto cuesta autopublicar un libro, no incluye ni un solo ejemplar impreso.
Cuánto cuesta cada ejemplar según cuántos se fabriquen
El coste por ejemplar baja cuanto más grande es la tirada, y baja mucho: del bajo demanda al offset de dos mil ejemplares hay una proporción de cuatro a uno. Estas son las cifras para una novela de unas 300 páginas, formato de bolsillo o similar, interior en blanco y negro. La primera fila sale de la tarifa publicada por KDP para Amazon.es; las demás son horquillas habituales de las imprentas españolas, que se mueven con el papel, el formato y la urgencia.
| Cómo se fabrica | Ejemplares | Coste por ejemplar | Desembolso previo |
|---|---|---|---|
| Bajo demanda | 1 | 4,35 € | 0 € |
| Digital, tirada corta | 100 | 4 – 6 € | 400 – 600 € |
| Digital, tirada corta | 300 | 2,80 – 4 € | 840 – 1.200 € |
| Offset | 1.000 | 1,50 – 2,20 € | 1.500 – 2.200 € |
| Offset | 2.000 | 1,10 – 1,70 € | 2.200 – 3.400 € |
La columna que decide no es la del coste unitario, sino la de la derecha. Una tirada de mil ejemplares a 1,85 € —el centro de la horquilla— son 1.850 € puestos antes de vender nada, y cada ejemplar sale 2,50 € más barato que bajo demanda: recuperar ese desembolso exige vender unos 740 ejemplares. Hasta ahí la tirada no ha ahorrado nada, sólo ha adelantado el gasto.
Las tiradas cortas en digital ocupan el terreno intermedio y son las peor entendidas. Cien ejemplares apenas bajan el precio unitario respecto del bajo demanda, porque la impresión digital no tiene planchas que amortizar y por tanto tampoco tiene mucho que ganar con el volumen; lo que compran esos cien ejemplares es tener libros en la mano para presentaciones, ferias y venta directa. Trescientos ya empiezan a acercarse al offset, y ahí conviene pedir los dos presupuestos.
Y el salto al offset tiene un umbral práctico en torno a los 500 ejemplares: por debajo de esa cifra, el coste fijo de fabricar las planchas se reparte entre demasiados pocos libros y el precio unitario deja de bajar. Ese es el motivo por el que una primera edición sin público previo casi nunca hace números en offset, y por el que la aritmética de un primer libro apunta a la impresión bajo demanda.
Cuánto cambian el precio las páginas, la tinta y la tapa
Dentro de un mismo sistema de fabricación, el precio de un ejemplar lo fijan tres variables, y la primera es la extensión. En bajo demanda esto se ve con precisión de céntimo porque la tarifa es pública: en Amazon.es un libro de tapa blanda en tinta negra y tamaño normal cuesta 2,05 € por ejemplar hasta las 110 páginas y, a partir de ahí, 0,75 € fijos más 0,012 € por página.
| Extensión | Tapa blanda, tinta negra | Tapa dura, tinta negra |
|---|---|---|
| 200 páginas | 3,15 € | 7,05 € |
| 250 páginas | 3,75 € | 7,65 € |
| 300 páginas | 4,35 € | 8,25 € |
| 400 páginas | 5,55 € | 9,45 € |
La tapa dura sube el importe fijo de 0,75 a 4,65 € y deja igual el coste por página, así que encarece cada ejemplar en unos cuatro euros con independencia de lo gordo que sea el libro. Ese detalle tiene una consecuencia contraria a la intuición: cuanto más largo es el libro, menos pesa la tapa dura en porcentaje. En una novela de 300 páginas casi dobla el coste de fabricación; en un tomo de 500 lo sube algo más de la mitad.
El color es la variable que más multiplica, y por eso conviene decidirla antes de maquetar. En esa misma tarifa, el coste por página pasa de 0,012 € en tinta negra a 0,024 € en color estándar y a 0,0525 € en color prémium: un libro ilustrado de 200 páginas cuesta 5,55 € en color estándar y 11,25 € en prémium, frente a los 3,15 € del blanco y negro. Un cuaderno de fotos a color en medio de una novela obliga a imprimir el libro entero en color, así que esas páginas no cuestan lo que ocupan, cuestan el libro completo.
En tirada el color también multiplica y las cifras, además, se negocian: ahí entran el gramaje del papel, el tamaño y el tipo de encuadernación. Una rústica fresada es la opción de suelo; el cosido sube el precio y aguanta mejor; el cartoné, más.
Qué hay dentro del presupuesto de una imprenta y qué se factura aparte
Un presupuesto de imprenta cubre la fabricación y poco más, así que el precio que aparece en el correo no es el coste de tener los libros en casa. Las partidas que se suman después suelen ser estas cuatro.
El transporte. Mil ejemplares de una novela de bolsillo rondan los trescientos kilos, así que el porte no es un sobre: depende de la distancia y de si hace falta descargar en la calle, y en una tirada corta pesa proporcionalmente más que en una larga, porque se reparte entre menos ejemplares.
El almacenaje. Es el coste que nadie presupuesta porque al principio lo paga el salón de casa. Esos mil ejemplares son un palé que hay que mantener seco y poder mover, y si hay distribuidora de por medio, el almacén es suyo y se cobra.
Las pruebas. Una prueba de color o un ejemplar de muestra antes de tirar los mil se cobra aparte, y es la única partida de esta lista que ahorra dinero en vez de gastarlo: es lo que separa un error de veinte euros de uno de dos mil.
Los retoques del archivo. Si el PDF no cumple las condiciones de la imprenta —sangre insuficiente, imágenes en RGB, tipografías sin incrustar— alguien lo arregla y lo factura. Entregar el interior como PDF/X, que es el formato normalizado para artes gráficas, y en CMYK es lo que evita esa línea del presupuesto.
Hay además un dato que la imprenta necesita y sólo ella puede dar: el grosor del lomo, que depende del papel exacto que se vaya a usar. Se pide antes de cerrar la cubierta, porque una cubierta diseñada con el lomo equivocado no se puede corregir en imprenta.
Cómo pedir un presupuesto de imprenta que se pueda comparar
Dos presupuestos por «imprimir mi novela» pueden diferir al doble sin que ninguno esté inflado, porque una imprenta cotiza sobre un papel de 90 g/m² y otra sobre uno de 70, y ni la una ni la otra lo dice si no se pregunta. La comparación sólo existe cuando las dos cotizan el mismo libro.
Los datos que igualan dos presupuestos son siete, y este correo los pide todos:
Hola: quiero imprimir una novela terminada y me gustaría un presupuesto.
- Formato 13 × 20 cm, 300 páginas, interior en blanco y negro.
- Rústica fresada con solapas, cubierta plastificada mate.
- Interior en papel ahuesado de 80 g/m²; cubierta en cartulina de 260 g/m².
- Precio para 100, 300 y 500 ejemplares, por separado.
- ¿Qué papel exacto habéis cotizado y qué grosor de lomo da?
- ¿El importe lleva impuestos incluidos?
- ¿Está el transporte dentro? Si no, ¿cuánto es hasta mi código postal?
- ¿Qué prueba puedo ver antes de la tirada y cuánto cuesta?
- ¿Qué condiciones tiene que cumplir el PDF que os mande?
- ¿Cuánto tardáis desde que aprobamos pruebas?
Pedir tres cantidades en el mismo correo es lo que más rinde de esa lista, porque enseña de golpe dónde está el escalón de precio de esa imprenta concreta y si la tirada que se tenía pensada cae justo antes o justo después. Es información que no se obtiene preguntando por una sola cifra.
Y una señal que conviene reconocer: un presupuesto que no nombra el papel no es comparable con ninguno. El papel es una de las partidas grandes de la fabricación, y decir «ahuesado de 80» o «offset de 70» cambia el precio, el grosor del lomo, el peso del envío y el aspecto del ejemplar terminado.
Cuándo sí es la vía
Pagar una tirada por adelantado compensa cuando hay demanda comprobada, y comprobada quiere decir pedidos, no expectativas. El caso claro es el del autor que ya vende en mano —presentaciones, ferias, un colectivo, una institución que va a comprar un lote—, porque ahí los ejemplares no esperan comprador: lo tienen antes de existir.
Compensa también cuando el libro va a estar en librerías con distribuidora, y esta vez por un motivo mecánico y no económico: la librería recibe los ejemplares en depósito o con derecho de devolución, y en las dos fórmulas alguien los ha fabricado antes de que nadie los compre. Cómo funciona esa cadena y qué margen deja está en distribución de libros.
Y hay un tercer caso que no va de dinero: cuando el objeto importa. Un libro ilustrado, un poemario cuidado o una edición conmemorativa tienen decisiones —papel, tintas, guardas, encuadernación cosida— que la impresión bajo demanda no ofrece. Ahí la tirada no se paga para abaratar el ejemplar, sino para poder fabricarlo como se quiere.
En los tres casos la cantidad correcta es la más pequeña que resuelva el problema. Trescientos ejemplares que se venden valen más que mil que se almacenan, aunque los mil salgan más baratos por unidad, porque el ahorro unitario sólo se cobra sobre los ejemplares que encuentran comprador.
Cuándo no es la vía
Fabricar ejemplares por adelantado sale mal cuando el libro no tiene todavía manera de venderse, y el error tiene una forma muy reconocible: mil ejemplares en el trastero de un primer libro sin distribución. Los números lo dicen antes de que pase: si vender 740 parece optimista, la tirada de mil no es un ahorro, es una apuesta con el dinero puesto en el peor sitio posible.
Tampoco compensa cuando el texto todavía puede cambiar. Un libro impreso congela erratas: cualquier arreglo posterior obliga a rehacer la maquetación y deja sin valor los ejemplares que queden en el almacén, que es exactamente la cuenta que hace cuánto cuesta corregir un libro. Las pruebas de imprenta son la última frontera en la que un error todavía es gratis.
Y no compensa cuando el objetivo es probar si el libro funciona. Publicar bajo demanda o en digital no exige poner dinero por adelantado, deja el catálogo abierto y da algo que ninguna tirada da: datos de venta reales antes de comprometer nada. Con esas cifras, la decisión de imprimir deja de ser una intuición y pasa a ser una cuenta.
Lo que no tiene versión ahorrada en ningún escenario es la prueba física antes de tirar. Es la partida más barata de todas las que aparecen en esta página y la que evita el gasto grande, porque un fallo de color, de márgenes o de lomo sólo se ve en papel. Dónde encaja esta decisión en el conjunto del proyecto está en cómo publicar un libro.