Qué es la tapa blanda
Un libro de tapa blanda es el que se dobla con la mano: la cubierta es de cartulina, se pega directamente al bloque de hojas y no lleva cartón rígido debajo. La acepción de tapa que da el diccionario académico —«cada una de las dos cubiertas de un libro encuadernado»— no pide que sean rígidas, así que el compuesto no se contradice a sí mismo, aunque la Academia no lo recoja entre las locuciones de esa entrada.
Lo que el nombre no dice es cómo se sujeta el interior. La tapa blanda corriente lleva el lomo fresado —las hojas raspadas y encoladas, sin hilo—, pero la misma cubierta flexible puede ir sobre una tripa cosida, que aguanta más y cuesta más. Por eso conviene pedir el formato con su apellido cuando quien escucha es una imprenta.
Sinónimos y término en inglés
Rústica es esto mismo dicho desde el taller, y este sitio reparte las dos palabras según dónde aparezcan: rústica en el presupuesto de una imprenta y en la casilla de encuadernación; tapa blanda en la ficha comercial y en el catálogo de una plataforma. Bolsillo no es sinónimo, aunque lo parezca: un libro de bolsillo casi siempre va en tapa blanda, pero nombra una edición más pequeña y más barata, y en el contrato de edición se cede como modalidad aparte. En inglés es paperback, que el Oxford define también por el exterior, «a book that has a thick paper cover», y al que ese mismo diccionario opone el hardback.
Dónde aparece
La tapa blanda le sale al autor al dar el libro de alta, no al escribirlo. En impresión bajo demanda es el formato corriente y llega con lo demás decidido: el lomo va fresado, la cubierta se entrega en un solo archivo y el número de páginas tiene tope por abajo y por arriba, más holgado que el de la tapa dura. Si el manuscrito se sale de ese rango, el arreglo es de maquetación, no de acabado.
Y reaparece en el trámite, porque cada formato es una edición distinta: la tapa blanda necesita su propio número, como explica cómo conseguir el ISBN de un libro, y lleva su propio precio de venta, del que sale la regalía.