Qué es la tapa dura
Un libro de tapa dura no se dobla con la mano: sus dos tapas son cartón rígido —de dos a dos milímetros y medio— forrado por fuera con un papel impreso que se plastifica, y revestido por dentro con guardas. Esas guardas no son adorno. Son la pieza que sujeta cada tapa al bloque de hojas, así que aquí el interior no va pegado a la cubierta como en la rústica, sino colgado de ella.
Un cartoné puede llevar los pliegos cosidos con hilo o el lomo simplemente fresado y encolado, que es lo que hace una tapa blanda corriente: cómo se sujeta la tripa es una casilla del presupuesto y el exterior es otra, y se deciden por separado. De las tres encuadernaciones que se le ofrecen a un autor es la que más aguanta, la que más cuesta y la que más tarda, porque montar esa cubierta lleva pasos que la rústica no tiene.
Sinónimos y término en inglés
Cartoné es el nombre de la tapa dura en el taller, y es la palabra que aparece en el presupuesto de una imprenta; tapa dura es la de la ficha comercial y la del catálogo de una plataforma. De las dos, el diccionario académico no trae «cartoné» —la consulta devuelve que no está en el Diccionario— y tampoco recoge «tapa dura» entre las locuciones de tapa, aunque sí conserva de esta operación meter en tapas: «colocar dentro de las tapas el libro ya cosido y preparado». En inglés es hardback, definido también por el exterior, «a book that has a stiff cover», con hardcover como variante norteamericana; es el término que el Oxford opone a paperback.
Dónde aparece
La tapa dura le sale al autor por primera vez en el presupuesto de una tirada, donde es una casilla con partidas propias: el cartón, el forro, las guardas y, si la lleva, la sobrecubierta, que es donde van las solapas de un cartoné.
En impresión bajo demanda también está, pero recortada. KDP la fabrica con la cubierta laminada directamente sobre un cartón de dos milímetros, sin camisa, y con un suelo de 75 páginas que deja fuera al libro breve: para la tapa blanda bastan 24. Quien se quede corto no lo arregla cambiando de acabado, sino en la maquetación.
Y reaparece en el trámite, porque cada formato es una edición distinta: la tapa dura necesita su propio número, como explica cómo conseguir el ISBN de un libro, y lleva su propio precio de venta.