El 15 % se descuenta de todo lo que llega, incluido el anticipo
La comisión de un agente literario se aplica sobre el dinero que el contrato genera para el autor, y no sobre el precio del libro ni sobre la facturación de la editorial. En España ronda el 15 % para las ventas en el idioma del manuscrito, y de ahí sale la única cuenta que hace falta: el autor cobra el 85 % de lo que le corresponda.
Con las cifras de cuánto gana un escritor, una novela de 18 € con un 10 % de regalía sobre el precio sin IVA deja 1,73 € por ejemplar; con agente, 1,47 €. Sobre mil ejemplares vendidos son unos 260 € de comisión. Y el anticipo no queda fuera: si un debut cobra 2.000 € a cuenta, 300 € son de la agencia y 1.700 € del autor.
El cobro va en ese orden porque el dinero pasa antes por la agencia que por el autor. La editorial liquida a la agencia, la agencia descuenta su comisión y transfiere el resto, y la propia asociación del sector lo dice al describir la relación: el agente responde fiscalmente de las sumas cobradas por cuenta de su representado. Quien firma con una agencia le está encargando también la gestión de sus cobros.
Los tres tramos no cobran lo mismo
Un contrato de representación tiene más de un porcentaje, y el que se cita suelto es sólo el primero. ADAL recomienda comprobar antes de firmar los porcentajes de las comisiones del idioma del manuscrito, de las traducciones y del formato audiovisual, que son tres tramos distintos con tres cifras que no tienen por qué coincidir.
La razón de que los otros dos suban —lo corriente es verlos entre el 20 % y el 25 %— es que ahí casi nunca hay una sola agencia. La venta de derechos de traducción en otro país la cierra un subagente local, y ese porcentaje mayor se reparte entre las dos agencias en vez de quedárselo una. Al autor eso no le cambia la cuenta: lo que descuenta el contrato es el porcentaje total, se lo repartan dos agencias o una, así que el número que hay que preguntar es ése y no el de cada parte.
Quien cobra por adelantado está cobrando otra cosa
Una agencia literaria no factura por leer un original. Lectura y revisión del manuscrito figuran entre los servicios que la agencia presta después de aceptar la obra, no entre los que se pagan para que la lea, y el modelo entero se sostiene en que la agencia sólo ingresa si el autor ingresa.
Por eso una tarifa por informe de lectura, una cuota de alta o un pago por «tramitar» el envío a editoriales describen un servicio distinto, que puede ser legítimo y de pago —un informe editorial lo es— pero no es representación. Es la misma frontera que separa a una editorial de una editorial de pago: quién arriesga primero. Si alguien pide dinero por adelantado, conviene saber exactamente qué se compra antes de pagarlo.
Qué hacer
Pregunta los tres porcentajes juntos, no sólo el del idioma del manuscrito, y pídelos por escrito el día que haya una oferta encima de la mesa: antes de aceptar el material, las agencias no responden a eso. Comprueba a la vez la duración del compromiso y la política de cancelación, porque son las cláusulas que deciden cuánto tiempo sigue cobrando la agencia. Cómo se llega hasta esa oferta está en cómo consigo un agente literario, qué se firma después en el contrato de edición, y dónde encaja todo esto en el resto del proceso, en cómo publicar un libro.