El calendario lo marca la ruta elegida, no el libro
Dos libros idénticos tardan tiempos muy distintos según por dónde salgan, y la diferencia se mide en años. Quien autopublica arranca el reloj con el manuscrito terminado y sólo depende de encadenar bien tres trabajos. Quien busca editorial lo arranca mucho antes, en el envío, y la mayor parte de la espera no la controla.
| Etapa | Autopublicando | Con editorial tradicional |
|---|---|---|
| Decisión de publicar | Inmediata: la tomas tú | 3 – 9 meses, y a veces no llega respuesta |
| Corrección | 1 – 2 semanas la ortotipográfica; 2 – 4 la de estilo | Dentro del calendario de la casa |
| Maquetación y portada | Desde unos días hasta dos semanas | Dentro del calendario de la casa |
| Trámites: ISBN, depósito legal | Días laborables | Los hace la editorial |
| Del sí a estar a la venta | 3 – 6 meses | 9 – 18 meses desde la firma |
Contado desde el mismo punto de partida —el texto terminado—, eso son entre tres y seis meses por un lado y entre uno y dos años por el otro. De esa segunda cuenta, la parte que se va sólo en esperar el sí o el no está en cuánto tarda una editorial en responder. La tabla también explica por qué las dos cifras no son comparables sin más: en la columna de la izquierda el autor puede acortar plazos pagando por ellos; en la de la derecha, no hay nada que pagar.
La espera larga casi nunca es la del trámite
Los trámites administrativos de publicar se resuelven en días laborables, así que no son lo que retrasa un libro. El ISBN tarda unos cinco días laborables por la vía normal y dos por la urgente. La revisión de la tienda antes de poner un título a la venta va de 3 a 10 días hábiles en Amazon, con hasta 72 horas más hasta que aparece en los resultados de búsqueda. El depósito legal es el que peor aguanta las prisas, porque su número tiene que estar impreso en el libro y depende de la oficina de cada comunidad autónoma.
Lo que se lleva los meses es otra cosa. Por un lado, el trabajo sobre el texto: una corrección ortotipográfica ocupa entre una y dos semanas y una de estilo entre dos y cuatro, y la maquetación va detrás, no en paralelo. Por otro, en la vía tradicional, la agenda: el calendario de novedades se planifica con mucha antelación y un título entra donde hay hueco.
El caso límite: firmar el contrato no fija la fecha de publicación
Un contrato firmado no obliga a publicar pronto, sino dentro del plazo que él mismo diga, y ahí es donde la espera se estira sin que nada vaya mal. La Ley de Propiedad Intelectual obliga a que el contrato de edición exprese «el plazo para la puesta en circulación de los ejemplares de la única o primera edición, que no podrá exceder de dos años contados desde que el autor entregue al editor la obra en condiciones adecuadas para realizar la reproducción» (art. 60.6.º).
Conviene leer eso con dos matices. El plazo se cuenta desde la entrega del original, no desde la firma, así que un contrato firmado con el libro a medias empieza a contar más tarde de lo que el autor cree. Y si el contrato calla ese plazo, la omisión no lo anula: la ley da acción a las partes para compelerse a subsanarla y, si no hay acuerdo, lo fija el juez (art. 61.2).
Qué hacer
Planifica hacia atrás desde la fecha en la que quieres el libro en la calle, no hacia delante desde hoy. Si hay un compromiso cerrado —una feria, una presentación—, resta primero los días de la tienda o de la imprenta, luego los trámites, y deja la corrección para el final del cálculo: es la partida más larga y la que peor aguanta las prisas.
Y elige la ruta sabiendo qué calendario compras con ella. Los plazos de la vía propia están detallados en autopublicar un libro y los de la otra en publicar con editorial tradicional; cómo encajan ambos en el proceso entero está en cómo publicar un libro.