La cantidad se calcula sumando destinos, no ventas esperadas
Un primer libro no da ninguna base para estimar cuántos ejemplares se van a vender, y la buena noticia es que no hace falta: la pregunta se contesta al revés, enumerando los sitios concretos donde ya sabes que van a acabar. Los ejemplares que un autor puede nombrar de antemano son pocos y se cuentan en una servilleta.
| Para qué los quieres | Cuántos | Cómo pedirlos |
|---|---|---|
| Que el libro esté a la venta | Ninguno | Bajo demanda |
| Depósito legal, prensa y cortesía | 10 – 30 | Ejemplares de autor bajo demanda |
| Una presentación con firma | 30 – 60 | Ejemplares de autor bajo demanda |
| Feria o venta directa durante una temporada | 100 – 300 | Tirada corta digital |
| Un pedido ya cerrado con alguien | Los del pedido, y algunos de reserva | Digital u offset, según cantidad |
La primera fila es la que más sorprende y la que más rinde. Que el libro se pueda comprar no exige fabricar ni un ejemplar por adelantado: bajo demanda cada uno se imprime cuando alguien lo pide, y esa misma novela de 300 páginas cuesta 4,35 € por unidad sin poner nada por delante. Todo lo que se imprima además de eso no compra ventas: compra libros en la mano, que es otra cosa y a veces hace falta.
El salto de cantidad que sí cambia el precio unitario está lejos de ahí. Hasta unos 500 ejemplares se imprime en digital, que apenas premia el volumen, y cien ejemplares cuestan casi lo mismo por unidad que uno solo. Eso convierte al «por si acaso» en la peor forma de llenar la tabla: doscientos ejemplares con destino son doscientos ejemplares bien pedidos, y los mismos doscientos sin destino pagan el desembolso de una tirada sin llegar al descuento que la justificaría.
El caso límite: el libro que todavía puede cambiar
Una tirada congela el texto, y el de un libro recién publicado todavía puede moverse. Las erratas que sobreviven a la corrección aparecen cuando lo leen personas que no lo han leído veinte veces, y eso ocurre después de publicar, no antes: hasta entonces el archivo no está cerrado del todo aunque lo parezca.
Corregirlas después es barato bajo demanda —se sustituye el archivo y el siguiente ejemplar sale corregido— y caro con mil libros fabricados: los que quedan en la caja siguen llevando la errata. Y hay un detalle administrativo que lo acompaña: la Ley 23/2011 define reedición como la edición que se distingue de las anteriores por alguna modificación en el contenido o en la presentación, de modo que reimprimir el mismo archivo no lo es, pero corregir erratas sí introduce esa modificación, y las reediciones vuelven a estar sujetas a depósito. Tu oficina de depósito legal es quien confirma cómo tratar tu caso.
Qué hacer
Escribe la lista de destinos antes de pedir ningún presupuesto, con nombre y fecha en cada línea: dos ejemplares para el depósito legal, los de prensa que vayas a mandar de verdad, la presentación que ya tiene sala, la feria a la que te has apuntado. Suma y redondea hacia arriba. Ese número, y no el que te apetece, es tu primera tirada; si la lista sale corta, la respuesta es que todavía no toca imprimir.
Con la cifra decidida, pide precio para ella y para el escalón siguiente en el mismo correo, porque es lo que enseña si caes justo antes o justo después del salto de esa imprenta; a quién pedírselo, según la cantidad, está en dónde imprimo mi libro, y el modelo de correo y las siete cosas que igualan dos presupuestos están en cuánto cuesta imprimir un libro. Y si la lista no llega a nada, empieza por la impresión bajo demanda, que deja la decisión abierta. Dónde encaja esta elección entre las demás está en cómo publicar un libro.