Un servicio bajo demanda y una imprenta no hacen lo mismo
Imprimir y estar a la venta son dos cosas distintas, y quien las confunde fabrica ejemplares para un problema que no tenía. Un servicio de impresión bajo demanda fabrica un ejemplar cada vez que alguien lo compra en una tienda y se lo manda al comprador; una imprenta fabrica los ejemplares que le pidas y te los entrega a ti, en una caja o en un palé, sin vender ninguno. Por eso «dónde imprimo» son en realidad dos preguntas, y la primera que hay que contestar es cuál de las dos es la tuya.
| Dónde | Para qué sirve | Cuántos ejemplares | Qué te llega |
|---|---|---|---|
| El servicio bajo demanda de la tienda | Que el libro se pueda comprar | Ninguno por adelantado | Nada: el ejemplar va al comprador |
| Ese mismo servicio, pidiendo ejemplares de autor | Tener libros en la mano sin tirada | Hasta 999 por pedido | Los ejemplares, a tu casa |
| Una imprenta digital | Una tirada corta que ya tiene destino | De 100 a 500 | Una caja o un palé pequeño |
| Una imprenta offset | Una tirada larga cuando ya hay demanda | Desde unos 500 | Un palé |
El orden de la tabla es el de compromiso creciente, no el de calidad: los cuatro fabrican el mismo libro. Lo que sube al bajar por las filas es cuánto dinero pones antes de vender nada. Un ejemplar bajo demanda de una novela de 300 páginas en tinta negra cuesta 4,35 € y no exige desembolso previo; cien ejemplares en digital cuestan casi lo mismo por unidad pero hay que pagarlos de golpe, y el descuento de verdad no llega hasta el offset. El desglose por cantidades está en cuánto cuesta imprimir un libro.
El caso límite: la imprenta que tienes debajo de casa
Una imprenta cercana puede imprimir un libro y aun así no ser el sitio donde imprimir el tuyo, y el motivo no es la calidad sino el catálogo de acabados. Una imprenta generalista vive de folletos, carteles y memorias anuales: encuaderna en grapa o en espiral, no siempre en rústica fresada con el lomo impreso, y ese detalle no es estético. El lomo con el título y el autor es lo único que se ve de un libro en un estante.
Hay dos preguntas que resuelven el caso en un correo: si hacen rústica fresada con lomo impreso, y qué grosor de lomo da su papel para tu número de páginas. Con la segunda respuesta se cierra la cubierta; sin ella no se puede diseñar. Si además admiten el interior en PDF/X, estás ante una imprenta que sabe hacer libros. Si la respuesta es la grapa, sigue sirviendo para lo que sirve —ejemplares de lectura, un texto para un club, un regalo—, y eso conviene saberlo antes de encargar cien.
Qué hacer
Antes de pedir ningún presupuesto, decide si lo que necesitas es que el libro se pueda comprar o tener ejemplares en la mano, porque la respuesta cambia entera. En el primer caso no busques imprenta: da el libro de alta en un servicio de impresión bajo demanda y no fabricas ni uno. En el segundo, cuenta primero cuántos y deja que la cifra elija el sitio: por debajo de cien, ejemplares de autor al mismo servicio, sin tirada que comprometer; entre cien y quinientos, una imprenta digital; por encima, presupuesto de offset y prueba física antes de tirar.
Cuando toque pedir precio, pídelo para tu cantidad y para el escalón siguiente en el mismo correo, que es lo que enseña si caes justo antes o justo después del salto de esa imprenta. Y dónde encaja esta decisión entre las demás está en cómo publicar un libro.