Las dos vías contestan preguntas distintas, y por eso la disyuntiva casi nunca es real
La impresión bajo demanda resuelve que el libro esté a la venta, y la tirada resuelve que tengas ejemplares en la mano. Son dos problemas separados, y la disyuntiva sólo aparece cuando se tratan como si fueran uno. Un autor que pone el libro bajo demanda en una plataforma y encarga cien ejemplares para presentaciones y venta directa no ha elegido: ha usado cada sistema para lo que sabe hacer.
La cuenta que sí es una disyuntiva es la del dinero por adelantado. Bajo demanda se fabrica cuando alguien compra, así que el desembolso previo es cero y cada ejemplar de esa novela de 300 páginas cuesta 4,35 € aplicando la tarifa de Amazon.es. Una tirada de mil ejemplares en offset sale entre 1.500 y 2.200 € puestos antes de vender nada, con el ejemplar en torno a 1,85 €: son 2,50 € menos por unidad, y hacen falta unos 740 ejemplares vendidos para que ese ahorro cubra el desembolso. Un primer libro sin público previo rara vez llega ahí, y esa es toda la aritmética de la respuesta corta. La tabla completa, con los escalones intermedios en digital, está en cuánto cuesta imprimir un libro.
Lo que ese cálculo deja fuera pesa además en la misma dirección: la tirada vive en un almacén, viaja de ida y vuelta y admite devoluciones con el lomo rozado, mientras que el ejemplar que no se ha impreso no cuesta nada.
El caso límite: el libro que la impresión bajo demanda no sabe fabricar
Hay libros para los que la comparación de costes no llega a plantearse, porque una de las dos vías directamente no los produce. Bajo demanda se elige entre un catálogo cerrado de formatos, papeles y encuadernaciones; si el libro se vende por cómo está hecho —ilustrado a doble página, en un formato que no está en ninguna lista, con guardas o con una tapa dura que se abra del todo—, hay que encargarlo a una imprenta, aunque sean cien ejemplares y el precio unitario duela.
El otro extremo del mismo caso es el pedido cerrado. Una compra institucional firmada, un congreso con asistentes contados o un cliente que ya ha dicho cuántos quiere convierten la tirada en la opción evidente por una razón que no tiene que ver con vender: los ejemplares ya tienen dueño, así que no hay riesgo de stock que descontar. La cantidad exacta se calcula sumando esos destinos, y eso está en cuántos ejemplares imprimo.
Qué hacer
Pon el libro bajo demanda para que se pueda comprar y decide aparte, con una lista de destinos delante, cuántos ejemplares necesitas tener físicamente. Son dos decisiones y conviene tomarlas por separado: la primera no exige poner nada por delante y la segunda sí.
Si la lista supera los cien ejemplares, pide presupuesto a una imprenta para esa cifra y para el escalón siguiente en el mismo correo —a quién pedírselo está en dónde imprimo mi libro— y compáralo con lo que te costarían esos mismos ejemplares de autor en la plataforma. Si no llega, todavía no toca una tirada: lo que hay que hacer es vender, y volver a la cuenta cuando haya cifras reales. Cómo funciona el sistema por dentro está en la impresión bajo demanda, y dónde encaja esta elección entre las demás, en cómo publicar un libro.