La parte que un autor sí puede hacer solo es la norma, porque está escrita
La corrección ortotipográfica se apoya en reglas publicadas y consultables, así que aplicarla no exige criterio propio: exige una lista y paciencia. Como casi nada de lo que hay ahí depende del criterio de quien la hace, es la que mejor aguanta que la haga el propio autor. En español hay además cuatro puntos que delatan un original sin tocar y que se arreglan con la función de buscar y reemplazar:
- Las comillas. Las del español son las angulares, « », también llamadas latinas o españolas, y el Diccionario panhispánico de dudas recomienda usarlas en primera instancia en los textos impresos; las inglesas y las simples quedan para entrecomillar dentro de lo ya entrecomillado. El punto, la coma, el punto y coma y los dos puntos van siempre después de la comilla de cierre.
- La raya de diálogo. No es un guion. La raya (—) es un trazo horizontal más largo que el guion (-) y que el signo menos (−), «con los que no debe confundirse», y se escribe pegada al comienzo de cada intervención, sin espacio detrás.
- Los incisos del narrador. Cuando el comentario del narrador entra con un verbo de lengua —dijo, añadió, preguntó—, empieza en minúscula aunque lo preceda un signo de interrogación o de exclamación, y la puntuación de la frase interrumpida se coloca detrás de la raya de cierre, no delante.
- Los puntos suspensivos. Son tres, y sólo tres, y si cierran el enunciado no se les suma el punto final.
A eso se añade la limpieza que casi todos los originales necesitan y que nadie discute: dobles espacios, espacios sueltos delante de un signo de puntuación, tabuladores usados como sangría y saltos de línea manuales dentro de un párrafo. Nada de esto se hace mejor pagando.
El caso límite: la lectura que no se puede hacer sobre lo propio
Nadie estrena su propio libro, y ese es el techo de la autocorrección. Después de meses con el texto, el autor no lee la página: la reconoce, y al reconocerla la completa con lo que sabe que dice. No es un problema de conocimientos ni de atención, así que no se resuelve poniendo más de las dos cosas.
Lo que sí funciona es engañar a ese reconocimiento cambiándole el soporte al texto. Deja pasar unas semanas antes de la pasada final; imprímelo o pásalo a un lector de libros electrónicos; cambia el tipo de letra y el ancho de línea, que mueve todos los cortes de renglón; y léelo en voz alta, o deja que lo lea la voz sintética del ordenador, que respeta la puntuación que hay escrita y no la que pretendías. Cada cambio de soporte devuelve unas cuantas erratas más.
Ninguno de esos trucos devuelve el juicio de quien llega al libro sin saber qué querías decir. Por eso, si sólo se compra una cosa, no conviene comprar la que más cuesta sino la que menos se puede suplir: el argumento está en necesito un corrector y los precios en cuánto cuesta corregir un libro.
Qué hacer
Deja la corrección para cuando el libro esté terminado de verdad, porque todo lo que se reescriba después vuelve a estar sin corregir. Pasa entonces tres cosas en este orden: el corrector del procesador, para lo evidente; tu lista ortotipográfica con buscar y reemplazar; y una lectura seguida en voz alta sobre papel o tinta electrónica. Así el original llega limpio, y eso abarata cualquier presupuesto, porque la corrección se cobra por caracteres y no por faltas.
Reserva el dinero para lo que no puedes hacerte, que es la lectura de otra persona. Si llega para una sola pasada profesional, que sea la ortotipográfica antes de maquetar; si llega también para la corrección de pruebas sobre las galeradas, mejor, porque es la más barata y ve el libro ya montado. Y antes de nada, pasa el texto por lectores beta: lo que ellos detectan no lo arregla ninguna corrección, y descubrirlo después obliga a corregir otra vez.
Qué hace cada una de las tres correcciones y en qué momento entra está en corrección de un libro, y el proceso completo, en cómo publicar un libro.