Lo que hay dentro de un EPUB se puede mirar sin instalar nada
Dentro de un archivo .epub hay contenido web corriente: los capítulos
convertidos en documentos HTML, las hojas de estilo, las imágenes y las fuentes
incrustadas. Verlo no exige ninguna herramienta especial, porque el paquete es
un ZIP: cambiarle la extensión a .zip y descomprimirlo con lo que ya trae el
ordenador enseña el libro por dentro. Dónde queda cada archivo lo decide quien
lo genera —la especificación no impone ninguna estructura de carpetas—, pero dos
ficheros de servicio sí están fijados. Uno es mimetype, que va el primero en
el paquete y lleva escrito el tipo de medio application/epub+zip. El otro es
META-INF/container.xml, que dice dónde está el documento de paquete, el
archivo con extensión .opf.
El documento de paquete es la pieza que conviene conocer, porque es donde vive todo lo que la tienda va a leer de tu libro sin abrirlo: centraliza los metadatos, detalla los recursos y fija el orden de lectura. Abrirlo con un editor de texto es la manera más barata de comprobar que el título, el nombre del autor, el idioma y el ISBN entraron de verdad en el archivo, en vez de darlo por hecho y descubrirlo cuando el libro ya está en el catálogo. Qué son esos campos y para qué los usan las tiendas está en metadatos de un libro.
De ahí sale lo que hace útil al formato: el EPUB es autosuficiente y no depende del programa con el que se hizo ni de la plataforma que lo vende.
El caso límite: el libro que se cita por página
Un EPUB de texto seguido no tiene páginas, y quien escribe un libro con remisiones internas se topa con eso al final y no al principio. El formato está pensado para maquetación dinámica —el contenido se compone sobre la marcha, no se paginó de antemano—, así que lo que en papel es la página 120 aquí es una posición que cambia con el tamaño de letra que elija cada lector. Un «véase la página 120», un índice analítico o una cita cruzada dejan de señalar a nada.
La especificación prevé el caso con una lista de páginas: un elemento de
navegación llamado page-list que enumera «las páginas de un original impreso o
de otra fuente paginada de forma estática». Es opcional, así que ningún archivo
la trae por el hecho de ser válido, y necesita una paginación de referencia:
sirve cuando existe una edición en papel a la que apuntar, no para inventar
páginas en un libro que sólo es digital.
Las salidas prácticas no son apaños. En un libro sólo digital, las remisiones se hacen a la sección o al capítulo y se convierten en enlaces internos, que además funcionan. Si hay edición en papel y el aparato de citas importa —un ensayo académico, un manual—, se pide la lista de páginas al encargar la maquetación, con la edición impresa como referencia. Y si lo que hay que preservar es la maqueta entera y no la numeración, lo que toca es el diseño fijo, que conserva la posición de cada elemento y es lo que corresponde al cómic, al libro ilustrado y al de texto con cuadros.
Qué hacer
Trata el EPUB como el original del libro digital y pídelo por su nombre: un EPUB 3 válido, con los capítulos marcados con estilos de título, la tabla de contenidos generada, la portada incrustada y los metadatos rellenos. Pásalo después por EPUBCheck, que es gratuito y dice si el archivo cumple la especificación, y ábrelo en dos dispositivos distintos, porque validar y verse bien son dos comprobaciones diferentes.
Si lo que tienes todavía es un manuscrito en Word, el paso previo está en cómo convierto mi Word en EPUB, y qué acepta cada tienda al subir —y qué acaba recibiendo el lector—, en en qué formato se publica un ebook. El orden completo de la edición digital, con el precio, el ISBN, las tiendas y la casilla del DRM, está en publicar un ebook. Y si aún estás decidiendo por qué vía sacar el libro, el mapa entero está en cómo publicar un libro.