El porcentaje se lee con su base delante, y hay tres bases en circulación
Un contrato de edición fija dos cifras para la regalía y no una: el tanto por ciento y el precio sobre el que se calcula. La segunda puede reducir el cobro a la mitad sin que el número grande cambie, y por eso no se lee una sin la otra. Sobre una novela de tapa blanda a 18 €, un 10 % paga esto:
| Base que fija el contrato | Lo que deja un 10 % |
|---|---|
| Precio de venta al público con IVA | 1,80 € |
| Precio de venta al público sin IVA, la base más frecuente | 1,73 € |
| Precio al que la editorial factura al distribuidor, que ronda la mitad del de portada | unos 0,87 € |
La horquilla habitual del porcentaje en papel en España va del 8 % al 12 %, y puestas las dos cifras juntas se ve el efecto: un 12 % sobre el precio de facturación paga menos que un 8 % sobre el precio de portada. Cuál de las tres bases rige no es un detalle que se pueda dejar abierto, porque la ley obliga al contrato a expresar la remuneración del autor y declara nulo el que no la exprese. De dónde sale ese 1,73 € —IVA, descuento de librería, comisión de la distribuidora e impresión— está en cuánto gana un escritor.
El caso límite: el libro que vende trescientos ejemplares
Trescientos ejemplares vendidos a 1,73 € de regalía son 519 €, y con editorial esa cifra no es una pérdida: es un ingreso pequeño sobre una inversión de cero euros. Ahí está la diferencia que ninguna comparación de porcentajes recoge. Quien autopublica cobra entre 4,64 y 9,01 € por ejemplar en Amazon.es, pero ha pagado antes entre 900 y 2.400 € de corrección, maquetación, portada e ISBN, así que con esas mismas trescientas ventas sigue en números rojos mientras el autor con contrato ya ha cobrado.
Con volumen la cuenta se invierte, y por la misma razón. Mil ejemplares vendidos dejan unos 1.730 € brutos sin haber gastado nada, y una editorial que mueva esos mil ejemplares gana la comparación por distribución, no por margen. El número de ejemplares decide, y el porcentaje sólo empieza a decidir cuando las dos vías mueven cantidades parecidas.
Lo que un título va a vender no se sabe antes de venderlo, así que la multiplicación previa a firmar hay que hacerla con los números que sí están escritos en el contrato: el porcentaje, su base y el número máximo y mínimo de ejemplares de la edición, que es otro de los extremos que el contrato tiene que expresar.
Qué hacer
Pregunta por la base de cálculo antes que por el porcentaje, y pídela por escrito. Es una sola frase en un correo —«¿la regalía se calcula sobre el precio de venta al público sin IVA o sobre el precio de facturación al distribuidor?»— y su respuesta cambia el cobro más que cualquier punto porcentual que se consiga negociar después. Con esos dos datos y la tirada prevista, la cuenta cabe en una línea.
Exige después la liquidación anual, que no es un favor sino una obligación del editor: al menos una vez al año tiene que liquidar la remuneración proporcional, rendir cuentas y poner a disposición del autor un certificado con los datos de fabricación, distribución y existencias de ejemplares. Es el documento que convierte el porcentaje pactado en una cifra comprobable.
Y no leas el anticipo como dinero de más: es la misma regalía cobrada antes, que se descuenta de las liquidaciones hasta agotarse. Qué asume la editorial a cambio de quedarse con el resto del reparto está en publicar con una editorial tradicional, y dónde encaja esta decisión en el proceso entero, en cómo publicar un libro.