Medio independiente para autores en español2 septiembre 2026
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¿Necesito un distribuidor?

Antes de preguntarte si te hace falta, mira si tu libro es de los que una distribuidora acepta.

No hace falta ninguna distribuidora para vender un libro: en tiendas digitales, por impresión bajo demanda y en venta directa el canal es la plataforma o eres tú. Hace falta cuando el objetivo es estar en librerías físicas que no puedes visitar una a una, y cuesta caro: entre la librería y la distribuidora se llevan del 50 % al 55 % del precio de venta al público.

Una distribuidora no da permiso para vender: pone comerciales y camiones

Nadie autoriza a un editor a poner su libro a la venta, así que la pregunta no es si se puede vender sin distribuidora —se puede— sino qué hace una que no puedas hacer tú. Lo que aporta es almacén, una red de comerciales que enseña el catálogo a los libreros y el transporte de ida y de vuelta, incluido el de las devoluciones. Es lo que pone el libro en librerías que su editor no va a visitar en persona, y ahí sin que nadie lo haya pedido antes.

Ese servicio se paga con el margen y no con una factura. El descuento de librería ronda el 30 % del PVP y la distribuidora se queda entre un 20 % y un 25 % más, así que del precio de portada se va la mitad larga antes de que el editor cobre nada. El desglose eslabón por eslabón está en cómo distribuir un libro.

Y hay una parte que no depende de ti: la distribuidora selecciona. Asume el almacén y el riesgo de que los ejemplares vuelvan, así que decide qué acepta en su catálogo. La pregunta «¿necesito un distribuidor?» suele convertirse en la práctica en otra bastante distinta, que es si alguna va a querer el libro.

El caso límite: la distribución ampliada, que parece lo mismo y no lo es

Que un libro se pueda pedir no significa que esté distribuido, y ésa es la diferencia que se da por resuelta sin estarlo. La distribución ampliada de KDP inscribe gratis un libro de tapa blanda —los de tapa dura no pueden participar— y lo pone a disposición de distribuidores de Estados Unidos y del Reino Unido para que librerías y bibliotecas puedan encontrarlo y hacer pedidos. La regalía baja al 40 % del precio de lista menos los gastos de impresión.

La propia KDP explica el límite sin adornos: inscribir el libro no garantiza que los distribuidores lo acepten ni que llegue ningún pedido, porque mostrarlo lo deciden ellos y pedirlo lo deciden las librerías. Ahí no hay ningún comercial enseñando el título a un librero. Eso es disponibilidad bajo pedido, y es lo que hay que distinguir cuando un presupuesto ofrece «distribución nacional» sin decir cuántos ejemplares se sirven.

Qué hacer

Responde primero en qué formato vas a publicar, porque eso resuelve la pregunta en la mayoría de los casos: si el libro es digital o va por impresión bajo demanda, no necesitas distribuidora y contratarla no te daría nada. Si quieres papel en las librerías de tu ciudad, la vía es el depósito llevado por ti, como se explica en cómo entro en una librería. Si hay un catálogo detrás, un territorio claro o un público que sólo se encuentra con el libro en una mesa de novedades, entonces sí toca buscar distribuidora, y las seis preguntas que aclaran esa conversación están en cómo distribuir un libro.

Cuenta también con la venta directa, que es donde el margen se queda entero: presentaciones, ferias, tu propia web. Lo que no puede hacer es competir por precio, porque la Ley 10/2007 deja el precio de venta al público entre el 95 % y el 100 % del precio fijo que puso el editor. Y si firmas con una editorial tradicional, la distribución viene puesta y esta pregunta no llega a plantearse. Dónde encaja este paso entre los demás está en cómo publicar un libro.

Preguntas frecuentes

¿Todas las distribuidoras son nacionales?
No, y esa es la parte útil de la pregunta. Hay distribuidoras regionales y otras especializadas por materia —cómic, religión, libro técnico, infantil—, y una pequeña que conoce a los libreros de tu segmento suele colocar más ejemplares que una grande a la que tu título le da igual.
¿Se paga por entrar en una distribuidora?
El modelo corriente no es una cuota: la distribuidora cobra quedándose un porcentaje del precio de cada ejemplar que sirve, así que gana cuando el libro se mueve. Si un presupuesto incluye la distribución como partida pagada por adelantado, lo que conviene pedir por escrito es a cuántos puntos de venta se va a servir y cuántos ejemplares.
¿Necesito un distribuidor para el ebook?
No, y hay dos formas de prescindir de él. Publicar tienda por tienda deja el margen más alto y obliga a mantener una ficha en cada una; un agregador digital sube una sola ficha y la reparte, a cambio de un porcentaje o una cuota. Con un título suele salir a cuenta la primera vía.
¿Le interesa a una distribuidora un autor con un solo libro?
Rara vez, y no es personal: los mismos comerciales y el mismo transporte que colocan un título colocan veinte, así que la cuenta le sale con un sello que tiene fondo. Un autor con una obra suelta entra casi siempre por la puerta de una editorial que ya está distribuida.
¿Puedo dejar la distribuidora si no está vendiendo?
Lo dice el contrato, y son tres cosas las que hay que mirar antes de firmarlo: si hay exclusiva y por qué territorio, con cuánta antelación se avisa para terminar, y qué pasa con los ejemplares que están en el almacén y en las librerías cuando la relación se acaba.

Fuentes

  1. KDP: distribución ampliada
  2. Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas

Por JP Andersen, edición