Una distribuidora no da permiso para vender: pone comerciales y camiones
Nadie autoriza a un editor a poner su libro a la venta, así que la pregunta no es si se puede vender sin distribuidora —se puede— sino qué hace una que no puedas hacer tú. Lo que aporta es almacén, una red de comerciales que enseña el catálogo a los libreros y el transporte de ida y de vuelta, incluido el de las devoluciones. Es lo que pone el libro en librerías que su editor no va a visitar en persona, y ahí sin que nadie lo haya pedido antes.
Ese servicio se paga con el margen y no con una factura. El descuento de librería ronda el 30 % del PVP y la distribuidora se queda entre un 20 % y un 25 % más, así que del precio de portada se va la mitad larga antes de que el editor cobre nada. El desglose eslabón por eslabón está en cómo distribuir un libro.
Y hay una parte que no depende de ti: la distribuidora selecciona. Asume el almacén y el riesgo de que los ejemplares vuelvan, así que decide qué acepta en su catálogo. La pregunta «¿necesito un distribuidor?» suele convertirse en la práctica en otra bastante distinta, que es si alguna va a querer el libro.
El caso límite: la distribución ampliada, que parece lo mismo y no lo es
Que un libro se pueda pedir no significa que esté distribuido, y ésa es la diferencia que se da por resuelta sin estarlo. La distribución ampliada de KDP inscribe gratis un libro de tapa blanda —los de tapa dura no pueden participar— y lo pone a disposición de distribuidores de Estados Unidos y del Reino Unido para que librerías y bibliotecas puedan encontrarlo y hacer pedidos. La regalía baja al 40 % del precio de lista menos los gastos de impresión.
La propia KDP explica el límite sin adornos: inscribir el libro no garantiza que los distribuidores lo acepten ni que llegue ningún pedido, porque mostrarlo lo deciden ellos y pedirlo lo deciden las librerías. Ahí no hay ningún comercial enseñando el título a un librero. Eso es disponibilidad bajo pedido, y es lo que hay que distinguir cuando un presupuesto ofrece «distribución nacional» sin decir cuántos ejemplares se sirven.
Qué hacer
Responde primero en qué formato vas a publicar, porque eso resuelve la pregunta en la mayoría de los casos: si el libro es digital o va por impresión bajo demanda, no necesitas distribuidora y contratarla no te daría nada. Si quieres papel en las librerías de tu ciudad, la vía es el depósito llevado por ti, como se explica en cómo entro en una librería. Si hay un catálogo detrás, un territorio claro o un público que sólo se encuentra con el libro en una mesa de novedades, entonces sí toca buscar distribuidora, y las seis preguntas que aclaran esa conversación están en cómo distribuir un libro.
Cuenta también con la venta directa, que es donde el margen se queda entero: presentaciones, ferias, tu propia web. Lo que no puede hacer es competir por precio, porque la Ley 10/2007 deja el precio de venta al público entre el 95 % y el 100 % del precio fijo que puso el editor. Y si firmas con una editorial tradicional, la distribución viene puesta y esta pregunta no llega a plantearse. Dónde encaja este paso entre los demás está en cómo publicar un libro.