Cambiar el precio es sustituirlo, no rebajarlo una temporada
El precio de un libro admite cambios, pero cada cambio sustituye al anterior para todo el mundo y a la vez. La Ley 10/2007 obliga a quien edita, importa o reimporta a establecer un precio de venta al público y a indicarlo en el propio ejemplar, y obliga al librero y a cualquier otro operador que venda al detalle —mayoristas incluidos— a respetar el que haya fijado el editor. Lo que no cabe en ese esquema es la rebaja temporal decidida por el editor, porque bajar la cifra un mes es fijar un precio fijo nuevo, y volver a subirla es fijar otro.
El artículo 11 sí admite descuentos con fecha, y los tres dependen de algo que el editor no elige. Hasta un 10 % en el Día del Libro y en ferias, congresos y exposiciones del libro, cuando así lo determinen sus entidades organizadoras. Hasta un 15 % cuando el comprador final es una biblioteca, un archivo, un museo, un centro escolar, una universidad o una institución científica o de investigación. Y una oferta anual de precios para fondos específicos y periodos delimitados, que exige acuerdo entre editores, distribuidores y libreros. Una fecha señalada, quién compra o un pacto del sector: ninguno de los tres sirve para lanzar un libro más barato.
El caso límite: los ejemplares que ya están impresos
Un precio nuevo no cambia la cifra que llevan encima los ejemplares fabricados con el anterior, y ahí es donde el cambio deja de ser un trámite. La ley pide indicar el precio en el libro, así que un ejemplar en un almacén o en una mesa de novedades sigue anunciando el suyo: hay que reetiquetarlo, taparlo con una faja o esperar a la siguiente tirada, y avisar al canal para que la ficha comercial y lo que dicen los ejemplares coincidan. En impresión bajo demanda no hay almacén que reetiquetar, y el cambio se parece mucho más al del ebook: se toca la ficha y se espera a que se propague.
Hay además dos salidas que se confunden con una bajada de precio y no lo son, porque lo que hacen es sacar el libro del régimen. Una es del librero: puede vender por debajo del precio de venta al público los libros con más de dos años desde la última edición que él mismo haya tenido ofertados un mínimo de seis meses, y esa decisión no pasa por el editor. La otra sí es del editor, la venta como saldo, y llega con condiciones: no puede saldar la edición sin consentimiento del autor antes de dos años desde la puesta inicial en circulación, y pasado ese plazo tiene que notificárselo de forma fehaciente, con treinta días para que el autor compre los ejemplares al precio de saldo o —si cobra un porcentaje— se quede con el 10 % de lo facturado.
Qué hacer
El soporte decide el resto del procedimiento, así que es por donde se empieza. En digital, entra en el panel y cambia el precio de lista: en Amazon, un eBook lo aplica en 24 horas y un libro de tapa blanda o de tapa dura tarda de 72 horas a cinco días hábiles según la importancia del cambio. Cuenta con ese retraso antes de mirar las ventas, porque hasta que la cifra se actualiza en la web y en los sistemas de KDP los pedidos se liquidan con el precio de lista anterior y con la tarifa de regalías que le correspondía.
En papel, decide primero qué haces con el stock —reetiquetar, fajear o dejar correr la tirada— y sólo entonces cambia la ficha, para que el canal no reciba un precio que los ejemplares desmienten. Y si lo que buscas de verdad es vender más barato un fondo que no se mueve, la vía no es el precio: es el saldo, con el aviso al autor por delante, o dejar que el librero use su margen de los dos años.
Que la cifra del papel sea cara de rectificar es justo la razón de calcularla bien la primera vez, y ese cálculo entero —el 4 % de IVA, el descuento de librería y lo que cuesta fabricar cada ejemplar— está en cómo poner precio a un libro. Si el cambio viene acompañado de correcciones en el texto, mira antes cómo actualizo un libro ya publicado, porque ahí el listón lo ponen el ISBN y el depósito legal. Y el mapa completo, en cómo publicar un libro.