Dentro del texto, una errata y el habla deliberada de un personaje son la misma cosa
La parte mecánica de corregir un libro es la que mejor aguanta una máquina: erratas, concordancias que se rompieron al reescribir un párrafo, la palabra repetida tres veces en cinco líneas, los dobles espacios que dejó el procesador. Es trabajo de encontrar, no de decidir, y no exige criterio, así que se sostiene igual a lo largo de 400.000 caracteres.
El problema empieza donde la desviación puede ser intencionada. Amazon KDP lo dice desde el lado del que revisa: la ortografía inadecuada o dialectal usada a propósito por el autor —el diálogo de un personaje que habla así— no se considera un error, y tampoco lo son las diferencias entre el español de España y el de Latinoamérica. Una herramienta las marca igual que marca una errata, porque sobre el papel son indistinguibles: lo que las separa es la intención, y la intención no está en la página.
De ahí sale el reparto que importa. Lo que puede pasar por una IA es el barrido previo; lo que no, es el criterio que sostiene el mismo libro durante trescientas páginas, que es justo lo que se contrata en una corrección ortotipográfica o en una corrección de estilo. Cuál es cuál está en qué diferencia hay entre corrección de estilo y ortotipográfica, y por qué el techo no lo pone el conocimiento sino la mirada, en puedo corregir mi libro yo mismo.
El caso límite: cuando la herramienta deja de corregir y empieza a escribir
Pedirle a una IA que «mejore» un capítulo es una operación distinta de pedirle que señale los fallos, aunque se encargue con la misma frase. En la primera devuelve un texto nuevo que hay que comparar con el tuyo; en la segunda devuelve marcas sobre el tuyo. La primera es la que se lleva por delante una voz, porque nadie coteja línea a línea un capítulo entero y el borrador que se queda es el que sonaba correcto.
Las pautas de KDP trazan esa misma línea, y por eso conviene saber dónde cae lo que estás haciendo. Un texto que escribes tú y la herramienta edita, pule o corrige es contenido asistido por IA, y no hay que declararlo. Un texto creado por una herramienta de IA es contenido generado, y sigue siéndolo aunque después lo modifiques. La pregunta que decide no es cuánta IA usaste, sino quién escribió la frase que acaba impresa. El formulario y sus casillas están en hay que declarar el uso de IA.
Qué hacer
Coloca la pasada de IA antes del corrector, no en su lugar. Sobre el original terminado limpia lo evidente y deja la lectura profesional para lo que pide criterio; al final, sobre un texto ya corregido, introduce cambios que ya no va a revisar nadie. Y pídele siempre cambios marcados, con el motivo de cada uno, en vez de un archivo reescrito: lo que no puedes revisar uno a uno no lo has revisado.
Lo demás es no ahorrar donde no se puede. El mínimo de un libro a la venta siguen siendo dos pasadas humanas —la ortotipográfica antes de maquetar y la de pruebas sobre las galeradas—, y en una novela de 250 páginas cuestan de 500 a 1.100 €, según necesito un corrector. KDP sitúa los errores tipográficos entre los problemas de calidad de los que más le informan sus clientes, y esa es la factura que se paga por saltárselas. El gasto desglosado está en cuánto cuesta corregir un libro, y dónde encaja este paso entre los demás, en cómo publicar un libro.