Los tres materiales de un libro se nombran en el presupuesto por su tipo y su peso
Casi todo lo que se publica en papel sale de tres materiales, y una imprenta los cotiza dando de cada uno esas dos cosas. El interior lleva un papel de entre 75 y 90 g/m² en ahuesado o en blanco; la cubierta de una tapa blanda, una cartulina de 220 a 300 g/m² que se plastifica en brillo o en mate. En una tirada se cotizan también papeles más ligeros —«offset de 70» es una línea corriente en un presupuesto, y ahí offset nombra una clase de papel y no la técnica de impresión—, que abaratan la fabricación y el porte a cambio de un ejemplar más endeble.
Buena parte de la duda al elegir papel es de vocabulario. Ahuesado es la palabra de imprenta: el diccionario académico lo define como el papel fabricado con pasta que imita el color del hueso. Crema es la misma cosa en el catálogo de una plataforma. Y cuché o estucado es otro papel distinto, muy satinado y barnizado, el de las obras con grabados y fotografías.
El color se elige por lo que hay dentro del libro, no por el aspecto de la muestra
Un papel de color hueso y uno blanco no compiten en calidad: sirven para contenidos distintos. El ahuesado se reserva para el texto corrido —novela, ensayo, memorias— porque el tono cálido baja el contraste de la página, que es el argumento que da el oficio para el texto largo. El blanco es el papel de todo lo que lleve imagen: KDP imprime en blanco cualquier libro con tinta de color y da el motivo, que ese papel ofrece más contraste para imágenes y gráficos.
El gramaje resuelve otra cosa, la transparencia. Un papel demasiado ligero deja ver el texto de la página siguiente, y ese es el defecto que un lector nota sin saber nombrarlo. Lo que el gramaje no dice es cuánto va a abultar el libro: dos papeles del mismo peso ocupan distinto volumen según cómo se hayan fabricado, y de ahí sale el grosor del lomo, que se le pide a quien imprime en vez de calcularlo en casa.
El caso límite: bajo demanda el papel no se elige, se escoge de una lista
En impresión bajo demanda no hay conversación con la imprenta: hay un desplegable. Amazon ofrece para tapa blanda en tinta negra papel crema o blanco de 74-90 g/m² y pasta mecánica de madera de 60 g/m² —esta última en torno a un 5 % más barata por página—, y en color prémium, papel blanco de 88-105 g/m²; avisa además de que el peso exacto varía según la planta donde se imprima. Las cubiertas de tapa blanda van en papel blanco de 220 g/m², con acabado brillo o mate.
Eso deja fuera cualquier elección de papel que no esté en la lista, y por eso un libro ilustrado, uno de formato fuera de catálogo o uno que aspire al papel biblia acaba en una imprenta. Antes de decidirlo conviene saber a qué clase de proveedor se le pide.
Qué hacer
Pide un ejemplar de prueba antes de tirar nada: el papel no se juzga en pantalla, y unas pruebas de imprenta enseñan del tacto y del grosor lo que no dice ninguna ficha técnica. Si vas a una imprenta, nombra el papel exacto en el correo del presupuesto —«ahuesado de 80 g/m²», «cartulina de 260»— y pide el grosor de lomo que da: dos presupuestos que no cotizan el mismo papel no se pueden comparar, y la lista completa de lo que hay que preguntar está en cuánto cuesta imprimir un libro.
Y no le des a esta decisión más peso del que tiene. El papel se nota al coger el libro, pero lo que hace que alguien lo coja está antes: el proceso entero, desde el original hasta la mesa de novedades, está en cómo publicar un libro.