Un formato no es una extensión de archivo, sino una versión que alguien tiene que poder distinguir
La regla de la Agencia del ISBN cabe en un renglón —hace falta un ISBN diferente para cada formato— y toda la dificultad está en esa última palabra, que no significa lo que parece. Un formato no es la extensión del archivo ni el aparato con el que se lee: es cada versión del libro que alguien de la cadena comercial necesita distinguir de las demás sin equivocarse. Ése es el criterio de las directrices que la Agencia publica para los libros electrónicos, y de él salen todas las respuestas concretas.
Aplicado, separa dos grupos que se confunden a diario. Llevan número propio la tapa blanda y la tapa dura, porque cambia la encuadernación; el ebook y el audiolibro, porque son productos distintos; el mismo ebook publicado a la vez en ePub y en PDF, si las dos versiones se venden por separado; y la edición enriquecida con audio o vídeo, que es otro producto y no el mismo con extras.
No lo llevan, en cambio, tres cosas que parecen cambios y no lo son. El dispositivo del lector no cuenta: si el contenido, el archivo y la protección son los mismos, que uno lo lea en un móvil y otro en tinta electrónica no genera ninguna edición nueva. Un DRM inofensivo tampoco, del tipo de una marca de agua que no restringe nada, porque el comprador no nota diferencia. Y el precio no cambia el número, ni siquiera cuando se cambia varias veces.
El caso límite es la tienda que no pide ISBN, y ahí la regla no cuesta dinero
Amazon no exige ningún ISBN para vender un ebook, así que quien publica sólo en digital dentro de esa tienda nunca llega a toparse con la regla. Su ayuda lo dice así: los libros electrónicos y los de poco contenido son los únicos formatos donde el número es opcional. Para papel sí lo pide, aunque sirve el que asigna gratis la propia plataforma. Un autor que publique en rústica y en digital dentro de KDP puede quedarse en un solo ISBN comprado, los 45 € del papel, y no en los 90 € que sugiere la cuenta de dos formatos.
Las directrices llegan a la misma conclusión por el otro lado: cuando una tienda distribuye el libro en un formato propio que sólo funciona en su sitio y no pide ISBN, no hace falta asignárselo, salvo que te interese que esa versión aparezca en bases de datos de terceros. Lo que se pierde al aceptar esa vía no es dinero, es alcance: ese identificador funciona dentro de la tienda y no fuera, como se explica en ¿necesito ISBN para publicar un libro?.
Qué hacer
Cuenta los formatos que vas a poner a la venta de verdad este año, no los que te gustaría publicar algún día, porque ése es el número que multiplica la factura y los códigos sin usar son dinero parado. Con un solo formato, un ISBN; con papel y digital fuera de una única tienda, dos; y a partir del cuarto código sale más barato un prefijo de diez, con la condición de darse de alta como editorial. El cruce está calculado en cuánto cuesta el ISBN, y el trámite entero, en cómo conseguir el ISBN de un libro.
Pide los números antes de imprimir, porque cada uno tiene que ir dentro de su propia edición, y guarda la lista de qué número corresponde a qué formato: es lo que vas a necesitar cada vez que actualices una ficha o cambies algo del libro ya publicado. Dónde encaja este paso entre los demás está en cómo publicar un libro.