Lo que hace presentable un interior en Word es la plantilla y los estilos, no la pericia de quien lo monta
Un procesador de textos reparte el texto por las páginas con el criterio que trae puesto, y las dos cosas que enderezan ese criterio no tienen que ver con saber usar el programa. La primera es partir de una plantilla del tamaño exacto del libro: KDP publica las suyas en formato de Word, y las plantillas en blanco llegan ya con los márgenes y el tamaño de página configurados —las de contenido de muestra añaden además las páginas preliminares con formato y capítulos de ejemplo—. Eso resuelve de golpe la parte de la maquetación que es aritmética de fabricación y no criterio: el medianil, el margen interior que crece con el número de páginas, la caja.
La segunda es marcar el texto con estilos —Título 1 para los capítulos, un estilo de párrafo para el cuerpo— en vez de dar formato a mano. Un documento con estilos se recompone entero cambiando una definición, se convierte sin sorpresas en EPUB y genera solo su índice; uno formateado a mano hay que retocarlo párrafo por párrafo cada vez que se toca algo, y eso está contado en cómo convertir un Word en EPUB. Word trae además el remedio de un defecto tipográfico que se ve a un metro de distancia: el control de líneas viudas y huérfanas, que se activa en Párrafo → Líneas y saltos de página y evita que una línea suelta se quede sola al principio o al final de una página.
El límite se ve al exportar, y con un libro que no sea texto corrido llega mucho antes
El archivo que va a la imprenta es el punto donde un flujo de trabajo en Word se rompe o aguanta. KDP pide guardar el manuscrito como PDF con las fuentes incrustadas y las imágenes a 300 ppp como mínimo, y la ayuda de Microsoft explica qué pasa cuando una fuente no se puede incrustar: el PDF sustituye ese texto por una imagen de mapa de bits o, si esa opción está desactivada, el lector de PDF pone otra fuente en su lugar. Ninguna de las dos cosas se ve en la pantalla de quien exporta; se ven en el ejemplar impreso.
La norma que ofrece el diálogo de exportación de Office es PDF/A, la ISO 19005-1 del archivo a largo plazo, que no dice nada sobre cómo se imprime un documento. Si la imprenta pide un PDF/X, ese archivo hay que producirlo por otra vía. Y si el libro lleva imágenes que llegan al borde de la página, KDP advierte de que hay que aumentar el tamaño de impresión para dar el sangrado: no es una casilla que se marque al final, es una decisión que cambia la página desde el principio. Con un libro ilustrado, un poemario o un manual con capturas intercaladas, ese momento llega en la primera página y no en la última.
Qué hacer
Decide primero si el libro sale en papel y si es texto corrido, porque de esas dos respuestas sale todo lo demás. Si las dos son favorables, descarga la plantilla del tamaño que vayas a publicar, pega el texto ya corregido y cerrado, márcalo con estilos y deja para el final los números de página del índice, que en la plantilla de KDP se escriben a mano cuando el libro ya no se va a mover. Antes de subir nada, exporta el PDF, ábrelo en otro ordenador y repasa las galeradas en papel: es donde aparecen las páginas descuadradas.
Si el libro no es de texto corrido, o si la imprenta pone condiciones de archivo que el procesador no cumple, la cuenta cambia y conviene mirar el coste real antes de insistir —está por partidas en cuánto cuesta maquetar un libro y en cuánto cobra un maquetador—. El criterio para decidir quién lo hace está en ¿necesito un maquetador?; el oficio por dentro, en cómo maquetar un libro; y dónde cae este paso entre los demás, en cómo publicar un libro.