Qué se paga al maquetar un libro y qué no
Un presupuesto de maquetación paga que alguien componga el texto ya corregido en páginas y entregue el archivo cerrado que acepta una imprenta o una tienda digital. Lo que se compra no es un documento con buen aspecto: es un fichero que cumple los requisitos de fabricación de un canal concreto, y ese matiz es lo que separa esta partida de un rato de trabajo con plantillas.
Dentro de la factura entran tres cosas. La composición propiamente dicha —formato, caja, tipografía, montaje capítulo a capítulo—, las rondas de correcciones sobre las páginas ya montadas, y los archivos de salida: el PDF de interior con las fuentes incrustadas y, si hay edición digital, el EPUB. Qué decisiones se toman en cada uno de esos pasos y con qué criterio está en cómo maquetar un libro; esta página mira sólo el dinero.
Fuera quedan tres partidas que se confunden con ella y se facturan aparte, cada una con su nombre. La corrección del texto, que va antes y cuyo precio está en cuánto cuesta corregir un libro. El diseño de la cubierta, que va después porque el ancho del lomo sale del número de páginas y ese número no existe hasta que el interior está montado. Y la impresión, que es fabricación y no edición. Un maquetador no imprime nada.
Y hay una cuarta cosa que no siempre entra y conviene pedir por escrito: el archivo nativo del programa de composición, con las fuentes utilizadas. No es un extra caprichoso. Sin él, corregir dos erratas dentro de tres años obliga a volver al mismo profesional o a pagar la maquetación entera otra vez, así que su precio real no es lo que cueste añadirlo al encargo, sino lo que cuesta no tenerlo.
Cuánto cuesta maquetar una novela de 250 páginas
Maquetar el interior en papel de una novela de 250 páginas sin ilustraciones cuesta entre 200 y 600 € en el mercado español, y ésa es la horquilla que este sitio usa en todas sus cuentas. Es el mismo libro de referencia de cuánto cuesta autopublicar un libro, así que las cifras de las dos páginas se pueden sumar sin ajustes.
| Entrega | Novela de 250 páginas | ¿Se puede saltar? |
|---|---|---|
| Interior en papel, PDF de imprenta | 200 – 600 € | No, si hay edición en papel |
| EPUB pedido en el mismo encargo | 100 – 250 € | No, si hay edición digital |
| EPUB encargado por separado, después | 200 – 400 € | — |
Las dos entregas juntas suman de 300 a 850 €. Sólo papel son los 200 – 600 € de la primera fila, y sólo digital se queda en 200 – 400 €, porque un EPUB encargado solo no se beneficia de que el interior ya esté compuesto. La tercera fila es la que sorprende: pedir el archivo digital meses después de cerrar el papel cuesta más que haberlo pedido de entrada, porque obliga a reabrir un trabajo terminado y a rehacer decisiones que ya estaban tomadas.
Hay una diferencia con el presupuesto general de autopublicar, y conviene explicarla. Allí la maquetación aparece con una sola cifra, 200 – 600 €, que es la primera fila de esta tabla: el interior en papel. La entrega digital no está. No es un descuido, porque sobre un presupuesto total de 900 a 2.400 € esos 100 – 250 € apenas mueven la cifra redonda, y por eso aquella página dice que sacar el libro en papel y en digital cuesta «casi lo mismo» que sacarlo sólo en papel. Visto desde la partida en vez de desde el total, sin embargo, es entre un tercio y la mitad más, y ése es el número que hay que llevar al correo.
Dos casos se salen de esta tabla y es mejor decirlo que estirar la horquilla. Un ensayo con notas al pie, tablas y bibliografía se va al tramo alto y con frecuencia lo supera. Y un libro ilustrado o un manual con capturas no entra aquí en absoluto: ahí el presupuesto se pide sobre una muestra real del capítulo más complicado.
Por qué el precio va por elementos y no por páginas
La maquetación se encarece por lo que hay dentro de cada página, no por cuántas páginas haya, y eso es lo contrario de lo que casi todo el mundo espera al pedir el primer presupuesto. Una novela de 400 páginas de texto corrido puede costar menos que un ensayo de 200 con tablas y notas, porque el texto seguido se compone aplicando estilos en cadena y cada tabla, cada nota y cada imagen se coloca a mano y se comprueba una a una.
Aun así, el precio se cotiza muchas veces por página, y las dos formas conviven. Por página maquetada es la más fácil de comparar entre dos presupuestos; a tanto alzado es lo habitual en libros de texto corrido y extensión previsible, donde el maquetador ya sabe cuánto le va a llevar. La conversión entre las dos es directa: la horquilla de esta página, repartida entre las 250 páginas del libro de referencia, sale a entre 0,80 y 2,40 € por página. Con esa cuenta, un presupuesto por página y otro a tanto alzado dejan de ser incomparables.
Lo que esa conversión no puede hacer es cambiar de tipo de libro. Multiplicar 2,40 € por las 180 páginas de un libro ilustrado no da su precio, porque la horquilla de la que sale describe páginas de texto corrido. Lo que sí se puede hacer antes de escribir a nadie es contar cuántas páginas del libro llevan algo que no sean párrafos: si son una rareza, esta horquilla sirve; si son una parte apreciable del libro, el precio se pide por muestra y no por extensión.
Y hay una consecuencia de escala que conviene tener presente: como buena parte del trabajo es decidir el criterio —caja, tipografía, jerarquía de títulos— y no aplicarlo, el precio no baja proporcionalmente en libros cortos. Una novela de 120 páginas no cuesta la mitad que la de 250, sino bastante más de la mitad.
Qué mueve el precio dentro de la horquilla
Entre los 200 y los 600 € hay cuatro variables, y las cuatro se pueden mirar antes de escribir el primer correo. Saber en cuál cae tu libro permite anticipar el tramo en lugar de descubrirlo con el presupuesto delante.
Los elementos por página mandan sobre todas las demás. Tablas, imágenes intercaladas, notas al pie, cuadros, epígrafes, versos, diálogos con formato propio: cada uno exige una decisión y mantenerla igual en trescientas páginas. Es la variable que decide el tramo, y la única que el autor conoce sin preguntar a nadie.
Cuántas entregas se piden. Papel y digital son dos archivos de salida y dos comprobaciones distintas, aunque partan del mismo montaje. Pedirlos juntos es lo barato; pedirlos separados, el caso de la tercera fila de la tabla.
Las rondas de correcciones incluidas. Un encargo con dos rondas sobre las galeradas y otro con una sola no valen lo mismo, y la diferencia no aparece en la cifra del presupuesto sino en la factura del final. Cada ronda que se sale de lo pactado se cobra aparte, y en un libro con muchos cambios eso puede ser la mitad del importe original.
El plazo. Un encargo urgente desplaza a otros ya aceptados y se cobra con recargo, un recargo que no mejora el resultado. Desaparece del presupuesto encargando la maquetación con margen, que además es lo que permite hacer bien la pasada de pruebas de imprenta.
Hay una quinta variable que no es del libro sino del encargo: el estado del original. Un texto entregado limpio, en un solo fichero, con los capítulos separados por saltos de página y sin formato aplicado a mano, se compone más rápido que el mismo texto lleno de sangrías con tabuladores y de negritas puestas una a una. Todo el trabajo tipográfico hecho antes se pierde al maquetar, así que hacerlo no adelanta nada y encarece el encargo.
Lo que cuesta cambiar el texto después de maquetar
Cambiar el texto una vez montadas las páginas se factura aparte y arrastra gastos que no estaban en el presupuesto de maquetación. Es el error de orden más caro del proceso, y el más fácil de evitar, porque sólo consiste en no maquetar hasta que el texto esté cerrado.
La cadena empieza barata y se alarga sola. Añadir un párrafo recoloca todo lo que viene detrás, así que la primera factura es la del maquetador rehaciendo el ajuste de las páginas siguientes y cazando las viudas y huérfanas que aparecen por el camino. Si el cambio mueve el total de páginas, la segunda factura es la del diseñador de la portada, porque el lomo se calcula con ese número y deja de cuadrar. Y si ya había ejemplares impresos, la tercera es la tirada que se tira.
El caso peor es cuando los cambios son de fondo y lo que sale es una edición nueva. Una edición nueva es maquetación nueva y otro ISBN, y la anterior sigue circulando con sus páginas antiguas en bibliotecas y en el mercado de segunda mano, donde nadie la va a actualizar.
Frente a eso hay una comprobación barata que enseña lo que la pantalla esconde: pedir una copia de prueba impresa antes de dar por bueno el trabajo. En KDP, una copia de prueba se paga al precio para autores, que la propia ayuda define como los gastos de impresión del libro multiplicados por el número de copias, sin margen ni descuentos adicionales. Para la novela de referencia de 250 páginas en tapa blanda y tinta negra eso son unos 3,75 € más el envío, según las cifras de cuánto cuesta imprimir un libro. Es la única prueba que se hace en el soporte real: en pantalla no se ve si el margen interior se come el texto en el pliegue.
Cómo pedir un presupuesto de maquetación que se pueda comparar
Dos presupuestos de maquetación pueden diferir al doble sin que ninguno de los dos sea caro ni barato, porque la palabra cubre entregas distintas y casi nunca se dice cuáles. Lo que iguala dos cifras son seis datos, y este correo los pide todos:
Hola: tengo una novela corregida de unas 250 páginas, de texto corrido, sin tablas ni imágenes, y me gustaría un presupuesto de maquetación.
- ¿El precio es por página maquetada o a tanto alzado?
- ¿Incluye sólo el PDF de interior o también el EPUB, y qué cuesta cada uno?
- ¿Cuántas rondas de correcciones sobre pruebas entran y qué se cobra a partir de ahí?
- ¿Con qué formato de corte y qué plataforma de impresión vas a trabajar, y quién comprueba que el archivo cumple sus requisitos?
- ¿Me entregas el archivo nativo y las fuentes al terminar, y va incluido?
- ¿Cuál es el importe final con impuestos incluidos y en qué plazo?
Con esas seis respuestas, dos presupuestos se ponen en la misma columna. La segunda y la quinta son las que más sorpresas dan, porque son las dos partidas que un presupuesto puede dejar fuera sin mentir: nadie prometió el EPUB, nadie prometió el archivo nativo, y las dos se descubren cuando ya es tarde para negociarlas.
Antes de comparar precios conviene además mirar una cosa que no es un número. Un maquetador que pregunta por el formato del libro, el tipo de papel, el canal de venta y si habrá edición digital está haciendo su trabajo; uno que acepta el fichero sin preguntar nada va a devolver el texto dentro de una plantilla genérica, y eso es lo que explica los presupuestos que salen sospechosamente baratos. Pedir ver un interior suyo ya publicado —el libro entero, no una página suelta— resuelve la duda mejor que cualquier pregunta.
Cuándo sí es la vía
Pagar la maquetación a un profesional compensa siempre que el libro vaya a venderse en papel, y la razón es económica antes que estética. Un interior impreso no tiene arreglo después: un ejemplar bajo demanda con el texto pegado al pliegue sale así cada vez que alguien lo compre, y rehacerlo incluye una portada nueva si cambió el número de páginas. El ebook se corrige y se vuelve a subir; el papel, no.
Compensa con más motivo en cualquier libro que no sea texto corrido. En un ensayo con aparato de notas, en un libro de cocina, en un manual con capturas o en un poemario, la disposición en la página es contenido y no presentación: una plantilla genérica no lo empeora, lo destruye. Ahí el tramo alto de la horquilla no es un lujo, es el precio.
Compensa también cuando el libro abre una colección. Lo que se paga la primera vez incluye decidir un criterio —una tipografía, una caja, una jerarquía de títulos— que los siguientes reutilizan casi gratis, así que el segundo libro maquetado por la misma persona sale más barato y los dos parecen del mismo sello. El ISBN también abarata la unidad cuando se piden códigos a la vez, pero eso es un tramo de tarifa publicada; aquí lo que rebaja el segundo libro es que el criterio ya está decidido, y por eso hay que pactarlo al encargar el primero.
Y compensa, por un motivo que no aparece en ninguna hoja de cálculo, porque la maquetación descuidada es una de las dos cosas que se nombran cuando alguien explica por qué un libro «se nota». La otra son las erratas. Ninguna de las dos se arregla en las reseñas ya publicadas.
Cuándo no es la vía
Gastar en maquetación profesional cambia poco cuando el libro sale sólo en digital y es texto corrido. Un EPUB de texto ajustable no tiene páginas que cuadrar: el trabajo se reduce a marcar los capítulos con el estilo de título, definir la sangría de primera línea en el estilo en vez de con tabuladores y generar un índice navegable, que es exactamente lo que la guía de formato de KDP describe paso a paso. Amazon distribuye además Kindle Create, una herramienta para Windows y Mac con la que se compone ese archivo sin tocar código. Cómo se prepara y qué mira cada tienda está en publicar un ebook.
Tampoco compensa pagarla en papel si el libro es de texto corrido y vas a publicarlo sobre una plantilla oficial del formato exacto. KDP publica plantillas de Word descargables, en blanco o con contenido de muestra, con los márgenes y el tamaño de página ya configurados para cada formato de impresión. No dan un interior de sello, pero sí uno que cumple los mínimos de fabricación, y para una primera novela con capítulos numerados esa diferencia puede no valer 400 €.
Y no es el momento cuando el texto no está cerrado. Maquetar una versión avanzada es pagar por unas páginas que van a recolocarse, y todo lo que se reescriba después vuelve a estar sin maquetar. El orden es corrección, maquetación y portada, y saltárselo no adelanta nada: la maquetación es el tercer paso de cómo publicar un libro y el único que produce el dato —el número de páginas definitivo— que desbloquea los dos siguientes.
Lo que no tiene versión ahorrada en ningún escenario es mirar el libro montado antes de publicarlo, lo haya maquetado quien lo haya maquetado. El presupuesto completo, con las otras partidas y las otras vías, está en cuánto cuesta publicar un libro.