Lo que decide la respuesta es si las páginas quedan fijas, no lo bueno que seas con el programa
Un libro impreso tiene páginas que no se mueven, y ahí es donde hace falta alguien que sepa componerlas. La maquetación de un interior en papel consiste en repartir un texto entre páginas de tamaño fijo tomando cientos de decisiones pequeñas que el lector no ve por separado y nota todas juntas: dónde empieza cada capítulo, qué se hace con la línea que se quedó sola al final de una página, cómo se parten las palabras al borde de la caja. Ninguna de ellas se resuelve escribiendo mejor.
Un ebook de texto ajustable funciona al revés, y por eso la respuesta cambia. En un EPUB corriente el aparato recompone el texto para cada pantalla, y la ayuda de Kindle Direct Publishing describe qué queda entonces en manos de quien lee: elige la familia de la fuente y su tamaño, y también el margen y el interlineado. Es decir, buena parte de lo que un maquetador decidiría la acaba decidiendo el lector en su aparato. Lo que sigue haciendo falta en digital es marcar bien los títulos, que el índice funcione y abrir el archivo en un lector real antes de publicarlo, y eso un autor ordenado lo hace solo.
La otra mitad del argumento es que en papel el error no tiene vuelta atrás. Un ebook mal montado se corrige y se vuelve a subir esa misma tarde; un libro en impresión bajo demanda sale con el fallo puesto cada vez que alguien lo compra, y con una tirada impresa el fallo está pagado. Hay además medidas que no admiten criterio propio: KDP exige un margen interior de 12,7 mm en los libros de 151 a 300 páginas y de 15,9 mm a partir de 301, y un archivo que no lo respete no se aprueba por muy bonito que sea.
El caso límite es el libro que no es texto corrido, y ahí la respuesta es sí en cualquier formato
Un libro cuya página significa algo necesita maquetador aunque no se imprima nunca. Un ensayo con notas al pie y citas largas, un manual con capturas intercaladas, un libro de cocina, un infantil ilustrado o un poemario donde la disposición forma parte del poema: en todos ellos la composición es contenido y no envoltorio, y una plantilla que reparte el texto a ciegas destroza justo lo que hace falta conservar.
En digital esos libros suelen ir en formato fijo y no en texto ajustable, es decir, mostrando la página tal como se compuso. Y ahí desaparece la ventaja del ebook: si las coordenadas son fijas, alguien las ha tenido que fijar, así que el trabajo es el mismo que en papel y a veces más. En la versión impresa, además, cualquier imagen que llegue al borde obliga a preparar el archivo con sangre, y eso se decide al componer: no es algo que la imprenta pueda añadir después sobre un interior ya montado.
Conviene separar este caso del otro porque la pregunta que suele hacerse —«¿me lo puedo ahorrar?»— tiene respuestas opuestas según el libro. Con una novela sin más complicación que capítulos numerados, ahorrárselo en digital es razonable. Con cualquiera de los anteriores, el ahorro se ve en la primera página y cuesta reseñas.
Qué hacer
Decide primero en qué formatos vas a vender el libro, porque de ahí sale la respuesta y no de lo que cueste. Si hay papel, cuenta con el gasto desde el principio: entre 200 y 600 € el interior de una novela de 250 páginas, con el desglose por partidas en cuánto cuesta maquetar un libro y las tarifas por página en cuánto cobra un maquetador.
No entregues el texto hasta tenerlo cerrado y corregido, porque cada frase que se toque después recoloca todo lo que viene detrás; qué corrección hace falta antes está en ¿necesito un corrector profesional?. Al pedir presupuesto, di el número de páginas previsto, si hay imágenes y en qué formatos va a salir, y pide ver un interior ya publicado de esa persona. Y comprueba que el encargo termina en un PDF listo para imprenta —normalmente PDF/X— y en una pasada sobre las galeradas antes de dar el archivo por bueno. Cómo se hace el trabajo por dentro está en cómo maquetar un libro, y dónde encaja este paso entre los demás, en cómo publicar un libro.