Lo que la plataforma no te cobra al publicar se lo queda en cada venta, y eso no tiene fecha de fin
Subir un libro a una tienda y ponerlo a la venta no genera ninguna factura. KDP lo dice en su propia portada —ofrece «herramientas muy fáciles de usar y totalmente gratis» para autopublicar—, y no hay cuota de alta ni de permanencia porque el canal se paga con un porcentaje de lo que venda el libro. Amazon anuncia regalías de hasta el 70 % en ebooks y hasta el 60 % en libros impresos, y ese «hasta» ya dice quién se queda el resto.
Es una diferencia de calendario, no de generosidad. Un servicio que te cobra al publicar cobra aunque no vendas nada; un canal que cobra al vender no cobra si no vende, y a cambio se lleva una parte para siempre. Por eso la frase «publicar es gratis» es literalmente cierta y no resuelve nada: lo que cuesta dinero no es publicar, es llegar a la publicación con el libro terminado, y eso está desglosado en cuánto cuesta autopublicar un libro.
Una editorial tradicional tampoco te cobra, y eso es lo que la distingue de las que sí
Un contrato de edición mueve el dinero en la dirección contraria a la que mucha gente supone. La Ley de Propiedad Intelectual lo define como una cesión que el autor otorga «mediante compensación económica», y añade que el editor «se obliga a realizar estas operaciones por su cuenta y riesgo»: la corrección, la maquetación, la portada y la tirada las paga el sello, y el autor cobra. Es la vía en la que el dinero va hacia el autor en vez de salir de él, con la condición —que no es pequeña— de que lo acepten: cómo funciona, en publicar con una editorial tradicional.
De ahí sale una señal de alarma útil. Si quien te llama editorial te pide dinero, o un compromiso de compra de ejemplares, lo que te ofrece es coedición o edición de pago: legítimo si se dice con su nombre, y otra cosa. El detalle de cuándo esa petición es normal y cuándo no está en es normal que una editorial me pida dinero.
El caso límite: en papel nadie cobra por adelantado, pero cada ejemplar lleva dentro su impresión
Publicar en papel sin desembolso inicial es posible, y lo que cambia respecto al ebook es dónde aparece el coste. Con impresión bajo demanda no hay tirada que financiar ni almacén que pagar: cada ejemplar se fabrica cuando alguien lo compra, y su coste de fabricación se descuenta de esa venta antes de liquidarte a ti. El resultado es cero euros de entrada y un margen por ejemplar más estrecho que el de un ebook.
Una tirada tradicional invierte los términos: se paga entera antes de vender un solo libro y baja mucho el coste unitario. La cuenta comparada está en es mejor tirada o impresión bajo demanda, y la conclusión que importa aquí es que gratis y barato no son lo mismo.
Qué hacer
Separa dos preguntas que casi siempre llegan juntas: cuánto cuesta publicar y cuánto cuesta dejar el libro listo. La primera no se cotiza, porque no cuesta nada; la segunda se pide por partidas —corrección, maquetación y portada— a proveedores distintos. Un presupuesto que factura «la publicación» como concepto único está cobrando por una gestión que el propio autor puede hacer sin coste de mercado, igual que pedir el identificador gratuito del canal o tramitar el depósito legal: legítimo si se dice con su nombre, y no si se presenta como un gasto inevitable.
Decide después cuánto de eso asumes tú. Corregir y maquetar uno mismo es la vía de coste cero real, y lo que pagas en su lugar son erratas que nadie de fuera ha leído: si compensa o no está en necesito un corrector y en puedo maquetar en Word. Dónde encaja cada gasto en el conjunto, en cómo publicar un libro.