Lo que decide la herramienta es el archivo que tiene que salir por el otro lado
Un libro en papel se cierra en un PDF que cumple las condiciones de la imprenta —un PDF/X—, y ese destino es el que descarta o admite cada programa. La maquetación profesional se hace por eso en un programa de composición y no en un procesador de textos: hace falta gobernar las páginas maestras, los estilos, el flujo del texto de una página a la siguiente y la exportación con sangre y marcas de recorte. Adobe presenta InDesign como su aplicación de maquetación de páginas para publicaciones digitales e impresas; que sea la herramienta estándar del oficio no lo dice Adobe, lo dice el uso.
Lo que decide en la práctica, sin embargo, suele ser el precio. InDesign por su cuenta cuesta 26,43 € al mes con IVA en España, en un plan anual de facturación mensual, que para quien maqueta un libro y no vuelve a hacerlo en años es una suscripción difícil de justificar. Affinity ha cambiado esa cuenta: hoy es gratuita para particulares y trae páginas maestras, estilos de texto compartidos y exportación a PDF con marcas de sangrado y recorte, que son justo las piezas que un procesador de textos no da. En libros técnicos y académicos, con fórmula y nota al pie, LaTeX ocupa otro sitio: no es un programa de diseño sino un sistema de preparación de documentos, libre, pensado para componer artículos, informes técnicos y libros.
Y queda el atajo de quien se maqueta su propio libro: las plantillas del formato exacto que publican las plataformas de impresión bajo demanda, con los márgenes y el medianil ya calculados. Se trabaja en el procesador de siempre sobre una caja de texto que ya cumple los mínimos de fabricación. Dónde está el techo de esa vía lo cuenta ¿puedo maquetar un libro en Word?.
El caso límite: un libro digital no se maqueta con un programa de composición
Un libro digital no tiene páginas fijas, así que componerlas no sirve de nada. Un EPUB reajusta el texto al tamaño de pantalla y al cuerpo de letra que elija quien lee, así que ahí no se decide dónde cae cada línea: se marca la estructura —capítulos, títulos, cursivas— y el dispositivo la compone. Por eso las herramientas son otras. Kindle Create, para PC o Mac, parte de un DOC, un DOCX o un PDF y exporta KPF y EPUB, y el camino completo desde el manuscrito está en cómo convierto mi Word en EPUB.
De ahí sale una consecuencia que sorprende a quien publica en los dos formatos: son dos trabajos, no uno con dos exportaciones. El PDF que da un interior impecable en papel no vale como libro digital, porque lleva fijado lo que en pantalla tiene que moverse, y el EPUB tampoco se convierte en un archivo listo para imprenta. Lo que se comparte entre ambos es el texto corregido, y poco más.
Qué hacer
El programa se elige por el destino del libro y por su complejidad, en ese orden. Si el libro es texto corrido y va a papel, empieza por la plantilla de la plataforma y sube de programa sólo si te quedas corto; si lleva imágenes, tablas o cuadros, ve directamente a un programa de composición y prueba primero el que no cuesta nada. Si el libro es digital, salta este dilema entero: te toca la ruta de publicar un ebook.
Y si la decisión es encargarlo, lo que se compara no son programas sino presupuestos y entregables: cuánto pedir está en cuánto cuesta maquetar un libro, y qué se entrega, qué vuelve y qué mirar en las pruebas, en maquetación de un libro. Dónde encaja esta pieza dentro del proceso completo está en cómo publicar un libro.