Qué se paga al publicar con una editorial y qué no
Publicar con una editorial tradicional no le cuesta dinero al autor, y conviene decirlo antes que ninguna otra cosa porque es justo lo contrario de lo que muchas propuestas dan a entender. El sello paga la corrección, la maquetación, la portada, el ISBN, la impresión y la distribución, y recupera esa inversión vendiendo ejemplares. Si el libro no vende, la pérdida es suya.
Eso no es una costumbre del sector, es la definición legal del contrato: la Ley de Propiedad Intelectual dice que por el contrato de edición el autor cede el derecho a reproducir y distribuir su obra mediante compensación económica, y que el editor se obliga a hacer esas dos operaciones por su cuenta y riesgo. Un contrato que invierta esa dirección —el autor paga, el editor no arriesga— es otra cosa, y esa otra cosa también tiene nombre.
Lo que el autor entrega no es dinero: son los derechos de explotación durante el plazo pactado y el control sobre decisiones que creía suyas —el título comercial, la portada, la fecha de salida y el precio—. Cómo funciona esa vía de principio a fin está en publicar con una editorial tradicional; esta página mira sólo el dinero, en las dos direcciones en que se mueve.
Y hay que mirarlo en las dos porque la pregunta «cuánto cuesta publicar con una editorial» casi nunca la hace alguien que tenga delante un contrato de edición clásico. La hace quien ha recibido una propuesta con un presupuesto adjunto, y esa propuesta es otra cosa que también se llama a sí misma editorial. Separar las dos es la mitad de la respuesta.
Fuera de esta página quedan las otras dos vías completas: cuánto sale el libro pagándolo uno mismo está en cuánto cuesta autopublicar un libro, y el cuadro general de las tres, en cuánto cuesta publicar un libro.
Las tres cosas que se llaman «publicar con una editorial»
Bajo la palabra editorial conviven tres negocios con tres facturas distintas, y el precio de cada uno depende por completo de en cuál estés. Ninguno es ilegítimo; lo que no es legítimo es no decir cuál se está ofreciendo.
| Qué es | Quién paga la edición | Cuánto pone el autor | Qué se lleva a cambio |
|---|---|---|---|
| Editorial tradicional | La editorial | 0 € | Un 8 – 12 % del PVP en papel, y anticipo si lo hay |
| Coedición o editorial de pago | El autor | 1.500 – 6.000 € | El sello, y una cesión de derechos |
| Servicios de autopublicación | El autor | 900 – 2.400 € | Nada: no hay cesión, sólo facturas |
La primera fila es la única en la que publicar no cuesta dinero. La tercera no es una editorial aunque lo parezca: es un conjunto de proveedores a los que se contrata y que se van cuando terminan, sin quedarse con nada del libro. La fila del medio es la que genera la pregunta, y la que conviene saber reconocer.
La prueba que las separa cabe en una frase: mira de qué lado viaja el dinero. Si sale del autor, no es una editorial tradicional, se llame como se llame la propuesta y aunque el contrato use la palabra coedición, aportación, coparticipación o apoyo a la edición. Si además de pedir dinero el contrato pide los derechos en exclusiva, entonces el autor está pagando y cediendo a la vez, y ése es el trato que conviene mirar con más calma de todos.
Hay una zona intermedia real y merece decirse sin caricatura: sellos pequeños que cobran una parte de la producción, seleccionan lo que publican y aportan trabajo editorial de verdad. La comparación completa, con lo que cada modelo exige y lo que devuelve, está en coedición y autoedición.
Lo que cuesta una editorial tradicional se paga por ejemplar
Publicar con una editorial tradicional sí tiene un coste, sólo que no se paga por adelantado ni con una factura: se paga con el margen de cada ejemplar vendido, y eso lo hace invisible hasta que llega la primera liquidación. La cifra es concreta y sale del reparto del precio de portada.
Con una novela de 300 páginas a 18 € de PVP, y con las proporciones habituales del sector que desglosa poner precio a un libro, del precio se van el IVA, el descuento de librería, la comisión de la distribuidora y la impresión. Quedan 6,46 € por ejemplar en la caja del editor. De ahí sale la regalía del autor —1,73 € con un 10 % sobre el precio sin impuesto— y los 4,73 € restantes se quedan en la editorial para cubrir todo lo que adelantó.
| Sobre una novela de 18 € | Con editorial | Autopublicando |
|---|---|---|
| Le entra al autor por ejemplar vendido | 1,73 € | 6,46 € |
| Ha puesto antes de vender nada | 0 € | 900 – 2.400 € |
Quien autopublica ocupa las dos filas de ese reparto, porque es autor y editor a la vez: se queda los 6,46 € enteros. Lo que ha hecho para conseguirlo es pagar antes, de su bolsillo, las partidas que la editorial habría pagado por él. Con 900 – 2.400 € de partidas fijas, esa inversión no se recupera hasta los 190 – 510 ejemplares vendidos, y hasta ese punto el autor va por detrás.
Ahí está la comparación honesta, y no admite un ganador general. La editorial cobra 4,73 € por ejemplar por un trabajo que también tiene un precio de mercado —entre 900 y 2.400 € por libro— más un riesgo que el autor no asume. En una novela que venda mil ejemplares, esos 4,73 € suman 4.730 €: bastante más de lo que habría costado contratar el trabajo. En una que venda doscientos, suman 946 €, y ahí la cuenta se aprieta por los dos lados: el autor con contrato se lleva 346 € limpios y sin riesgo, y el que pagó por adelantado ha ingresado 1.292 € de los 900 – 2.400 € que puso, así que puede seguir en pérdidas.
Y una advertencia sobre el porcentaje, porque es donde más dinero se pierde sin enterarse: el mismo 10 % vale cosas distintas según sobre qué se calcule. Sobre los 18 € con impuesto son 1,80 €; sobre el precio sin IVA, 1,73 €; sobre el precio de facturación al distribuidor puede ser la mitad. Qué preguntar para saber cuál de los tres firma uno está en el contrato de edición, y el cuadro completo de lo que ingresa el autor por cada vía, en cuánto gana un escritor por un libro.
Qué pide un presupuesto de coedición y qué hay dentro
Un presupuesto de coedición para una novela de extensión media se mueve entre 1.500 y 6.000 €, y lo primero que hay que hacer con esa cifra no es compararla con cero sino con lo que cuesta el mismo trabajo contratado por separado, que son 900 – 2.400 €. La diferencia, 600 – 3.600 €, es la parte que hay que justificar.
Esa diferencia no es un sobreprecio abusivo por definición. Coordinar a un corrector, a un maquetador y a un ilustrador, responder de los plazos y poner un sello detrás es un trabajo real y tiene su precio. La pregunta útil no es si hay margen, sino qué se recibe a cambio de él.
Dentro del presupuesto conviven partidas de valor muy desigual, y separarlas es lo que permite discutirlo:
- Trabajo editorial. Corrección, maquetación y portada. Es lo que de verdad mejora el libro y lo primero que se recorta cuando el precio aprieta.
- Trámites. El ISBN cuesta 45 € por edición para un autor-editor según la tarifa vigente de la Agencia, y una editorial que compra códigos por lotes paga bastante menos por unidad. Es una partida pequeña que a veces aparece inflada.
- Impresión. Si el contrato incluye una tirada, hay que preguntar dónde se almacena, quién paga el almacén y qué pasa con lo no vendido.
- El sello y la distribución. Los dos intangibles por los que se paga de más, y los únicos que no se pueden comprar por separado. Su valor depende por completo de si ese sello significa algo para libreros y prensa, y de si la distribución es real o es estar disponible bajo pedido.
Lo que casi nunca aparece desglosado es el margen, y no tiene por qué: ninguna empresa detalla el suyo. Lo que sí se puede exigir es la lista de lo que entra, partida por partida, para poder compararla con la de un proveedor que no pide derechos.
Lo que el autor paga aunque no pague la edición
Publicar con una editorial tradicional no cuesta nada, pero eso no significa que el año de la publicación salga a cero. Hay tres partidas que van por cuenta del autor con contrato firmado, y ninguna aparece en las conversaciones previas.
El agente literario, si lo hay. Cobra un porcentaje de lo que el autor ingresa, en torno al 15 %, y sale de la regalía y del anticipo, no de la editorial. Sobre los 1,73 € del ejemplo quedan 1,47 €. A cambio negocia el contrato y coloca derechos que el autor no habría colocado solo, así que es un coste con contrapartida, pero es un coste.
Los ejemplares propios por encima de los pactados. El contrato tiene que expresar cuántos se reservan al autor, a la crítica y a la promoción; a partir de ahí, los libros que el autor quiera para regalar o vender en presentaciones los compra, con el descuento que fije el contrato. Cuántos entran gratis es negociable antes de firmar y no después.
El tiempo y los gastos de la promoción propia. Presentaciones, viajes, entrevistas, presencia sostenida. La editorial pone la campaña de los dos o tres títulos de la temporada; el resto del catálogo sale con lo básico, y ahí lo que el autor añada lo pone de su bolsillo o de sus tardes. No tiene horquilla típica porque no tiene contenido típico.
Ninguna de las tres cambia la respuesta de esta página —publicar sigue sin costar dinero—, pero las tres cambian la cuenta del primer año, y es mejor verlas antes que descubrirlas.
Cómo saber qué te está cobrando una editorial
Cuatro preguntas enviadas por correo, tal cual, ordenan cualquier propuesta editorial en su casilla y no incomodan a nadie que tenga una respuesta. Sirven igual para un sello grande, para uno independiente y para una empresa que se presenta como editorial sin serlo.
- ¿Tengo que desembolsar dinero, en cualquier concepto, para que el libro se publique? Es la única que no admite matices. Si la respuesta lleva un importe dentro, la propuesta no es de edición tradicional.
- ¿Qué derechos cede el contrato, en qué modalidades y durante cuántos años? Pagar y ceder a la vez es el trato que conviene mirar dos veces.
- ¿Cuál es la remuneración del autor y sobre qué base se calcula? Un contrato de edición tiene que expresarla, y también el número máximo y mínimo de ejemplares de la edición: sin cualquiera de las dos cosas, la ley lo declara nulo.
- ¿Qué significa exactamente «distribución» en esta propuesta? Pide número de ejemplares colocados físicamente, nombres de librerías o cadenas, y si hay presencia en mesa de novedades. Una respuesta vaga aquí es, en sí misma, la respuesta.
La comparación entre dos propuestas sólo funciona si las dos contestan a las mismas cuatro preguntas. Un presupuesto de 2.000 € con distribución concreta y cesión de tres años y otro de 2.000 € con distribución difusa y cesión de quince no son el mismo precio: son dos precios que coinciden en el número.
Cuándo sí es la vía
Buscar editorial tradicional compensa siempre que el autor no tenga prisa y el libro aspire a lectores que no puede alcanzar solo. No cuesta dinero intentarlo, el rechazo no consume nada más que envíos, y se puede llamar a esa puerta mientras se prepara cualquier otra cosa.
Pagar una coedición tiene sentido en un caso concreto: cuando el sello aporta algo comprobable que el autor no puede contratar por separado —una distribución real con nombres, un catálogo que significa algo en su nicho, un trabajo editorial que se puede ver en los libros que ya ha publicado— y el precio de esa aportación está a la vista.
Y tiene sentido también cuando lo que se compra es no gestionar. Coordinar a cuatro proveedores, cumplir plazos y responder de que el libro salga es trabajo, y delegarlo vale dinero para quien no quiere hacerlo.
Cuándo no es la vía
Pagar una coedición no compensa cuando lo que se compra es un sello que no significa nada fuera de su propia web. El logotipo de la cubierta no pone libros en las mesas de novedades: eso lo hace la distribución, y si la distribución es difusa, lo que queda es un servicio de autopublicación con un precio más alto y una cesión de derechos encima.
Tampoco compensa cuando el presupuesto no aparece hasta dejar los datos, cuando el informe de lectura llega entusiasta en setenta y dos horas, o cuando la propuesta evita la palabra pagar. Ninguna de esas señales prueba mala fe por sí sola; tres juntas dibujan un patrón que conviene reconocer.
Y la vía tradicional no es la buena cuando el autor no puede esperar dos años, cuando el público del libro es pequeño y está muy definido, o cuando el control sobre portada, título y calendario es innegociable para él. En esos tres casos autopublicar da mejor resultado, y no como segunda opción sino como decisión correcta. Cuál de las tres encaja con qué proyecto está en cómo publicar un libro.